Los dos mensajes de Alperovich

Por Gabriela Baigorrí

Los que tienen aspiraciones ya prueban colores para los afiches; buscan cánticos pegajosos para los jingles y fantasean con conspiraciones. Y sí, hay quienes tienen la remera del Gobierno puesta, pero sostienen que ante el final de una gestión, al menos hay que escuchar todas las propuestas. 

Hasta las de los contendientes, internos y foráneos. Si las propagandas del Frente para la Victoria (FpV) tuviesen que imprimirse hoy, sólo un apellido aparecería clarito: Alperovich. Alertado quizás por sus dirigentes más cercanos de que aquellos más lejanos –y más ansiosos- prestan el oído a los de afuera, el jefe del oficialismo tuvo que estampar otros dos nombres en los carteles electorales. También arriba, aunque con menos nitidez, pintó de sopetón los del vicegobernador Juan Manzur (con licencia) y el ministro del Interior, Osvaldo Jaldo. Este fue un mensaje para adentro de la gestión, según interpretan algunos de sus miembros más añejos. Un mensaje de seguridad ante tanta incertidumbre frente a una campaña que está a la vuelta de la esquina. 

Los elegidos no son casuales. Ambos simbolizan dos grupos bien distintos dentro del proyecto provincial. Facciones que parecían irreconciliables hasta hace una semana y que al Ejecutivo le conviene mantener aliadas. Alperovich les ordenó que dejen de lado las rispideces y los juntó para la foto. Sonrisa con sonrisa permanecerán por ahora.

Por un lado, Manzur cuenta con la adhesión de numerosos legisladores, de los más antiguos. Por el otro, Jaldo aporta la fuerza del numeroso “Interior”. Precisamente, a este último conjunto le hablaron primero los -por estas horas- “candidatos”. El mitin del sábado -en la casa del popular delegado de La Florida “Chicho” Soria- fue el puntapié de la gira provincial. ¿Por qué comenzar de afuera hacia adentro? Porque el oficialismo considera que los municipios y comunas representan cuanto menos la mitad de su estructura. Un andamio que le ha respondido con creces en las urnas, pero que hay que “fidelizar” para evitar posibles dolores de cabeza en 2015. Por eso la prioridad.

¿Qué les dijo la Casa de Gobierno en el cónclave? Según algunos de los 93 comisionados presentes, que no se confíen en que las obras son suficientes para retener el aval del vecino. Porque sí, el cordón cuneta, las casas, las escuelas y los hospitales han sido cuantiosos, pero pueden no alcanzar para hacer política después de 11 años de gestión. Y menos, ante la retirada de Alperovich. Les pidieron, de acuerdo repasaron, que de ahora en más la palabra que se predicará será una sola: unidad. Ese, precisamente, es el recado que les pidieron llevar “a cada compañero”: que el alperovichismo está sólido, que lo importante es la lealtad y que los de afuera son de palo. Entre corte y corte de asado, los ensalzaron y les recordaron que lo mejor que tienen para mostrar es la gestión y que no se dejen persuadir por las críticas ni las denuncias disidentes. “Vamos a hacer tronar las urnas”, cuentan que arengó Jaldo con los dedos en “V” y casi con un hilo de voz. 

Manzur, por su parte, les anunció a los administradores de los pueblos que la fórmula “volverá a caminar la provincia” como antes de las elecciones a diputado del año pasado. Insistió sobre las “barbaridades” que la oposición esgrime en contra del Gobierno, mirando especialmente al canismo. A los delegados les quedó repicando, en particular, un par frases que celebraron y que, adelantaron, piensan repetir. “Si están contra el peronismo, están contra el pueblo. No entienden nada, sólo denuncian. Por eso nos duele que saquen votos en lugares nuestros”, manifestó el ministro de Salud de la Nación.

Con Manzur casi reinstalado en la provincia, las recorridas por las ciudades se repetirán de lunes a sábados. Al menos, esa es la promesa. Y habrá fotos de sonrisa con sonrisa en cada ocasión.

A la segunda consigna la viene dando el propio Alperovich entre líneas. Y esta sí es para afuera. En la capital y el interior, el gobernador repite a los tucumanos ante los micrófonos que él ya se va y que “cuiden” lo que se ha logrado porque es “fácil” que se derrumbe. Enrostra a los ciudadanos que se han “acostumbrado” a que los sueldos estén al día y que permanentemente se inauguren obras. En síntesis, puede ser interpretado como una advertencia para que no se confíen en que la oposición podrá sostener “la vara que quedó alta” y que apuesten a la continuidad, es decir, a los nombres que él estampará finalmente en los afiches de campaña.

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