María Eugenia Vidal: PROlijita dócil y formal

María Eugenia Vidal: PROlijita dócil y formal
Su habitual estilo amable dejó paso a una fría negociadora en los días del Indoamericano, cuando exigió el desalojo a cajas destempladas. Esa firmeza, dicen, fue lo que decidió a Macri para elegirla.

María Eugenia Vidal proviene de la cepa iniciática del PRO. Su carrera política se inscribe en un partido que descree de las formas y discursos de lo que suelen denominar "la vieja política" y que adoptó una estética posmoderna: frases cortas y estudiadas para no dejar lugar a repreguntas y especulaciones. El meteórico ascenso de la funcionaria tiene un impulso central: la bendición de Mauricio Macri. "El mensaje que bajó el jefe es que si trabajás y no gastás el tiempo en internas, podés llegar porque lo que importa es el laburo", explicó un colaborador muy cercano a la ministra.

Todavía no parece haber incorporado su reciente papel de candidata a vicejefe; la campaña es un camino inexplorado. En cambio, cuando habla de su gestión al frente del Ministerio de Desarrollo Social, se extiende con soltura en las respuestas. En un McDonald's sobre la avenida Paseo Colón, mientras tomaba un café en medio del frenesí que la tiene yendo y viniendo por los medios, recibió a Diario Z. Su flamante exposición ya le rinde frutos: varias personas la saludaron con un "fuerza, vice".

Vidal se define como una persona honesta, algo que un hombre de su entorno reafirma: "Es frontal. Siempre marcó la cancha dentro del ministerio y no dejó que los funcionarios se desangren en internas". La describe como una mujer "sencilla y amable" que "nunca pone la chapa de ministra sobre la mesa y habla con todos los funcionarios de igual a igual". Y agrega que en la peor etapa de la interna entre Gabriela Michetti y Rodríguez Larreta, "ordenó que se trabajara con todos los sectores sin inmiscuirse en las peleas".

La ministra, de 37 años, es licenciada en Ciencias Políticas de la Universidad Católica Argentina. Entró en el PRO de la mano de Horacio Rodríguez Larreta, con quien trabajó en la Fundación Grupo Sophia, el think tank del jefe de Gabinete. Como técnica de la Fundación Creer y Crecer, elaboró -a pedido de Macri- un mapa social de la Ciudad y las posibles políticas que debería aplicar un gobierno. Eso le ganó encabezar el Ministerio de Desarrollo Social, pero un embarazo le impidió asumir hasta mayo de 2008. Ella dice que sueña con llegar a ser ministra de Desarrollo Social de la Nación y que confía en las estrategias de su jefe político para serlo.

Como otros funcionarios macristas, Vidal suele confundir las políticas públicas y las actitudes personales. "María Eugenia no quiere lucrar con todo esto. Un ejemplo es cuando en invierno, a la noche, salimos en nuestros autos particulares -para no usar un móvil del Gobierno- a recorrer la Ciudad ofreciendo a la gente de la calle llevarla a los paradores. Salíamos con termos de mate cocido, frazadas, viandas, guantes y medias. Fue un hecho que nos marcó como equipo", explica un miembro de su mesa chica. Sin embargo, durante la gestión de Vidal creció exponencialmente el número de personas sin vivienda. Y la ministra, generosa a la hora de tercerizar servicios públicos en beneficio de ONG amigas, no muestra la misma sensibilidad para adjudicar subsidios a los sectores necesitados que, más de una vez, encontraron las puertas de la Subsecretaría de Desarrollo Social literalmente cerradas.

De perfil bajo y "poca ambición política", Vidal ganó protagonismo cuando la toma del Parque Indoamericano. En aquella oportunidad, la muchacha de tonos suaves abandonó su aire gentil y conciliatorio y cubrió las espaldas de su jefe político enfrentando públicamente a los ministros del gabinete nacional.

Sus equipos señalan aquel conflicto como un antes y un después: "La soltura y seguridad que mostró le ganaron el lugar que tiene en el armado electoral del PRO", dicen. El jefe de Gobierno "decidió en soledad quién lo acompañaría en la fórmula", afirmó un hombre de su confianza, "incluso en contra de la opinión de su amigo Nicolás Caputo, que se había pronunciado en favor de Santilli", añadió. En la reunión de Gabinete que antecedió a la designación de Vidal, Macri exigió a sus ministros que no operaran sobre la designación del candidato a vicejefe. Y nadie se enteró hasta último momento. Incluso Vidal fue notificada el mismo día en que su designación se hizo pública vía Twitter.

Vencedores y vencidos

Claro que no todo es festejo en la división macrista. La dilatada decisión dejó heridos. La primera "víctima" fue el ministro de Ambiente y Espacio Público, Diego Santilli, un candidato que convencía a muchos de los armadores del partido por su perfil más "politizado". "Macri tomó su decisión pensando en fortalecer sólo su partido. Nos quedamos con las ganas, pero de todas maneras vamos a hacer campaña por Mauricio", disparó un disgustado legislador cercano a Santilli. "La relación entre los diputados y funcionarios de las distintas vertientes quedó un tanto resentida, aunque se mantiene cordial", explicó un operador macrista.

Más profundo, en cambio, fue el golpe para los que forman detrás de Gabriela Michetti y para la diputada, hoy relegados a disputar algunos escaños legislativos. Fuentes cercanas a Michetti aseguraron a Diario Z que ella estudia la posibilidad de armar otro partido con los "heridos" del macrismo con 2013 en la mira. La designación de Vidal -considerada del riñón de Horacio Rodríguez Larreta- habría sido la gota que rebasó el vaso. La diputada ya comienza, dicen, a planear un éxodo que espera que sea bastante nutrido.

Contra lo que podría deducirse, tampoco Rodríguez Larreta siente como una victoria neta la designación de su pupila política. El jefe de Gabinete trabajó fuerte el último año para ser candidato a la Jefatura de Gobierno. Aunque los números y la coyuntura le cerraron el camino, "esperaba un poco más que ser jefe de campaña", deslizan desde su entorno. De todas maneras, aclaran, se mantiene "encolumnado detrás de Mauricio".

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