El Gobierno esperará el fallo de la Justicia de Londres antes de avanzar en las negociaciones con los holdouts en el despacho de Nueva York del mediador Daniel Pollack.
La expectativa es que se emita una sentencia a favor de los fondos de inversión que reclaman que se libere el depósito que hizo Argentina en el Bank of New York Mellon (BoNY) para pagar intereses de la deuda y que eso mejore la relación de fuerza en la mesa de negociación. En ese escenario, habría un choque de jurisdicciones.
El magistrado Guy Newey podría bajar el valor de la sentencia de su par de Nueva York, Thomas Griesa, si admite el reclamo de los eurobondholders. Lo que pidieron esos inversores es que el británico dicte una declaración contra el BoNY para que les transfiera los 225 millones de euros que Argentina le depositó en junio por la cancelación de los intereses de mitad de año y que les pertenecen. Esos fondos están en una cuenta de la entidad financiera en el Banco Central, en Buenos Aires.
Liderados por Quantum Partners cuyo titular es el financista húngaro-estadounidense George Soros y Hayman Capital Master presidido por el multimillonario de Texas, Kyle Bass, lo que pretenden es conseguir una sentencia similar a la que Griesa le dio al Citibank para liberar los pagos.
Ese es el escenario que describió Axel Kicillof cuando en una entrevista al portal El Destape la semana pasada dijo que el fallo de Griesa tenía “agujeros” y que solo el 20% de los bonos tiene legislación Nueva York (los títulos bloqueados), mientras que el 50% es argentina y el 30%, europea. “Ellos tienen un fallo que está en disputa y ese es un punto central”, dijo el ministro.
La estrategia de los abogados que representan al país, del estudio Cleary Gottlieb Steen & Hamilton, es desde hace meses la de encapsular el fallo Griesa a los acreedores de Nueva York, lo que daría lugar a que Argentina pueda mostrar en la comunidad financiera internacional que solo tiene problemas en la Gran Manzana.
Newey postergó el 19 de diciembre su decisión hasta después del receso judicial, por lo que las noticias podrían llegar en las próximas semanas o en febrero. Si bien su decisión no es vinculante, Economía sabe que eso mejorará los términos de Argentina en la mesa del special master Pollack y que el choque de jurisdicciones que se abre le quitaría peso al fallo Griesa.
A fines de noviembre, los eurobonistas enviaron una carta a Nueva York descontando que conseguirían una resolución favorable, pero Newey se demoró al querer escuchar en Londres la palabra de los buitres, los cuales en diciembre contestaron, a través de una misiva firmada por el abogado Robert Cohen, que rechazaban intervenir en Gran Bretaña, donde prevén que tendrán un revés.
Ahora, el juez británico prepara la resolución y la respuesta a los representantes de NML, que lo atacaron a él directamente cuando decidieron no pronunciarse.
Esto podría demorar las tratativas en lo de Pollack hasta pasado el primer trimestre, justo cuando Griesa habilitará, el 3 de marzo, un nuevo pago del Citibank a sus clientes. Esa fecha es la que ponen varios analistas como límite para divisar un arreglo entre el Gobierno de Cristina Fernández y los holdouts. Si las negociaciones se demoran más que eso, opinan, el acuerdo quedará para el próximo presidente.
Oferta
Kicillof dijo que Argentina propondrá darles a los holdouts que logró reunir Pollack lo que hubieran recibido en el canje 2005, más intereses y pago de cupón PBI, lo que les daría un resultado del 100% nominal de los bonos. Eso significaría unos u$s6.500 millones, un cuarto de lo que en Economía estiman que lograrían con el fallo Griesa. Para los demandantes originales (NML, entre otros), la propuesta sería de u$s428 millones, también un cuarto de lo que exigen pero el doble de los u$s208 millones que habrían cobrado en 2008.
EN CADA ESQUINA
Tomás Griesa
Sus fallos siempre a favor de los fondos demandantes generaron la reacción internacional. Su última decisión fue instruir al negociador Daniel Pollack para que junte a todos los bonistas que tienen títulos en default. Recién ahí se sabrá cuál es el impacto económico de sus sentencias
Paul Singer
Es la cara de los fondos buitres y uno de los grandes aportantes de fondos a las campañas presidenciales de los republicanos en EE.UU. Acostumbrado a ganar, como contra Congo o Perú, este juicio puede ser el final de una metodología si avanza el proyecto en la ONU para reestructurar deudas soberanas.
Mark Brodsky
Dirige el fondo Aurelius, fundado en 2006 y que maneja una cartera de 4,5 mil millones de dólares. Brodsky, de profesión abogado y con el antecedente de haber trabajado para el fondo Elliot, dueño de NML Capital, es conocido como entre los fi nancista como Terminator
Daniel Pollack
Es una pelea de abogados contra banqueros, defi nió un analista. Pollack juega para los primeros. Puesto por Griesa como mediador, llegó a emitir un comunicado vaticinando males a los argentinos por no cumplir con el fallo. Experto en mediaciones, nunca se interesó por bajar la pretensiones de los fondos.
Guy Newey
La Justicia de Londres decidió intervenir recién cuando los bonistas no pudieron acceder a los fondos depositados por Argentina. Hasta ahora, el juez Guy Newey tuvo extremo cuidado en no anticipar su decisión, pero en la comunidad fi nanciera espera que confronte con Griesa.
George Soros
Probablemente el inversor internacional más reconocido en el mundo, el estadounidense de origen húngaro George Soros tiene inversiones en el país desde los ‘90, cuando se asoció IRSA. Además de los bonos, tiene participación en YPF y es un enemigo declarado de los fondos buitres.
Kyle Bass
El financista texano es fundador y director de Hayman Capital Management. Visitó Argentina para sondear el curso de la nacionalizada YPF y avanzar en algunas inversiones en el país. Su fondo fue el que inició la megacausa en Londres que espera resolución.
Axel Kicillof
l ministro de Economía argentino aguantó el año pasado la presión para arreglar con los fondos buitres y ahora espera que el juez Newey le sirva una buena mano para sentarse a negociar. En algunos ámbito apuestan a un no acuerdo, pensando que su sucesor sea más permeable a acordar.


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