Macri ante el mito de la invencibilidad del peronismo

Macri ante el mito de la invencibilidad del peronismo

Hasta entregar el poder, Cristina Kirchner peleó el minuto a minuto por el protagonismo. Complicó la transición, pero el nuevo Gobierno decidió ocultar sucesos para no alterar a la población

Hoy las encuestas hablan de una imagen por encima del 75 por ciento, pero Mauricio Macri no la tuvo fácil hasta el 22 de noviembre. Muy pocos creían que iba a ganar, y nadie quería quedar del lado del seguro derrotado. Tanto es así que Gregorio Chodos, el mítico empresario de la construcción que el Presidente considera como su segundo padre, perdió una comida con un amigo cercano que le aseguraba que el candidato de Cambiemos iba a salir triunfante: "No hay ninguna forma de que gane, la provincia de Buenos Aires la perdió Aníbal Fernández, pero ahora lo va a votar a Daniel Scioli, así que Mauricio va a perder, solo un peronista puede ganar". ¿Habrá votado Chodos a Macri? Y Francisco, ¿habrá votado a su hijo?

Incluso después de la votación, Macri debía pasar el durísimo trance del escrutinio provisorio, acerca del cual todavía corren infinidad de rumores, hasta uno que asegura que la jueza María Romilda Servini de Cubría impidió el robo de urnas por militantes kirchneristas, dispuestos a complicar el conteo, que era la orden que habrían recibido de Carlos Zannini.

El involucramiento del candidato a vicepresidente del FPV para ensuciar el escrutinio fue confirmado a Infobae por un allegado a Daniel Scioli, quien contó que "Zannini lo llamó a Daniel para asegurarle que íbamos ganando por dos puntos, lo cual sabíamos que era absolutamente falso, porque nuestros números decían que estábamos perdiendo por seis. Harto de tantas payasadas, se apuró en salir a reconocer la derrota, lo que debe haber disgustado al kirchnerismo duro, porque al poco tiempo empezaron a pasar cosas raras".

Sobre la transición hasta el 10 de diciembre tampoco se publicó mucha información. Cristina y sus funcionarios peleaban un minuto a minuto para no perder centralidad en la agenda política con una obsesión que hubiera sido loable para otro tipo de asuntos, pero lograron complicar eficazmente al nuevo Gobierno, que decidió ocultar la gran mayoría de los sucesos para evitar la intranquilidad de la población.

Una semana antes la preocupación era quién manejaba las invitaciones para ingresar al Congreso donde Macri juraría, y se llegó a pensar en contratar una imprenta paralela o un sistema de pulseritas, porque se habían enterado de que Amado Boudou mandó a hacer invitaciones por su cuenta. Pero el 9 a la noche, o sea a horas del traspaso, y cuando Cristina había terminado su propio acto, Pablo Clusellas (designado posteriormente secretario Legal y Técnico) fue expulsado de la Casa Rosada por Oscar Parrilli quien, en persona, le dijo que "mientras no sean Gobierno acá no pueden entrar". De hecho, tanto Jorge Fauri como Hernán Beilus, a cargo del ceremonial que se realizaría en Gobierno, no pudieron entrar hasta pasadas las 4 de la mañana para preparar los actos.

"Estábamos convencidos de que Cristina podía llegar a firmar cualquier cosa en la noche entre el 9 y la asunción de Mauricio, por eso se decidió pedir un dictamen a la Justicia que fue concedido tan rápidamente. Ellos también creían que podía pasar cualquier cosa", dijo un protagonista de la curiosa jornada.

HARTO DE TANTAS PAYASADAS, SCIOLI SE APURÓ EN SALIR A RECONOCER LA DERROTA

Hasta el Cadillac que fue llevado al Congreso por el coleccionista Gastón Silbergleit por pedido de la privada de Macri, porque quería llegar en un auto idéntico al que usaron los ex presidentes argentinos y no confiaba en el estado del que posee Presidencia, fue parte de este tramo de la absurda batalla. "Le reventaron el tambor de arranque, girando la llave al revés, y forzándola. Sabían cómo inutilizarlo", le dijo a Infobae un empresario que conoció de cerca el caso.

Según esta fuente, la camioneta Toaureg blanca que transportó al matrimonio Macri y reemplazó al Cadillac que tres horas antes funcionaba perfectamente, fue un recurso de apuro que se logró sin ningún tipo de planificación. "Fíjese que al principio del recorrido, el Presidente se paró en la puerta para saludar. Después de varias cuadras le abrieron el techo, porque tampoco el chofer sabía que podía hacerlo, fue todo improvisado". Tampoco aquí el equipo del nuevo Gobierno quiso que trascendiera la fragilidad con la que se hacían cargo.

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