Moyano cedió parte del capital, pero no del poder

Hernán de Goñi

Entre los empresarios hay una percepción creciente de que el status político de Hugo Moyano cambió definitivamente en estas últimas semanas: de actuar como accionista de la sociedad política que conducía Néstor Kirchner, pasó a ejercer el cargo de jefe de la CGT, casi a secas. En los hechos mantiene el mismo poder que antes, pero la percepción entre los privados es que se acortó su radio de influencia. Por eso no extraña que hoy se ocupe de mostrar lo buena que es la relación que tiene en estos días con las autoridades de la Unión Industrial Argentina.

Sin embargo, no hay que apresurarse en el análisis. El hecho de que haya cierta frialdad en la relación entre el jefe camionero y la Presidenta, por ejemplo, no implica que Moyano haya sido apartado de la estrategia oficial. Su presencia en el acto de presentación de Amado Boudou como precandidato a jefe de gobierno porteño, no es una cuestión lateral. El lanzamiento del titular de Economía cuenta con el aval pleno de Cristina Kirchner, quien aceptó testear a uno de sus principales funcionarios en el resbaladizo terreno porteño. Y aunque el respaldo de la CGT sea difícil de traducir en votos, se notará a la hora de armar un armado territorial y en el aporte de la inigualable estructura gremial para la campaña. Y aunque el hecho de que Carlos Tomada –un ministro con contacto permanente con Moyano– también tenga aspiraciones políticas en el distrito pueda parecer una competencia directa, en el fondo traduce decisiones poco visibles, pero concordantes.

Moyano abrió una disputa con los empresarios de su sector porque no quiere asumir públicamente el recorte de su capital accionario en el proyecto K. Pero si el oficialismo quiere ganar en 2011, con Cristina o con Daniel Scioli, difícilmente acepte el riesgo de no tenerlo de su lado.

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