El conflicto con los estudiantes porteños disparó chicanas y reveló el costado miserable de la política. Los riesgos de extender el reclamo en el tiempo. Mauricio Macri -de viaje en Europa, lejos de la protesta estudiantil y de la investigación legislativa- piensa en su futuro casamiento.
Ya apuntamos en esta columna que el PROnunca tuvo a la educación pública como una prioridad. En esa omisión, que se transformó en decisión, está el origen del problema. El ministro de Educación porteño, Esteban Bullrich, lo sabe y parece empeñado en enmendarlo. Por lo pronto, reconoció errores en el manejo de la crisis y en la comunicación de las propuestas de su gobierno. Es un paso superador, después de haber pedido listas negras en las tomas y calificado de chavistas a los estudiantes. Lo cierto es que no había plan de obras detallado y con plazos y ahora existe uno. Que hubo subejecución del presupuesto para las escuelas y ahora se usará dinero extra para arreglarlas.
Los jóvenes no deben ser estigmatizados por hacer política. Todo lo contrario. Habría que darles la bienvenida. La política bien entendida es un camino para alcanzar una sociedad más justa. Los estudiantes ganaron una lucha. Incluso impusieron en la agenda de la política las condiciones en las que se estudia no sólo en Capital sino en toda la Argentina. De la misma manera es justo señalar que la extensión injustificada de la medida puede erosionar su legitimidad. Protestar no puede ser incompatible con estudiar. Es importante que, una vez terminado el reclamo, los secundarios acepten recuperar los días que perdieron durante las tomas. El cambio necesita de jóvenes tan comprometidos como capacitados. En especial si se tiene en cuenta que, después de la debacle política y cultural de los noventa, ésta es la primera generación en muchos años que tendrá menos estudios que sus padres. El mito de "mi hijo el doctor" parece en vías de extinción. El estudio ya no se percibe en la sociedad como un camino al bienestar. El economista Rodolfo Barros señala este fenómeno en su libro Fuimos, aventuras y desventuras de la clase media (editorial Aguilar). Luciano, un alumno del colegio Alberto Larroque de Floresta, hizo la mejor síntesis: "Debemos recuperar los días que perdimos, la idea no es perder clases sino tenerlas de manera digna".
Un párrafo aparte merece la reivindicación oportunista que hicieron a un tiempo Aníbal Fernández, Juan Carlos Tomada, que sueña con ser candidato en la Capital, Alberto Sileoni y Héctor Timerman. De pronto, el jefe de Gabinete, el ministro de Trabajo, el ministro de Educación y el canciller coincidieron en saludar la lucha estudiantil. Esta semana la protesta se extendió al colegio Carlos Pellegrini y a cuatro facultades, será interesante escuchar las opiniones de los funcionarios si el conflicto se amplía a las universidades de todo el país. El colegio citado y las casas de altos estudios no pertenecen a la Ciudad. Muchas tienen problemas estructurales y, casi todas, consumen más del 90 por ciento de sus presupuestos en pagar salarios.
Una a favor del expansivo jefe de Gabinete nacional. Si bien sus chicanas tienen mucho de especulación política, a veces se apoyan en certezas: "No me extraña (que Mauricio Macri no esté en la Capital) porque el año pasado de 365 días faltó 90".
El jefe del Gobierno porteño se encuentra en una visita oficial por París y Roma. Es cierto, como explicaron sus colaboradores, que el viaje de Macri estaba pautado desde hacía tiempo pero su ausencia en medio del conflicto estudiantil y mientras se desarrolla la investigación legislativa por las escuchas ilegales -en breve la comisión pedirá escuchar a los involucrados- sorprendió a propios y extraños.
Las dos últimas noticias que remiten al jefe de Gobierno que tuvieron mayor repercusión mediática son las que hablan de su próximo casamiento con la empresaria textil Juliana Awada y la apuesta que hizo con el director técnico Ramón Díaz por el partido Boca-San Lorenzo. El casamiento no es visto por los colaboradores de Macri como un problema. "No sé si puede influir en el electorado, pero sí en Mauricio: está enamorado, inusualmente alegre, y eso es positivo para un candidato", señaló el diputado Federico Pinedo. "Amí me pasó", explicó comprensiva Gabriela Michetti, de novia hace unos meses.
La apuesta, en cambio, sólo generó malestar. Trascendió que quien perdía el partido, asumía el compromiso de equipar tecnológicamente una escuela. Los dirigidos por Claudio Borghi cayeron frente al equipo de Boedo y el ex presidente de Boca tendrá que hacer por azar algo a lo que estaba obligado por su función. Pero eso será cuando vuelva, claro.








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