El ganador de las últimas PASO, doctor Carlos Fernando Arroyo, es objeto de una dura campaña política, a la cual quedó expuesto tras su inesperado triunfo del 9 de agosto. Ser el candidato más votado, elevó su rango de aspirante al cargo que ostenta el intendente Gustavo Pulti. Esta coyuntura nos ubica en una situación inédita, que como tal debe ser sujeta a un tratamiento de especiales características.
Y así se lo hicieron saber desde la madrugada del 10 de agosto, en principio, el escrutinio provisorio y luego el definitivo, ha determinado su consagración como el rival a vencer por el oficialismo. Esto en Mar del Plata, no sólo significa tener como adversario al jefe comunal, quien va por la re – re, sino que además implica enfrentar el poderoso aparato oficial, que baja desde el gobierno nacional, la Provincia de Buenos Aires y el singular aporte que ofrece el multimedios La Capital, que con su poder mediático, se convierte en un militante más de la política partidaria.
Es obvio, que hay en juego algo más que una disputa política, sino que entran en juego aspectos económicos, vinculados a los negocios de la ciudad. No es una simple pelea por los votos.
Esta movida destemplada, que asombra por su magnitud y que carece de rigor equivalente a la hora de multiplicar las voces de la pluralidad política, si bien no ha sorprendido, ha ganado la escena política local, no porque se desconozcan sus preferencias (para Aldrey Iglesias Daniel Scioli es considerado poco menos que un hijo), sino por la intensidad que ha cobrado en todo el demérito posible, hacia el concejal de Agrupación Atlántica.
La coyuntura ha llevado a los componentes de CAMBIEMOS (Agrupación Atlántica dentro del PRO en las PASO, la UCR y la CC) a evaluar la decisión de que el doctor Carlos Fernando Arroyo, pueda hacer uso de un período de licencia, lo que lo alejaría de la línea de fuego. Aunque en el entorno del candidato, y él mismo, saben que tal medida puede ser considerada una señal de debilidad del ganador de CAMBIEMOS.
Pero ocurre que recientemente, otra integrante del espacio de CAMBIEMOS, Vilma Baragiola, fue objeto de serios cuestionamientos políticos, aunque en este caso también provinieron de una interna nada disimulada de sus propios correligionarios. Si bien los escenarios son distintos, los avatares de Baragiola (ganadora de las legislativas de 2013), sirvieron para desalojarla del confort que le brindaba ser la candidata más votada hace sólo dos años y que imaginó un desfile hasta la intendencia el 10 de diciembre de 2015.
La consideración de Carlos Arroyo, como probable intendente electo el 25 de octubre, desató una descarga de artillería pesada, donde todavía no ha estallado la Santa Bárbara. Ya lo han vinculado al Proceso de Reorganización Nacional, a la xenofobia, a un mal ejercicio de la profesión como abogado, a no concurrir a actos conmemorativos por la desaparición de personas, a detentar cargos de la dictadura militar y dudosos enjambres de su relación con la tecnología digital.
Sin haberse repuesto aún del esfuerzo de la campaña de las PASO, tan solo 24 horas después con las urnas aún calientes, el Frente Marplatense salió con los tapones de punta a desafiarlo en un debate público inmediato, poco menos que ya mismo, querían sacarlo a la cancha.
El oficialismo salió a vender cara su derrota en esa elección ordenadora, que dejó a cinco aspirantes habilitados a ir por el premio mayor. Y a Arroyo (un ex fumador empedernido de tabaco negro) le hicieron saber que otra vez le iba a tocar pitar del fuerte, y esta vez no serían precisamente Particulares, la marca que consumió durante años hasta dejar el vicio del cigarrillo.
Hay que apelar a los pliegues más profundos de la memoria (y/o googlear a destajo) para ubicarnos en un contexto tan sólo similar, por lo menos desde 1983 y en un plano donde sólo se libra una confrontación que abarca nada más que a General Pueyrredon, aunque hay actores y protagonistas de la escena provincial y nacional, que se prenden en el juego.
Tanto a Arroyo, como ha Baragiola (recordar episodio Camioneros) en su momento, no los ha ayudado su entorno. Hoy el empresario Emiliano Giri aparece alambrando al doctor Arroyo. Ocurre que su lugar como organizador de campaña, como vocero, articulador y de alguna manera de propiciador de hecho y de oficio, no es lo más aconsejable y prudente de un hombre que mantiene estrechos lazos comerciales con la Nación, la Provincia y la Municipalidad. Ya ha ido mucho más allá de lo que la mesura indica en estos casos, ha vinculado decisiones y designaciones políticas a negocios con bienes públicos, en la misma sala de parto de un nacimiento, hoy por hoy, prematuro: falta un pronunciamiento el 25 de octubre.
El vacío en los espacios de Arroyo como estructura de poder, tras el sorpresivo resultado, hizo salir a la cancha a un ambicioso proyecto de la política, que no se ha destacado precisamente a la hora del reconocimiento con el voto popular. Giri es el fruto de una brutal suma de coincidencias y oportunismo, que genera las peores especulaciones en torno a sus reales intenciones. Es el mismo concesionario de playas municipales, sistema de recaudación, playa de estacionamiento y proyectos inmobiliarios, que citó a una cena en su balneario a militantes alfonsinistas para leerles párrafos de libros de Durán Barba. Cómo podrá observarse una mezcla de quinotos con mandarinas.
Jorge Elías Gómez





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