Yo no soy Milei: Patricia Bullrich recorta sus garras para ganar el centro

Yo no soy Milei: Patricia Bullrich recorta sus garras para ganar el centro

La candidata de JxC necesita diferenciarse de su rival libertario. Matices, contramarchas y Larretadependencia. La herencia de Massa y la receta económica

 

Por Pablo Lapuente

En lo político, se diferenció del líder de La Libertad Avanza (LLA) en varios frentes. Dijo en radio Mitre que en caso de llegar al poder no revisará la legalización del aborto, distinguió a Juntos por el Cambio como una alianza que "tiene una mirada institucional profunda", afirmó que esta "no ataca a la prensa" y se declaró convencida de la necesidad de combatir el cambio climático, tema que Milei suele descalificar como un invento del "socialismo".

En lo económico, también salió a marcar distancias.

La salida del cepo ya no es "inmediata", sino "la más rápida que sea posible".

Si lo anterior data de hace algunos días, el rechazo a la dolarización resulta relevante en quien hasta ayer nomás planteaba la libre elección de moneda en los contratos como un camino un poco más largo hacia el mismo punto de llegada.

Asimismo, se mira en el espejo de Angela Merkel, a quien pondera por su austeridad, pero a quien no puede ignorar como una conservadora que se puso a la izquierda de su propio partido en un tema sensible como la inmigración y la recepción de personas refugiadas, y que nunca desmontó un Estado benefactor respaldado por la sociedad alemana.

Por otro lado, tiende puentes con el sector larretista-radical, hoy en desbandada. Si bien insiste en que la puja con el jefe de Gobierno porteño no fue "una interna de egos, algo personal", sino una discusión acerca de "si Juntos por el Cambio se había adaptado al sistema o si seguía representado el cambio", reconoció que el tono de la disputa "nos hizo mucho daño". Por eso la alianza no salió primera el domingo, concedió.

Para curar esas heridas, pergeña una foto de unidad con el alcalde, cuyo aval necesita con desesperación para evitar que las voluntades más moderadas que el domingo apostaron por él busquen orillas como las de Massa. Es mucho lo que Bullrich deberá remar para pasar del 17% efectivamente propio a una mayoría que le cumpla el sueño de llegar a la Casa Rosada.

Por último, comienza a definir roles en su equipo económico.

Cálculos político-económicos

La presidenciable de JxC cuenta desde el primer momento a Luciano Laspina como su principal asesor, pero podría tener en Carlos Melconian a su ministro de Economía, alguien a quien escucha cada día más. Esto último sería música para los oídos de quienes animan el mercado financiero y los grandes negocios.

Bullrich siente que el modo de diferenciarse de Milei es presentar su candidatura como un proyecto más sólido, como una mejor garantía de gobernabilidad, detalle que separa al grueso del Círculo Rojo de Milei. Con todo, no le gusta hablar de "viabilidad", palabra que le suena demasiado larretista, tibia respecto del cambio que propone. Deberá sumergirse en un diccionario de sinónimos.

Una diferencia que tal vez le importe a la parte de la población más politizada, pero que enfatizará es que sería un absurdo eliminar el Banco Central, como propone quien la corre por derecha. La autoridad monetaria seguirá existiendo y tendrá "autonomía funcional", dicen quienes la asesoran, algo que, si se presta atención, no es lo mismo que plena independencia para hacer política monetaria sin coordinación con el Palacio de Hacienda.

El cambio llegará, prometen, pero será realista, cosa sobre la que el Fondo también quiere interiorizarse.

Si bien no se negociarían elementos que lo desnaturalicen, el mismo no podría llevarse a cabo, como pretende Milei, rompiendo el sistema o planteando soluciones mágicas, de cumplimiento imposible e inviabilidad técnica y política. Esta es otra premisa al gusto del Círculo Rojo.

Poco versada en economía, la halcona ha comenzado a escuchar más. Según entiende, la devaluación que acaba de validar Massa sacará a UP de la cancha electoral.

Presta, en ese sentido, atención a sutilezas como si el 22% de aumento del tipo de cambio oficial alcanzará para congelar la paridad hasta octubre o si, en verdad, será solo el primer paso de una corrida en continuado, como creen quienes entienden que el Gobierno no ha hecho más que corregir un atraso pasado, acumulado en tiempos de Martín Guzmán, y que desde ahora mismo acumulará nuevos desfasajes. En esa lectura, el vía crucis del dólar podría tener estaciones incluso antes del 22 de octubre, del 19 de noviembre –cuando habría que optar entre ella y Milei, calcula– y del 10 de diciembre.

Por eso cree que la incertidumbre financiera irá en aumento y que la inflación se instalará cómodamente cada mes en los dos dígitos y que ese dato pesará en las urnas.

La inquieta, más que la amenaza del candidato Massa, la herencia del ministro Massa. Si la devaluación alimentará la inflación, y esta acaso otro ciclo devaluatorio –y, fatalmente, una recesión–, se pregunta qué pasará con las recientes actualizaciones de tarifas, cuyos costos subirán y recrearán el ciclo de subsidios que jura serruchar de inmediato. A mayor inflación, mayores costos, más subsidios y más tarea antipática para la futura administración, se lamentan en su entorno.

La falta de reservas ya está registrada en su cabeza y eso hace que no haga promesas tan livianas sobre el fin del cepo. Sabe que la devaluación que acompañaría su eventual debut tiene como limitación un nuevo ciclo de empobrecimiento social, tanto en la base como en los sectores medios de los que depende.

Eso, la devaluación, será un eje de la primera fase de un posible gobierno de Patricia Bullrich. La prioridad será alinear los precios relativos –dólar, tarifas, salarios, jubilaciones– y luego llegará el momento de ir a fondo y velozmente contra el déficit fiscal con un ajuste que, si no será en modo motosierra como le gusta a quien imagina como su rival en el ballotage, será de cualquier modo brusco.

Bullrich sabe que Milei encarnó un voto bronca, no necesariamente ideológicamente libertario, pero se entusiasma con la posibilidad de que el estado de opinión al que ha contribuido le facilite la tarea de explicar que a grandes males, grandes soluciones. La existencia de un 60% de votantes de La Libertad Avanza y de JxC –supone– le permitiría aplicar con más decisión su mantra de que "si no es todo, no es nada".

 

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