La desintegración del tejido social bonaerense, la crisis de la educación, el avance del narcotráfico y la pobreza se combinan en la profundización de un fenómeno difícil de abordar. El dilema de la descentralización: la policía local bajo la lupa de los especialistas
Romina sólo saca la "segunda billetera" cuando sale en auto y está con su marido. Si no, se maneja con la "primera". en la que no hay documentos ni "cosas importantes". Sólo la plata para el día y la SUBE. En su cartera nunca falta desodorante en aerosol para enceguecer a posibles atacantes. La "llave punta", así le dice, va siempre en la mano. Cuando sale de su casa y cuando vuelve del jardín de infantes en el que trabaja. Debajo de su cama "duerme" una tonfa.
Roberto, 45 años, termina de trabajar en la estación Tristán Suárez del ferrocarril Roca a las 3. Hace años, por lo menos cinco, dice, espera a un grupo de compañeros para caminar hasta la parada. "Si te ven esperando el bondi solo te afanan seguro. Solo no voy ni loco", agrega con la media sonrisa de los resignados.
"Antes no teníamos esto y no pasaba nada", dice Patricia, 48, mientras señala la reja pintada de verde que desde hace tres años cubre todo el ancho del terreno en el que levantó su casa. "Mate y bicicletas en la vereda y nada. Ahora, olvidate. Y a esta hora parece todo tranquilo, pero quedate hasta eso de las siete y vas a ver cómo empiezan a aparecer los muchachos", desliza. En el gesto se le nota la escena del "brote", como lo describe, la vio hasta el cansancio. Son las cuatro de la tarde. En efecto, en la cuadra casi no hay movimiento.
Romina, Roberto y Patricia viven en Tristán Suárez, Ezeiza, la tierra desde la que Alejandro Granados "exportó" su modelo de cuadrículas de patrullaje y policía de prevención local a la provincia de Buenos Aires. Los tres piden que sus apellidos no se publiquen. Conviven con la inseguridad en uno de los municipios más calientes del conurbano y tienen miedo, dicen.
En Ezeiza surgió Provincia Insegura, una asociación civil creada por vecinos de ese y otros municipios bonaerenses. Empezó a tomar forma en julio de 2012 después del asesinato de dos hermanos almaceneros en Cañuelas. "Nos juntábamos en un bar de Lomas para hacer catársis y terminamos organizándonos frente a un Estado que no reconoce la inseguridad", repasó ante LA NACION Carla Policicchio, tesorera y coordinadora de la asociación en el municipio al que ayer volvió Martín Insaurralde . Carla se sumó a fines de 2012 después de un asalto violento a su hijo. Hoy, Provincia Insegura asiste a víctimas de episodios de inseguridad, sobre todo, con asesoría jurídica.
"Los muchachos", "las banditas", "los fisura", "los planeros", "la vagancia". Las expresiones aparecen en los relatos de los vecinos para aludir a los jóvenes que en los barrios "personifican" el robo a pequeña escala, el delito predatorio o aspiracional, como lo identifican los especialistas. Según Marcelo Saín, ex jefe de la Policía de Seguridad Aeroportuaria, creada por Néstor Kirchner en 2005 tras el escándalo de Southern Winds, el aumento del delito aspiracional es uno de los ejes del complejo panorama que hoy dibuja la inseguridad.
"Es el robo del ladrón amateur que sale a buscar bienes de alto valor fácilmente intercambiables por dinero, como celulares, relojes y zapatillas", explicó el espacialista a LA NACION. Una forma de robo, añadió, que "genera provisión de medios y sensación de pertenencia. Todo a la vez".
El diagnóstico de Saín sobre el avance de la inseguridad en los últimos años, y su reaparición en la agenda pública a partir de la escalada entre las prioridades de preocupación ciudadana, tiene otras aristas.
El mapa que traza incluye un "aumento abismal" de la violencia doméstica y entre vecinos, con altos niveles de letalidad, la creciente participación de la policía en el delito, con la liberación de zonas, y la crisis de las técnicas de policeamiento. "Hace 20 años tener policía en la calle alcanzaba. Hoy, con la enorme cantidad de hechos que se producen, ya no tiene peso", añadió.
En rigor, para Saín, la "clave del fracaso" del sistema de cuadrículas es que está basado en la demarcación de zonas de patrullaje, pero no incluye mapeos del delito para combatirlo en sus distintas modalidades y desde abordajes específicos. "No alcanza con dar vueltas en patrullero. Hay que saber en qué horarios y en qué lugares específicos se cometen qué delitos para que la prevención sea real y eficaz", ejemplificó a LA NACION.
Esqueleto: desidia y abandono en un puesto de la Policía Bonaerense en el ingreso a Ingeniero Budge, Lomas de Zamora. Foto: LA NACION / Hernán Zenteno y Fernando Massobrio
El diagnóstico de Saín se completa con el aumento y complejización del crimen organizado y el consecuente florecimiento de mercados ilegales (de mercancías, de drogas y de personas) y la necesaria participación del Estado en el doble rol de regulador y parte del negocio (manteniendo niveles "tolerables" de delito) y alimentando sus cajas negras. "A todo eso hay que sumarle los delitos de poder: la fuga de divisas, la corrupción y el financiamiento de la política", cerró Saín, hoy diputado bonaerense por Nuevo Encuentro.
Los especialistas coinciden en que la información oficial sobre seguridad y delincuencia es escasa y acotada. El último informe del Instituto de Investigaciones de la Corte Suprema de la Nación indica que la tasa de homicidios dolosos fue el año pasado en la ciudad de Buenos Aires de 6,08 homicidios por cada 100.000 habitantes, con un total de 176 víctimas, un 11,3 por ciento más que en 2012, cuando la tasa había sido de 5,46 con 158 víctimas. El año pasado los barrios con mayor concentración de asesinatos fueron Flores, Barracas, Villa Lugano y Villa Soldati. El móvil que predominó fue el de "discusión o riña", que provocó el 44% de los casos.
El año pasado los barrios porteños con mayor concentración de asesinatos fueron Flores, Barracas, Villa Lugano y Villa Soldati
Para el conurbano el último registro de la Corte es de 2012. Indica que los homicidios dolosos fueron 789 y la tasa cada 100.000 habitantes, 7,66, con mayor registro de víctimas en Lomas de Zamora, La Matanza y San Martín. Igual que en tierra porteña, la mayoría de los asesinatos (51,5%) ocurrió en situaciones de riña, discusión o venganza.
Para Eugenio Burzaco, ex jefe de la Policía Metropolitana, creada por Mauricio Macri en 2008, el aumento de la criminalidad de la última década no puede disociarse del mayor nivel de violencia ni del avance del narcotráfico. De esos dos factores deriva el resto de las piezas de su análisis. "Creció el crimen organizado y, por lo tanto, las peleas por el territorio; aumentó el consumo de drogas duras, que incide en la violencia de los delitos y creció el robo micro para sustentar el consumo de los soldaditos", enumeró en diálogo con LA NACION.
De hecho, en los relatos de los vecinos de Ezeiza y Lomas de Zamora también aparece, ineludible, el ingrediente del consumo y tráfico de drogas. "Todo el mundo la ve y sabe perfecto dónde conseguir. Los pibes, los vecinos la policía, todos. Y nadie hace nada. Los chicos ya no roban para otros. Están arruinados y te roban el celular para cambiarlo por droga", dice con naturalidad Susana Ledesma. Vive desde siempre en Ingeniero Budge, sobre la calle Newton, a metros del predio en el que los lunes, miércoles y viernes funciona la feria de La Salada.
El de La Salada es un buen ejemplo de negocio ilegal, atravesado por el narco menudeo, la protección policial a cambio de "peajes" y el accionar de bandas, que la década kirchnerista vio crecer y complejizarse. Miriam, hermana de Susana, tuvo cuatro puestos allí desde 2003 hasta el 8 de octubre de este año, cuando un grupo de hombres armados, que ella identifica como "de la barra de Boca", la sacó a punta de pistola. Los denunció en la UFI 4 de Banfield. Pocos días después a su hijo de 22 años, que trabajaba como carrero en La Salada, lo balearon en la estación de Villa Fiorito. Miriam volvió a recurrir a la policía. "Los denuncié a las 3 de la mañana y cuando llegué a mi casa dos horas después los tipos estaban esperándome para decirme que si no la levantaba [a la denuncia] me mataban. ¿Cómo se enteraron si no les avisó la policía?", pregunta al aire e irónica.
Zona caliente: Juan Manuel de Rosas es la avenida principal del barrio El Olimpo, en Ing. Budge. De noche en los boliches hay droga y prostitución. Los días de feria, policías y vecinos cobran peajes. Foto: LA NACION / Hernán Zenteno y Fernando Massobrio
El debate sobre cómo "resolver" la inseguridad volvió al centro de la escena hace varios años y está definitivamente instalada en las campañas de cara a 2015. Las preguntas se apilan. ¿Por dónde conviene abordar un fenómeno tan complejo, multicausal y de componentes tan estructurales? ¿Tiene solución real? Y más cerca: ¿conviene centralizar la lucha contra el delito organizado? ¿Hay consenso entre los organismos ya existentes (SIDE, DEA) para crear la mentada agencia federal para combatir el narcotráfico? ¿Es la descentralización de las policías una receta eficaz para contener el delito a pequeña escala? ¿Puede funcionar el esquema de policías locales en la Argentina?
Los chicos ya no roban para otros. Están arruinados y te roban el celular para cambiarlo por droga
Solange Ríos tiene 23 años y desde octubre se prepara para ser uno de los 340 agentes de la policía local de Ezeiza. Creadas por decreto deDaniel Scioli a mediados de este año después del fracasado debate en la Legislatura en medio de una disputa feroz con el massismo, las unidades de prevención, así se llamarán, empezarán a funcionar en marzo. Por lo menos, en 12 de los 48 distritos que ya adhirieron al sistema. En total, en una primera etapa, egresarán 3700 policías locales.
Lejos del modelo que imaginó Massa -con antecedente en la fuerza con comisario propio que el eterno Juan Carlos Rousselot creó en medio de una fortísima polémica en 1988 en Morón-, la policía local de Scioli tendrá las mismas facultades que la policía bonaerense, dependerá funcional y financieramente del gobierno provincial y trabajará bajo el mando de un jefe elegido "en acuerdo" entre el intendente y Granados. ¿Poder real para los intendentes? Cero.
La policía local es, de cara a la disputa presidencial, la principal apuesta de Scioli en materia de seguridad.
Los nuevos agentes podrán portar armas fuera del horario de trabajo. Del uniforme se sabe que tendrá algún elemento que lo distinga del de la bonaerense y que sumará el escudo del municipio. El logo es una estrella naranja. Los móviles probablemente también lleven el color insignia de la campaña presidencial del gobernador, como las camionetas del Comando de Prevención Comunitaria que ya circulan en varios distritos.
Solange quiso ingresar en la PSA en 2012, pero se cruzó con un trabajo con mejor sueldo y cambió de rumbo. Como agente de la policía local, a partir de marzo, cuando termine su formación, cobrará entre 8500 y 10.000 pesos por mes. Hasta entonces, recibirá una beca de $3300. Debe aprobar 21 materias, entre teorícas y prácticas, que cursa de lunes a viernes entre las 8 y las 18.30. El programa incluye derecho penal y procesal, seguridad pública, ética y derechos humanos, abordaje de conflictos, defensa personal y tiro, entre otras asignaturas. Solange nunca disparó. Cuenta que, hasta ahora, las clases de tiro fueron teóricas y enfocadas al manejo seguro del arma.
Recién a fin de mes empezarán las prácticas en el polígono de Lomas de Zamora. Para marzo tedrá que haber hecho al menos 240 disparos de nueve milímetros y otros 120 de escopeta. Dice que disparar no la asusta.
Tampoco Walter Freggiaro (21) tiene experiencia. Es bombero voluntario de Monte Grande y se inscribió en la policía local de Ezeiza por comentarios de vecinos después de probar suerte con otros trabajos. Antonela Avellaneda (32), en cambio, siempre supo que quería ser policía, pero se hizo profesora de spinning. En 2004 hizo un curso en la brigada antisecuestros de Brasil. Cuando se enteró de la convocatoria de la policía local supo que había llegado su momento. "Quiero profesionalizarme y llegar a la [Policía] Científica", dice a LA NACION. A su lado asiente Julio Busto, un uruguayo nacionalizado que trabajó en el servicio penitenciario de su país hasta 2006. Está convencido de que la policía local va a "cambiar la cara" a las fuerzas de seguridad. "Creo que vamos a cambiar la imagen que la sociedad tiene de nosotros, que nos va a ver como algo distinto", afirma.
Para Saín y Burzaco, el remedio podría ser peor que la enfermedad. "Con el modelo de Scioli, la policía local funcionará en la práctica como una sección más de la bonaerense. La descentralización sirve sólo en distritos grandes y sólo podría funcionar si se avanza seriamente en la profesionalización de la policía, que tiene que estar bien paga", advirtió Saín.
"Lo de la independencia [de las policías locales] es un engaño. Los intendentes no van a tener injerencia. Además, darle un arma a un chico de 18 años con cinco meses de formación es un peligro. A veces, las mejores reformas mal implementadas pueden agravar los problemas", sopesó Burzaco.
Desde el Ministerio de Seguridad provincial rechazaron las críticas. "Hay más de 40 intendentes que ya adhirieron, incluidos muchos massistas. Con la policía local los distritos van a tener más del doble de policías para prevenir", indicaron a LA NACION allegados a Granados. También defendieron la dependencia de la provincia. "El financiamiento era el principal planteo de los intendentes y está resuelto", argumentaron en la gobernación..







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