Sergio Massa en Tigre, y Pablo Bruera en La Plata, son los primeros afectados por haber ganado con corte de boleta; hay más casos. La semana siguiente a la derrota electoral, Néstor Kirchner pasó en limpio la lista de los "traidores".
espirales que había usado en la campaña. En la columna de los peores infieles,
estaban los intendentes del conurbano.
Hundidos en sus temores, los caciques victoriosos decidieron presionar. Le
pidieron protección al gobernador Daniel Scioli para resguardar privilegios. Y
exigieron espacios de poder. En una semana, se "abroquelaron" para que la
furia no entorpeciera el flujo de lo que les importa: el dinero para
sostenerse en el poder.
La presión no alcanzará. En la intimidad de Olivos, Kirchner empezó a
convertir en órdenes aquello que había anotado en su cuaderno ajado. Un plan
de castigos por los cortes de boleta, que incluye desde el bloqueo de fondos
sociales y la demora de obras hasta la intromisión en internas locales.
Las sanciones empezaron por los distritos que están al tope de su inventario
personal: La Plata y Tigre. En la capital bonaerense, los candidatos del
intendente Pablo Bruera sacaron 44.000 votos más que el ex presidente. En la
tierra del ex jefe de Gabinete Sergio Massa, su esposa Malena lo aventajó por
casi 14 puntos.
En diez días, Bruera se quedó sin fondos del Ministerio de Desarrollo Social
para pagarles a las cooperativas locales. Eran casi 80 millones de pesos. "Son
órdenes", se excusaron en el ministerio. Antes de las elecciones, el Gobierno
había tramitado un bono internacional para una obra asfáltica de 60 millones.
Después del 28 de junio, el bono se esfumó. En el municipio, repiten una sola
cosa: "Nos quieren descabezar".
Algo parecido amenaza a Tigre. "Hay que cortarle todo", ordenaron la semana
pasada en variadas dependencias oficiales. Massa se refugió en unas vacaciones
en la montaña. "Que hagan lo que quieran", se limitó a contestar ayer un
colaborador.
En el resto del gran Buenos Aires, se extiende una preocupación silenciosa.
"Tenemos que gobernar, así que somos prudentes. Pero tenemos un límite", le
repitió a LA NACION un influyente jefe territorial. Insistía en su despacho
que el límite será "el castigo". En las elecciones, sacó diez puntos más que
Kirchner.
En 15 días, sabrá si depositan el dinero para las obras pendientes. El
Ministerio de Infraestructura paralizó los planes por "ajustes
administrativos". Dicen que la parálisis durará sólo un mes. "¿Y si, en
realidad, todo es una excusa porque no hay plata?", se preguntaba temeroso
otro jefe comunal.
En la gobernación se preguntan lo mismo. "El principal problema es económico",
se quejaba la semana pasada una alta fuente oficial bonaerense, que monitorea
con preocupación la baja de la recaudación y la situación crítica de las
finanzas.
En las segundas líneas de los ministerios, admiten que hay órdenes reservadas:
todas las obras que no se liciten antes del 30 de julio podrían entrar en una
sorpresiva demora. "Si la crisis empeora, ¿quiénes van a ser los primeros que
se van a quedar sin nada? Los que jugaron mal", relató una fuente oficial.
Este parece ser el principal problema con el que se van a encontrar la mayoría
de los distritos que, por problemas administrativos se pueden quedar fuera de
los plazos de licitación y de este modo perder el reparto de los beneficios;
incluso ese mismo parece ser el caso de la administración de Esteban
Echeverría que lleva adelante Fernando Gray.
Los temores en el territorio se traducen en presiones. Y más amenazas. "Si
explota el conurbano, explota la provincia y explota la Nación", retrucan los
intendentes. Forman parte del grupo que le pidió a Scioli que "abra el
gabinete" y que le prometen respaldarlo como jefe del PJ.
La primera respuesta se conoció la semana pasada. El intendente de Avellaneda,
Baldomero Alvarez Olivera, será ministro de Desarrollo Social. Desde
Berazategui, Juan José Mussi, tradujo esas sensaciones dos días después: "Los
intendentes nos vamos a abroquelar detrás de Scioli".
Pero no todo es lo que parece. El mismo día que Alvarez aceptó integrar el
gabinete de Scioli, habló por lo menos dos veces con Kirchner. Y mientras
arreciaban las quejas, el ministro de Infraestructura, Julio De Vido,
intentaba contener a un grupo de esos caciques inquietos.
Entre sus interlocutores estuvo el jefe de José C. Paz, Mario Ishii. El mismo
que confirmó a LA NACION que inaugurará "unidades básicas en los distritos de
los traidores". El mismo que habla con Kirchner varias veces a la semana y que
promete empezar en La Plata su periplo de "visitas personales". Como todos, es
un baqueano del doble juego: sabe que el hombre que seduce es también el que
castiga.









Comentá la nota