Sostiene que Córdoba se volvió más reaccionaria en término de transformaciones, pero festeja la participación de los jóvenes en la política: “Eso significa que tenemos futuro”.
–Se pasó de un tiempo muy apolítico, en donde la política era casi mala palabra, a uno en el cual ya no parece ser tan así, ¿advierte esto entre sus alumnos?
–Sí, claro. Muchos de nuestros egresados ya están militando y generando una militancia con fundamentos realmente sólidos. Y también lo veo en los alumnos de grado. Eso ha cambiado muchísimo y creo que es el cambio más importante de los últimos tiempos, que la juventud se interese por la política, porque parecía el lugar más detestable y que no podía generar ningún tipo de entusiasmo. Me parece magnífico porque quiere decir que tenemos futuro.
–¿Qué piensa de las principales opciones políticas que hay en Córdoba?
–A mí realmente ninguna me parece que haga una gran diferencia. Creo que la que está más a la derecha es la de Aguad, eso es bastante claro. Justamente por ser un legislador cordobés, lo he seguido bastante en los debates y tiene un perfil realmente de lo que yo llamo la derecha neoliberal con otro barniz. Pero bueno, la verdad es que los políticos de Córdoba no entusiasman para nada.
–¿De la Sota?
–Bueno, a De la Sota ya lo conocemos todos de sobra: tiene un relativo nivel de gobernabilidad, de realización de obras públicas, y creo que representa sin dudas, a pesar de todos los acomodamientos y reacomodamientos, el pensamiento de los ’90.
–¿Juez?
–A mí Luis Juez no me termina de convencer. Hay algunos amigos muy intelectuales que consideran que puede haber un factor sorpresa detrás, justamente, de la personalidad de Juez. En todo caso me queda como una incógnita.
–¿Cómo lo definiría políticamente?
–Él no tiene un discurso político claro. Su discurso se va a ir formulando y reformulando de acuerdo al contexto de las situaciones. Por eso para mí es una incertidumbre. Pero yo creo que para generar realmente un cambio tiene que haber convicciones y militancias coherentes, y no me parece que él las haya tenido. Es más el producto de una coyuntura. Tengo amigos que a todo esto lo ven como positivo porque podría dar la gran sorpresa, yo en cambio creo que las cosas no suceden así en política. Como te digo, las tres son opciones de corte neoliberal y no se diferencian demasiado. Ninguna representa una alternativa real. Para mí la alternativa real es recuperar la política como un espacio en el cual evidentemente no se puede hacer cualquier cosa, porque los condicionamientos económicos, incluso los condicionamientos ideológicos de la sociedad te ponen límites. Pero los cambios reales pasan por la revalorización de la política para transformar algunos espacios dominados por la pura lógica del mercado, y en Córdoba ninguno de los candidatos representa eso.
–¿Por qué se llega a esto?
–Porque a partir de la transición a la democracia, Córdoba se vino más reaccionaria en términos de posibles transformaciones. Córdoba ha sido lo contrario después de la transición a lo que fue antes del golpe militar, y hoy es una de las provincias más conservadoras del país. Nuestra ciudad es resultado del neoliberalismo. Pero también veo que en la juventud sí existe un clima de efervescencia política, estoy convencida de eso. Hay una importante movilización de la juventud, de las distintas agrupaciones. Lo que ocurre en realidad es que en las estructuras partidarias no hay lugar para ellos. Creo que es cuestión de tiempo, hay personas muy interesantes en la juventud.
–En cuanto a las posibilidades para la intendencia, ¿qué opinión tiene?
–Eso entusiasma todavía menos. Venimos de experiencias tan negativas con los gobiernos de la ciudad… si uno hace la comparación con Rosario, la verdad, es que nos quedamos muy atrás.
–¿Cómo ve el cuadro de situación a nivel nacional?
–Con toda sinceridad, yo creo que hay un solo proyecto. Lo demás creo que son reacciones totalmente coyunturales, sin ninguna posibilidad para generar la alternativa propuesta por la Presidenta. Desde el punto de vista ideológico creo que hay un proyecto que tiene determinadas dimensiones que lo hacen notablemente diferente de los demás.
–¿Por ejemplo?
–Por ejemplo la convicción de que con la política se pueden producir transformaciones a nivel de una mayor equidad social. Yo creo que ha habido una profundización de medidas que están reivindicando algo que a mí me interesa muchísimo que es la reinserción regional, y me parece que la política exterior en general ha sido impecable. Y desde el punto de vista de la política argentina creo que ha ido generando niveles de igualdad a través de políticas sociales muy importantes. En los otros actores que se anuncian ahora como alternativas, por ejemplo la Coalición Cívica, me parece impresentable. Justamente por Elisa Carrió, porque uno podría pensar que, aunque uno no coincida, hay mayor razonabilidad en Prat Gay, en Estenssoro, pero realmente las cosas que dice Elisa Carrió son ya absolutamente rayanas con el disparate.
–¿Cómo ve al Frente Amplio Progresista que encabeza Hermes Binner?
–Binner-Morandini es lo que yo llamo el republicanismo conservador. Eso surge en la transición, cuando era necesaria una transición a la democracia a partir del modelo de democracia liberal, en donde las cuestiones centrales de los procedimientos, los bancos institucionales, la presunta lucha contra la corrupción, porque era más en el discurso que en los hechos. Es típico de un republicanismo conservador, que yo lo entronco históricamente con la idea liberal republicana del “federalista” y de la Constitución norteamericana, en la cual se protege la legalidad de la propiedad privada, se protegen las instituciones y los procedimientos que no modifiquen desde el punto de vista político el funcionamiento de libre mercado. Hay que terminar con la idea de que la única política posible es la liberal conservadora y que cualquier alternativa ya deja de ser democrática y cae tendencialmente en el autoritarismo; porque eso es lo que le plantean a Chávez, a Evo Morales, a Correa. Y cuando acá se toman algunas medidas que tienen afinidad política con ese sentido de superar los condicionamientos de la legalidad de mercado también se plantean situaciones adonde aflora toda la legalidad del establishment.
–¿El desmembramiento que se produjo en ese Frente Amplio, por ejemplo con Pino Solanas, evidencia las dificultades reales que supone la construcción política?
–Es que la construcción política no es coyuntural, eso siempre sale mal. Lo coyuntural es para arrastrar votos. Lo mismo que Alfonsín con De Narváez: creo que un alfonsinista histórico se cortaría las venas con esta articulación. Cualquiera de las propuestas de la oposición sería peor que la Alianza, y eso es mucho decir.
–¿Por qué cree que lo popular irrita tanto a algunos sectores?
–Irrita muchísimo, claro. El otro día cuando la escuchaba a Beatriz Sarlo con ese elitismo, esa supuesta superioridad intelectual, que considera que lo popular es plebeyo, que es irracional, que es manipulable, uno tendría que pensar en esos casos si realmente Beatriz Sarlo cree en la democracia, porque la democracia es el gobierno del pueblo, y eso lo tenían muy claro ya en la época de la polis. Y si uno no cree en el pueblo, no puede creer en la democracia. Puede creer en todo caso en el gobierno de una elite. Pero se ve que eso irrita profundamente.
–¿Cuál es su opinión acerca de la ley de partidos políticos, que fue cuestionada por algunos partidos? Se dijo que era proscriptiva, que venía a polarizar...
–A mí desde el principio me parecía que iba a favorecer alianzas e iba a evitar fragmentaciones, sobre todo de la izquierda que es la que en realidad siempre está más fragmentada. Entonces eso me parecía positivo, porque iba a poder tener frentes más amplios y con mayor peso electoral. Y creo que en ese sentido ha sido positivo, porque se agruparon más.
–¿Sería positivo que la izquierda pueda conseguir un espacio en el Congreso?
–A mí me parecería buenísimo que hubiera representación de la izquierda, porque eso tensionaría la política hacia una instancia de mayor equidad. En cambio ahora es como que hay que estar defendiéndose de los embates neoliberales de la derecha y a lo mejor no permite que la Argentina pueda profundizar más, como Ecuador por ejemplo. Yo veo bastante posible plantearnos una alternativa como Ecuador. Porque hay un modelo productivista redistributivo desde el punto de vista económico bastante parecido. Lo que pasa es que, bueno, Correa lo verbaliza más. Acá se verbaliza menos porque produciría un efecto bastante negativo. El pensamiento neoliberal no se ha ido del todo. Hay un temor en cuanto a que todo lo que implique cambio produzca violencia, que lo han agitado los medios y los partidos de derecha.
–¿Cuáles son las principales demandas que tiene hacia el gobierno nacional?
–Yo creo que hay que profundizar las transformaciones económicas, políticas y sociales. Hacer más en esos aspectos. Creo por ejemplo que realmente si, como se dice desde el gobierno, se apuesta a una industrialización y a la búsqueda de una economía nacional con mayor dinamismo, se tendría que desburocratizar y hacer políticas más sectorizadas, para promover determinadas dinamizaciones de la economía. A mí me parece que las políticas sociales están bien encaminadas, lo que pasa es que a veces no son muy visibles, y requerirían que no sólo se realicen en la provincia de Buenos Aires y tuvieran una dimensión más federal.
–¿La defensa de los recursos naturales y las problemáticas socioambientales no?
–Sí, ese es un tema pendiente, sí. A veces quisiera que fuera más auténtico el planteo. Uno lo tiene claro en Bolivia, adonde hay toda una tradición de la recuperación de la Pachamama, de nuestro hábitat como algo que realmente debemos respetar. Y acá algunas veces aparece auténticamente expresado por algunos movimientos, pero otras veces aparece también en cierta medida como un elemento de diferenciación, pero no sé si hay tanta convicción. Es inevitable, hay que empezar a trabajar los proyectos de crecimiento y de desarrollo con otros parámetros. Quienes lo han visto a eso muy bien, desde sus orígenes, nos pueden enseñar mucho. Hay discursos del desarrollo que los han trabajado autores como Escobar, Lander, que tienen todo un análisis que vincula la ideología del desarrollo como uno de los mecanismos de dominación y de mantenimiento del imperialismo del centro sobre la periferia. Eso nos permite develar muchas de las falacias de los modelos industrialistas que pretenden acercarse a modelos de los países centrales. Merece una discusión.
–¿Cree que la reivindicación que desde los diferentes medios de comunicación se hace de las políticas de Uruguay, Chile, Brasil, Colombia, y por contrapartida la demonización que hacen de las de Venezuela, Bolivia, tienen algo que ver con el eurocentrismo?
–Sí, está muy claro, es el eurocentrismo o lo que los autores de la teoría de la descolonización llaman el colonialismo interno. Eso en la Argentina está desde los orígenes de la construcción del Estado nacional, civilización y barbarie, el civilizado es el europeo, la barbarie es el americano. Con los que más se asemejan al modelo socialdemócrata europeo, están de acuerdo. Y eso se podría decir por ejemplo de la Concertación en Chile, pero no creo que sea el caso de Lula y del PT: creo que toman de Lula lo que quieren y ocultan lo que no quieren mostrar; yo he ido bastante a Brasil y tengo conexión con investigadores de allí, y Lula fue muy atacado por la prensa de su país, muchísimo, y eso no lo dicen. Pero en el fondo está la base eurocéntrica en ese pensamiento de la centroderecha y de cierta intelectualidad esnob. Cuando lo que tenemos que hacer es explicar nuestras propias realidades a partir de nuestra reflexión. Tenemos que analizar Latinoamérica con conciencia latinoamericana, no analizar Latinoamérica con los parámetros de un francés o de un español.
–¿Qué lectura hace del triunfo de Ollanta Humala en Perú?
–Yo estuve en Perú antes de la segunda vuelta y en la universidad todo el mundo era de Ollanta aunque no lo hubiera sido originariamente, porque los aterrorizaba Fujimori. Pero lo que ellos nos decían era que para poder ganar, iba a tener que moderarse mucho, iba a tener que hacer bastantes concesiones. Entonces habrá que ver qué va a poder hacer; ya no es el Ollanta de la anterior elección. En Perú hay una mediatización de la sociedad que solamente podía aceptar a un Ollanta más moderado. Pero de cualquier forma ha sido un éxito que ganara él y no Fujimori.







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