Confusión política

Por Roberto García

Candidaturas contradictorias. Afirmaciones públicas vs. retos privados. Y las hipocresías que tiñen tod

Se armó la justa electoral para dos partidos, con la complicidad de los dos partidos, peronista y radical. A costa del resto, de las minorías. Sin embargo, su propia naturaleza parece descompuesta antes de los comicios. Más cuando éstos se realicen. ¿O el peronismo es el kirchnerismo? Y éste, acaso, ¿es lo que alberga en sus fórmulas de presentación, con cuotapartes del saadismo, del menemismo, indudables dosis de izquierdismo entrista y radicales desertores? La UCR en su nueva versión alfonsinista, ¿es la fuerza de Alem que prefiere romperse a doblarse con el fichaje simultáneo del socialismo y la pragmática inclusión de Francisco de Narváez?

Menuda complejidad si, a la hora de votar, uno se atiene a los básicos preceptos ideológicos conocidos, que en una misma boleta participa gente que piensa igual o con la misma coherencia. Y eso que en los ejemplos uno se olvida que la candidatura de Eduardo Duhalde lleva como primer diputado a Federico Pinedo. Quizás a unos los junta el espanto de combatir a otros. O alguien resumiría este juego de contradicciones señalando que peronistas y radicales son meros instrumentos para que determinados personajes se alojen en el poder. Acaso, cuando ambos institutos se hayan repartido las alternativas para controlar la república y apartar al resto que medita distinto, comience el ciclo que los destina como partidos, que les borre la identidad, que vuelva la expresión sentimental de la boina blanca o la marchita en expresiones obsoletas.

Hay quien mira el cuadro con esta perspectiva, apartado de la minúscula tarea en la que hoy se ocupan los dirigentes: del armado de listas, acomodando a los propios, no vaya a ser que se queden afuera por una minucia administrativa. Se registra otro pensamiento por la sucesión de episodios. A saber:

- Ricardo Alfonsín señala que se limita, con De Narváez, a establecer un acuerdo regional, provincial o parroquial. Traduciendo: salgo con esta chica sólo en el barrio italiano, no me puedo mostrar con ella en Recoleta o en Jujuy. A su vez, De Narváez jura que sólo cederá al tálamo del hijo ilustre siempre que se formalice la unión sin fronteras, con papeles y bendiciones papales si fuera posible.

- Otra propuesta cínica se advierte en la Provincia, donde Cristina se aventura con dos maridos –metáfora que no pretende faltar el respeto– para acumular una dote mas voluminosa en términos electorales, aportada por el erario de Daniel Scioli y el tesoro de Martín Sabbatella. El gobernador consiente la maniobra como acto reflejo de una cultura de obediencia a su superior, pero no disimula la repugnancia que le provoca compartir letreros a favor del “modelo” con quienes sólo se preocupan por desalojarlo, denunciarlo y, si es posible, humillarlo. Tampoco los otros reniegan de esa voluntad. Buscan no pujar con el peronismo, no enfrentarlo, más bien integrarse al movimiento, ocupar espacios, vaciarlo de contenido y suplantarlo por el propio. Algo semejante intentaron antes otros muchachones, pero nunca el General les iba a permitir que esos imberbes convirtieran el Sheraton en un hospital de niños. Por lo tanto, ahora, se repiten las historias, posiblemente los resultados.

- No sólo hay hipocresía en la política. Por declaraciones a favor de la apropiación como concepto (lo que define al kirchnerismo en muchos aspectos), la Presidenta dice que castigó –a través de Amado Boudou– a su viceministro de Economía, el ex sindicalista y ahora experto financiero Roberto Felletti. Al margen de decir lo que piensa, también el funcionario se expresó por lo que ha escuchado en los círculos del poder oficial (nadie con voluntad de permanencia repite lo contrario a lo que establecen sus mandantes). Por si fuera poco, lo amplificó en una revista embanderada con los intereses K. Se molestó Cristina (se lo dijo a un grupo de empresarios), también Boudou, amonestaron a Feletti y se terminó. Curioso, aunque lo será más si Feletti accede a la titularidad del ministerio porque Boudou pide licencia para ser candidato o para hacer una gira como guitarrista. Más raro, también, será que el posible ministro ejerza su tarea al mismo tiempo que actúa como director de un banco privado.

- Dentro de las confesiones de la mandataria –al margen de los reiterados conatos plañideros que la asaltan cuando recuerda en público a su finado marido, tema comprensible y que delata una delicada sensibilidad–, conviene reparar en dos que formuló también a los empresarios. Una pasa por su inquietud vinculada a la suba del llamado dólar paralelo, tema que pareció conocer en la superficie ya que aludió a la legitimidad de las operaciones de contado con liqui (por liquidación) que realizan en particular, según ella, cuatro entidades financieras (dos que empiezan con “C” y dos que empiezan con “Me”). Dijo que las observaba, pero no pareció interesarse en descubrir otro costado del fenómeno: la naturaleza de que hoy cueste más enviar plata al exterior que traerla a la Argentina –lo que denota la fuga– obedece no sólo a cierta preocupación electoral y al riesgo político, sino también a operaciones de dinero no declarado, repentinas fortunas explosivas y a consecuencias no deseadas del modelo: si se prohíben las importaciones, ¿de qué modo se consiguen? A través de un mercado negro en el cual naturalmente sólo se puede pagar en negro.

No se trata de volúmenes significativos, pero hay ojos que debieran mirar no sólo para complicar la actividad, regular y perseguir: quizás el origen de esta inseguridad cambiaria se encuentre en el propio Gobierno.

Del mismo modo que no se entiende –la otra confesión señalada– cuando la Presidenta supone que tal vez la Argentina deba dejar de fabricar productos que siempre serán más caros en el país. Así lo admitió ante empresarios. Parece sensato, pero escasamente vinculado al precepto ideológico de vivir con lo nuestro que indica el manual oficial, con subsidiar cualquier tipo de industria o servicio.

Esas contradicciones manifiestas no está claro si son parte de un pensamiento o apenas una salvaguarda momentánea, oral, para disimular una política mas intervencionista, estatista, apropiadora.

Nadie cree que esto se ilumine antes de las elecciones, son parte de la confusión económica que acompaña a la confusión política de los dos partidos que se han repartido la representación de los ciudadanos.

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