La inseguridad es una vez más el campo de batalla electoral

Fernando Gonzalez

La primera conclusión del envío de miles de gendarmes a custodiar el conurbano bonaerense que la Presidenta anunció ayer es preocupante. Significa que los 50.000 policías de la provincia no son suficientes ni adecuados para garantizar la seguridad del distrito; que el trabajo de los gobernadores que el kirchnerismo eligió (Daniel Scioli y Felipe Solá) no ha sido eficiente y que el Gobierno nacional teme que la oleada de intrusiones que nació en Villa Soldati y se extiende por el Gran Buenos Aires se descontrole.

El reemplazo de los agentes policiales por efectivos de Gendarmería no es una herramienta novedosa para el Gobierno. Néstor Kirchner acudió a este remedio cuando el secuestro y asesinato de Axel Blumberg puso de manifiesto la ausencia de una política de seguridad en 2004. Los gendarmes pasaron a custodiar las zonas más calientes del GBA y aún hoy siguen controlando barrios simbólicos como La Cava en San Isidro y Fuerte Apache. Ahora es Cristina la que adopta una iniciativa similar, temiendo que las imágenes del Estado ausente que se registran en estos días erosionen los índices de aceptación popular que las encuestas venían registrando tras algunas deci-siones tomadas desde la muerte de su esposo.

El cambio verdadero para comenzar a resolver la crisis de seguridad que la Argentina sufre desde los ‘90 sería que Cristina Kirchner, lo mismo que Mauricio Macri, Daniel Scioli o Eduardo Duhalde tomaran el tema mucho más en serio. Dejar los prejuicios ideológicos de lado; informarse sobre cómo resolvieron sus crisis otros países y, sobre todo, entender que los argentinos robados y asesinados todos los días por la inseguridad no pueden ser siempre el campo de batalla de la próxima elección.

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