Por José Luis JacoboLuego de jornadas intensas en las que la comunicación local giró fuertemente sobre situaciones de corrupción -y con Juan Carlos Belmonte aún en detención en la UP 44, fruto mal habido de una necesidad política y no del imperio de la ley-, la dirigencia local se toma un respiro para analizar sus próximas jugadas.
A tal punto habían avanzado las conversaciones con algún distraído de la fuerza metropolitana, que en reciente encuesta entre aquellos que fueron medidos para ver su potencial como candidatos estaba Artime, con un modesto 3,5% por ciento de conocimiento local. Esa misma encuesta reveló una preeminencia de Vilma Baragiola, muy por encima del resto, y sigue la misma línea que otras encuestas que ubican a Carlos Fernando Arroyo en un expectante segundo lugar en crecimiento en la población de General Pueyrredón.
Lo de Arroyo tiene dos características: deja claro que en Mar del Plata, si no hay una inserción comunitaria, un reconocimiento espontáneo, no hay ingeniería de campaña o presencia en medio alguno que por sí solo instale políticamente a nadie. La otra característica es la irritación que provoca en quienes forman parte de “la política” este resultado, en un actor que, en su opinión, no hace nada, ni siquiera concurre al Concejo Deliberante, y cuando va, se duerme en las sesiones. Así están las cosas.
Con estos resultados a la vista no es de extrañar el empeño que pone Pulti en colocar a Baragiola en medio de cuanta situación compleja se dé a nivel comunitario. Quedó patente en la atropellada que dieron en el Concejo Deliberante Eva María Moyano y un grupo numeroso de integrantes del gremio, al ir por una definición sí o sí en relación a una propiedad adquirida por éstos para la ampliación del hotel que poseen en Santa Fe entre Brown y Falucho. El chalet de marras está declarado de interés histórico, y provoca un escenario de disputa ya habitual en estos casos; hay un sector conservacionista que está enfrentado a estos cambios, reniega de la piqueta y busca la preservación patrimonial sin mayor éxito, hay que decirlo, pero con capacidad de impacto en los medios locales y, por ende, atribulando a los concejales.
En ese escenario, adquirir una propiedad que cuenta con la carga de “patrimonio histórico” debería implicar que hay un camino por recorrer que es ciertamente complejo. Así ocurre con esta propiedad, y no hay motivo para hablar a los gritos como lo hizo Eva Moyano, amenazando y dando aire a sus vándalos para que hicieran destrozos en el Concejo, obligando a varios concejales a huir, literalmente, por temor a ser golpeados.
Eva Moyano, como su sobrino Pablo, está convencida de que la violencia da derechos. Llegó al HCD con unas 40 personas. Pretendió ingresar a la Comisión de Obras con todos ellos; le explicaron que no se podía porque cuestiones de infraestructura no permiten más de 25, y le ofrecieron, o bien ingresar acompañada por 4 de aquellos que ella designara, o realizar la reunión en el recinto del Concejo. Nada la satisfizo: quería gritar e insultar a Baragiola y a los concejales de la UCR. Demasiado necio y torpe, hasta para ella.








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