CRISTINA ELEGIRA DE VICE A SU DELFIN PARA 2015

La Presidenta juega al misterio. Y desde su regreso del Sur, tras el episodio de hipotensión que la mantuvo fuera de la visión pública casi una semana, dio renovados pasos para acrecentar el enigma. Aclaró en el Luna Park, que “no hay hombres ni mujeres imprescindibles”, así como un día antes había deslizado en Santiago del Estero su deseo de “seguir siempre junto a ustedes desde el lugar que me toque estar, no importa cuál”.
Fue un paso más allá incluso cuando deslizó que “es muy difícil” continuar. Pero siempre, trascartón habló de “ratificar y profundizar el rumbo del modelo”, de “honrar” la memoria de su esposo y de hacer lo que él deseaba. Y él -como ella- deseaba una gestión kirchnerista que trascendiera los ocho años. No menos de doce; 16 en lo posible. Está claro que Cristina hace sola el juego que hubiera compartido con su esposo de seguir él vivo. Néstor Kirchner jugó hasta último momento en 2007 con lo de “pingüino o pingüina”, y de haber seguido vivo mantendría la incógnita hasta el final, aunque siempre la decisión hubiera sido la misma: la alternancia presidencial entre esposos. El que viene debiera haber sido su turno, aunque ella lo superara en las encuestas. Y sin él, todo el mundo K da por descontado que ella será candidata, aunque extienda la duda hasta el final. Ese juego es parte de un manejo que aprendió de su esposo y desarrolla con precisión. Después están las dudas que enarbolan muchos a la hora de interpretar lo que pueda estar pasando por la cabeza de Cristina Fernández. Los secretos que compartía con su esposo no llegaban a los oídos de más de un par de personas, cuando trascendían. De ahí que sea extremadamente difícil adivinar las jugadas finales. En ese marco, se habla de la insistencia de su hija Florencia porque no vaya por un segundo mandato. Pero como contrapartida vale un mensaje por Twitter de la joven que expresa lo contrario: “Les guste o no, las encuestas dicen que mi mamá vuelve a ganar en el 2011”, escribió a mediados de diciembre pasado. Basados en el pragmatismo más puro que es el que le gustaba practicar a Néstor Kirchner, se da por descontado que Cristina extenderá los plazos al máximo y sobre el límite de los mismos hará el anuncio definitivo, que se estima positivo. El artículo 3 de la Ley 14.086 establece el 25 de junio como fin del plazo para las listas de candidatos: 50 días antes de la realización de las primarias. Hay tiempo para seguir el juego del “sigo/no sigo”, cuyo desenlace sólo podría alterar un por ahora improbable desmoronamiento en las encuestas. Pero hay kirchneristas que van más allá del 25 de junio y piensan en el día después del 10 de diciembre, cuando podría iniciarse el segundo mandato de Cristina. Con el síndrome del “pato rengo” en mente, los Kirchner siempre temieron a ese corset constitucional que contempla sólo dos mandatos consecutivos. De ahí que idearon la alternancia mutua, mecanismo desactivado a partir de la muerte de uno de los componentes de la pareja. ¿Cómo contrarrestar la pérdida de poder que pudiera comenzar a darse a partir de que la Presidenta comience a andar la cuenta regresiva hacia 2015? Se presume que eso no será inmediato, pero inexorablemente comenzará, sobre todo a partir de las legislativas de 2013, cuando haya trascendido la mitad de ese hipotético “último” período. Allí es donde Diana Conti mostró a fines de febrero pasado las cartas. Dijimos en este mismo espacio que muchas cosas podrán decirse sobre esa diputada ultrakirchnerista, menos que pueda pecar de ingenua. Cuando frente al Congreso de la Nación la Presidenta la “desautorizó”, como se dijo entonces, sólo expuso argumentos de la realidad. Mal podría pensar Cristina en reformar la Constitución para conseguir un tercer mandato, cuando se ve obligada a impulsar las medidas que más necesita por la vía del decreto. La mandataria no hizo más que explicitar los límites que hoy encuentra en el Congreso de la Nación, pero esa realidad sólo se extenderá hasta fin de año. Hablamos de 2015 y para entonces quedan dos renovaciones parlamentarias en las que el kirchnerismo sueña con recuperar la mayoría. La primera se dará en las elecciones del 23 de octubre, cuando el Frente para la Victoria pone en juego 51 de las 87 bancas que hoy ostenta, en tanto que sus aliados exponen 21 de las 34 escaños que hoy tienen en Diputados, que es la Cámara que más le quita el sueño a Cristina. Una muy buena elección difícilmente le devuelva al kirchnerismo la supremacía, pero al menos una victoria le asegurará recuperar las presidencias y mayorías en las comisiones más importantes. Un triunfo le aseguraría a Cristina sino un cheque en blanco, asegurarse un Parlamento menos indócil al menos por dos años. En los laboratorios K se trabaja pensando en 2013, fecha clave para un eventual proyecto reeleccionista. En esas legislativas se renovarán las bancas obtenidas en 2009, cuando el kirchnerismo perdió, por lo que -en caso de victoria- todo lo que obtenga entonces será ganancia pura. Y recuperaría así una mayoría que le daría espacio para jugar con la “re-re”. Claro que una reforma constitucional es mucho más que tener mayoría de bancas: hacen falta dos tercios. Aunque llegada esa instancia podría abrirse un margen amplísimo para la discusión, ya que los propios analistas admiten que ese tema alberga diferentes interpretaciones, por cuanto podrían disponer la factibilidad de una reforma constitucional “los dos tercios de los presentes” en una sesión, que no es lo mismo que decir “la totalidad” de los miembros. Para los que la descartan de plano, vale tener en cuenta que una reforma constitucional no necesariamente debería estar destinada a habilitar un tercer mandato como José Luis Gioja está promoviendo en San Juan. Bien podría dar espacio a la figura de un primer ministro, que habilitaría la posibilidad de reelección indefinida. Algo que al radicalismo siempre le sedujo y que hoy cuenta en el juez de la Corte Eugenio Zaffaroni como un adherente ferviente, que habla de la necesidad de avanzar hacia “un gobierno parlamentario”. Con esas cartas está jugando desde ya el kirchnerismo, cuya líder ha resuelto que todas las listas de candidatos a legisladores deban contar con su visto bueno. Otro misterio que mantiene el oficialismo es el del vice. Ahí las dudas son más amplias, y Cristina está pensando en alguien muy cercano. Curada en salud con la experiencia extrapartidaria que significó Julio Cobos, quiere alguien absolutamente confiable. Se dice que ha pensado en una persona que ha sabido estar muy, muy cercana a ella y su esposo desde los tiempos de la gestión santacruceña. ¿Qué no le sumaría votos? Eso lo aporta Cristina, responden las fuentes. Le asegura en cambio certeza, pues sería un vice que no tiraría en contra de un eventual operativo reeleccionista.

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