Los ministros fueron convocados de urgencia la noche anterior y ninguno sabía para qué era
El ministro de Agricultura, Julián Domínguez, avisaba por teléfono al secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, que llegaba tarde. A las corridas aparecían de a uno los funcionarios, antes de partir hacia el Congreso para la apertura de las sesiones ordinarias. Cristina Kirchner se mantenía informada desde la quinta de Olivos. El secretario legal y técnico, Carlos Zannini, pasaba el parte desde Balcarce 50.
Mientras tanto, la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, convocaba de urgencia al directorio del organismo. Ya sabía desde la noche anterior, cuando se había reunido con la jefa del Estado en Olivos en el más estricto secreto, del decreto con el que la Presidenta pretendía dar por cerrado el capítulo de disputa que se abrió desde que creó el Fondo del Bicentenario, que ayer fue derogado. Las gerencias legales del Banco Central emitían dictamen al mediodía, poco antes de que finalizara el discurso presidencial. Y el directorio ordenaba abrir las cuentas del Tesoro y transfería automáticamente los fondos al Gobierno.
En tanto, el ministro de Economía, Amado Boudou, que faltó llamativamente al Congreso, aceleraba la redacción de la reglamentación. En las oficinas del Boletín Oficial esperaban los decretos para imprimir esa misma tarde un suplemento especial. Todo el círculo quedaba así completamente cerrado, en menos de ocho horas.
Uno por uno, los ministros comenzaron a llegar a la Casa Rosada. Eran las 9. Habían sido convocados de urgencia anteanoche. Nadie sabía para qué. El despacho del jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, se transformó en una improvisada sala de reuniones. Allí los esperaba el nuevo decreto de necesidad y urgencia que debían firmar.
El ministro de Agricultura, Julián Domínguez, avisaba por teléfono al secretario general de la Presidencia, Oscar Parrilli, que llegaba tarde. A las corridas aparecían de a uno los funcionarios, antes de partir hacia el Congreso para la apertura de las sesiones ordinarias. Cristina Kirchner se mantenía informada desde la quinta de Olivos. El secretario legal y técnico, Carlos Zannini, pasaba el parte desde Balcarce 50.
Mientras tanto, la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, convocaba de urgencia al directorio del organismo. Ya sabía desde la noche anterior, cuando se había reunido con la jefa del Estado en Olivos en el más estricto secreto, del decreto con el que la Presidenta pretendía dar por cerrado el capítulo de disputa que se abrió desde que creó el Fondo del Bicentenario, que ayer fue derogado. Las gerencias legales del Banco Central emitían dictamen al mediodía, poco antes de que finalizara el discurso presidencial. Y el directorio ordenaba abrir las cuentas del Tesoro y transfería automáticamente los fondos al Gobierno.
En tanto, el ministro de Economía, Amado Boudou, que faltó llamativamente al Congreso, aceleraba la redacción de la reglamentación. En las oficinas del Boletín Oficial esperaban los decretos para imprimir esa misma tarde un suplemento especial. Todo el círculo quedaba así completamente cerrado, en menos de ocho horas.







Comentá la nota