El 23 de octubre ganaron los dos candidatos y perdieron los dos partidos

El 23 de octubre ganaron los dos candidatos y perdieron los dos partidos
En Santa Cruz hubo dos ganadores, Daniel Peralta y Eduardo Costa y dos perdedores, El FPVS y la UCR. En ambos casos, todo viene de la mano de egoísmos, enfrentamientos y ambiciones desmedidas. ¿Las ideologías?, en Santa Cruz llegaron a su fin.
En general la militancia política tiende a parcializar la visión del triunfo o la derrota, según corresponda y compone cuadros ciertamente subjetivos de lo que a su manera piensan que representó para ellos haber ganado una elección o haber perdido en las urnas. La lógica partidaria hace que lo vean blanco o negro. La visión crítica de quienes podemos abrir la cabeza, analizar los sucesos, desprovistos de favoritismo y sin mirar la realidad por el ojo de la cerradura, como hacen los políticos partidarios, encontramos otras variables para entender que una derrota puede ser un triunfo y un triunfo suele construirse sobre una derrota.

Para sintetizar el pensamiento que quiero desarrollar, puedo decir que en las elecciones del último domingo 23 ganaron los dos principales candidatos que disputaron las elecciones provinciales y perdieron los dos partidos a los cuales representaban.

Daniel Peralta

Daniel Peralta ganó la gobernación por 5 puntos, a pesar que las encuestas por encargo manejaban ventajas superiores a los 20 puntos de diferencia con su competidor político. El triunfo de Peralta, sin duda, fue absolutamente propio y personal, más allá del arrastre que pudo obtener por la asociación con Cristina. El mandatario debió competir contra Eduardo Costa, como oposición visible y legalmente constituida y contra los frentes internos de su partido, más la carga extra que le sumó llevar en su fórmula un hombre de muy baja plusvalía política como Fernando Cotillo.

Peralta debió sortear el ninguneo nacional, de un gobierno encarnado hoy por la presidenta, que no puede prescindir del actual gobernador porque el partido que representa no tiene ningún candidato potable que pueda disputar una elección en Santa Cruz. Desde el 2007, Peralta resulta la única imagen posible de sostener un triunfo K en esta provincia, pero no es de la preferencia interna del FPVS, que ya no puede como en los años 90, poner a cualquiera, con la seguridad de que será votado.

Sin duda que si Cristina hubiese podido contar con un candidato fuerte en Santa Cruz, las posibilidades de Peralta se hubieran esfumado, pero todo parece indicar que en el horizonte del PJ no hay nadie que pueda encabezar una fórmula con cierto olor a triunfo ahora y en el futuro inmediato; de hecho, a pesar de los ingentes esfuerzos y dineros, puesto en la campaña de un candidato a Intendente como Francisco Anglesio, motorizado por La Cámpora, que soñaba con echar mano a la Municipalidad de esta capital y apoyado explícitamente por el gobierno nacional (vía el Ministerio de Alicia K), no pudo contra la campaña algo más humilde de su competidor interno, Raúl Cantín, que terminó quedándose con la comuna. El elector de Río Gallegos, le sacó el cuerpo a Anglesio por la mala imagen que demostró siempre como funcionario y la inactividad manifiesta como legislador. Nadie que haya hecho nada en su vida política actual, puede ser creíble prometiendo construcciones hacia futuro.

El Gobernador, además, debió pelear con el frente interno construido por los sectores disconformes con el mandatario, porque desean ocupar los principales lugares de su gestión y encuentran una resistencia, impensable de encontrar, cuando Kirchner vivía.

La liga de los Intendentes de Zona norte, entre ellos Teodoro Camino de Las Heras, Osvaldo Maimó de Pico Truncado, Guillermo Bilardo de Perito Moreno o el candidato a Intendente de Caleta Olivia, Eugenio Quiroga (entre otros), combinaron una campaña (off de record) en contra del gobierno provincial, derivando el voto para el lado del candidato Radical. Paralelamente, las huestes de Rudy Ulloa, decidido a parasitar el gobierno provincial enquistando funcionarios que le respondieran a la U.B. “los Muchachos Peronistas” o al menos, jaquearlo mediante un triunfo impensable en la municipalidad riogalleguense a través de Elsa Capuchinelli, candidata sin chances desde el principio de su propuesta, fue otro clavo en el zapato que debió soportar Peralta.

Lázaro Báez, algo más modesto en sus pretensiones actuales, pero preparándose para el zarpazo en el 2015, calculando un desgaste natural del actual mandatario provincial y descansando en la tranquilidad de que la obra pública seguirá fluyendo porque es resorte directo de Nación, puso las fichas en conseguir la municipalidad de Río Gallegos, pero eligió a destiempo y mal. Daniel Álvarez, un candidato armado desde muy temprano, sin carisma ni la menor idea de lo que significa hacer política, no pudo jugar en primera y a pesar de toda la plata puesta en su larga campaña, obtuvo una “buena elección” debido a la orden de Báez para que los sectores de la construcción lo apoyaran con el voto; sin embargo con eso no alcanzó y eso quedó evidenciado en las urnas.

El golpe de efecto más determinante, trató de darlo Lázaro sacando todos los camiones de la empresa Gotti y Austral a la calle, en el cierre de campaña, ploteados con cartelería de Álvarez asociado a Cristina, pero, no pasó más allá de una “parada espectacular”, que no tenía nada de espontáneo ni se consideraba una genuina manifestación popular por parte del candidato mudo ( a Daniel Álvarez no se le conoce ni un discurso), al que nunca se le escuchó la voz, a lo largo de toda su campaña, de dos años a esta parte.

Así conformado el frente oficialista, con Francisco Anglesio que gastó una grosera suma en la campaña alentada por La Cámpora, fracción que no pudo acceder a los cargos, los rudystas que pugnan por ganar espacio a los codazos y cuando el egoísmo interno, sumado a la tracción inversa que le jugaron los intendente de zona norte al FPVS, dilapidando el voto partidario, el único perdedor fue el Partido (a pesar de haber ganado municipios y una banca más en la legislatura) y los pocos votos recaudados tuvieron nombre y apellido, lo que no significa que le sea fácil la gobernabilidad en los próximos cuatro años.

Eduardo Costa

En el caso del Radical la situación interna de su partido tenía diferencias palpables, pero debido a su cerrado personalismo y la forma en que llevó adelante la campaña, dejando inclusive de lado, los consejos y el cambio de opinión con sus referentes históricos. Costa, como el PJ, se constituyó en la única posibilidad posible dentro de la UCR. Era la única moneda de oro que tenía el Radicalismo para achicar las diferencias o pelarle un voto a voto al oficialismo.

Si embargo, a pesar de la derrota en las urnas, hubo un triunfo del propio Eduardo Costa, quien, además de luchar contra su interna y sus malos asesores políticos y de campaña, estuvo a escasos 6 puntos de arrebatarle el triunfo a Peralta.

El Radicalismo, por razones similares, pero con una actuación inversamente proporcional a la del FPVS en las urnas, le jugó con desconfianza a su líder político, a quien no le perdonaron (además de la forma personalizada de ejercer el liderazgo) componer alianzas familiares, por sobre la conveniencia estratégica de las elecciones provinciales. Tampoco le perdonaron tomar decisiones equivocadas, como la alianza con Duhalde y las 62 Organizaciones, aliarse públicamente a la presidenta, generar mensajes encontrados y contradictorios, como haber hablado mal del “modelo K” un mes atrás y al final decir que la presidenta era lo mejor que le pudo pasar a Santa Cruz y la Argentina y luego despistar con la famosa “tarjeta de crédito inmobiliaria”, el reparto de las boletas truchas encabezadas por CFK y él como Gobernador, entre los desaciertos más notorios, a los cuales lo llevó Durán Barba, que además de cobrarle suculentos honorarios, lo aconsejó mal en el último tramo de la campaña, en el cual, solo “haciendo la plancha” podría haber peleado un empate técnico con el gobernador. Indudablemente la franja de votantes independientes no digirió bien las maniobras populistas que adoptó Costa en el último mes, la cual solo fue difundida y advertida por OPI, tal como sucedió en el último tramo de la campaña.

Pero tal vez lo que más votos le restó a Eduardo Costa, haya sido la actitud de su esposa, como responsable del ARI e integrante del Frente para Vivir Mejor, que se trabó en una guerra personal contra el gobernador Peralta y su familia. La desacertada sobreactuación del ARI con denuncias que no llevó ante la justicia, sino ante la UIF y una serie de manifestaciones públicas de Mariana Zuvic, opacaron la campaña de Costa a quien el electorado independiente vio involucrado en forma indirecta, sin que públicamente el candidato Radical se refiriera expresamente a lo que denunciaban sus socios del CC-ARI.

Por tal motivo, podemos decir que Eduardo Costa fue el único vencedor y que el partido Radical fue el gran perdedor de la jornada del 23 de octubre. Depuso un lugar (de los tres que poseía) en la Cámara de Diputados, entregó la municipalidad de Río Gallegos y virtualmente desapareció de las decisiones políticas de Santa Cruz. Una de las buenas cartas que tenía la UCR para pelear un lugar en Diputados fue el Dr Eduardo Sosa, quien no se sabe porqué motivos, pasó a revistar en el ARI que no alcanzó al 4% de los votos, dejando a la UCR sin uno de los candidatos mejor posicionados con el que hubiera contado el Radicalismo.

Costa y Peralta, sin duda, los únicos vencedores el 23 y los dos partidos que representan lo grandes derrotados. Sin embargo, en ambos casos las causas son endógenas. Ambos partidos están enfermos en sus propios cuerpos y la cura debe salir de la propia militancia. El Radicalismo tendrá que reconvertir sus filas y el FPVS entender que Néstor Kirchner ya no está más y como se encargó de no dejar nuevos cuadros de conducción, hoy el Partido no tiene referentes claros. Lamentablemente ya no se pueden “inventar” candidatos sin recibir el revés en las urnas. Para el futuro solo les queda elaborar un candidato a partir del trabajo y la honestidad, que sean visibles para la sociedad y tenga una propuesta superadora de lo que hoy está vigente. Por este motivo, decimos que ambos partidos (UCR y FPVS) están lejos de tener referentes propios. Solo en la forma en que trabajen de aquí en más, sin cabalizarse internamente por diferencias irreconciliables y egoísmos personales, entre el 2015 los encontrará exitosos o dominados.

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