Capitanich vuelve para pelear el territorio tras el desastre Bacileff

El retorno que se consuma fue un secreto a voces varias veces desmentido hasta que no quedó más tiempo.

Apremiado por una convocatoria a elecciones primarias para el 24 de mayo y a poco menos de un mes del cierre de listas, Jorge Capitanich debió dejar la Jefatura de Gabinete para reasumir como gobernador de la provincia después de la catarata de errores cometida por su reemplazante, el gobernador interino Juan Carlos Bacileff Ivanoff, quien no dejó macana por hacer. Se peleó hasta con el espejo dicen.

En Buenos Aires los medios opositores presentaron la renuncia de Coqui como una derrota del chaqueño producto del desgaste sufrido al frente de la Jefatura de Ministros. En realidad una verdad a medias: el gobernador que regresa a para ordenar la provincia se había fortalecido en el tramo más reciente de su paso por la Casa Rosada y su regreso al Chaco fue demorado por la propia Presidenta para no perder un soldado leal en medio del forcejeo mediático por el caso Nisman, aunque quedó en claro que el ingreso de Aníbal Fernández comenzó a acelerar los tiempos de una decisión que la Presidenta tenía tomada desde tiempo atrás.

Aníbal impuso su propia impronta y de a poco fue convenciendo a Cristina de sus habilidades para un recambio que el propio desgaste de Coqui fue tornando necesario.

Se dice que Cristina Fernández de Kirchner se molestó porque Capitanich rompió el diario Clarín ante cámaras el día en que se publicaron detalles desconocidos sobre la denuncia del fiscal muerto. Difícil que así haya sido porque el entonces jefe de Gabinete hizo lo que a la jefa de Estado le hubiera gustado hacer con aquella hoja en la que podía leerse que Alberto Nisman en un momento evaluó pedir su detención, aunque luego arrojó el boceto al basurero de su departamento de Le Parc.

Capitanich criticó duramente que Clarín se asiera de un papel descartado por el propio investigador y definió como «basura» la publicación, con lo cual demostró su verticalismo a ultranza a la hora de defender la figura presidencial. Fue por ese tipo de gestos que Cristina dudó hasta el final sobre la posibilidad de dejarlo volver al Chaco para asegurar la continuidad del peronismo en el gobierno provincial.

Finalmente en la mañana de ayer, en su última rueda de prensa, el ahora ex jefe de Gabinete ratificó que le gustaría ser candidato a intendente de Resistencia, lo cual no le sería un objetivo fácil de conseguir en función a que el candidato natural, Gustavo Martínez, y ya instalado no carece de mucho margen ante su propia tropa como para descender un escalón más luego de amagar con ir por la Gobernación. Con ello Coqui dio a entender que su regreso al pago chico estaba cerca. La noticia se confirmó a las pocas horas, anunciada por el vocero presidencial Alfredo Scoccimarro, quien además dio el nombre del nuevo jefe de Ministros: Aníbal Fernández, otro soldado leal a la causa kirchnerista que vuelve un espacio que ya desempeñó en 2009, cuando le tocó reemplazar a Sergio Massa.

Coqui vuelve al Chaco con el respaldo presidencial para hacer y deshacer en lo que sea necesario a fin de recuperar el terreno perdido durante los 16 meses que la provincia estuvo en manos de Bacileff Ivanoff, lo que posibilitó entre otras cosas que hoy la favorita para sucederlo sea Aída Ayala, quien sacó ventaja en todos estos meses. Los medios nacionales no se equivocan cuando dicen que entre los motivos del regreso está el desaguisado interno causado por el gobernador sustituto que en pocas horas más deberá abandonar el principal despacho de Mitre y Marcelo T. de Alvear para dedicarse a vegetar entre las telarañas de la Vicegobernación.

Con Bacileff el ahora reinstalado gobernador de la provincia mantiene un viejo enfrentamiento que podría reiterarse como en los últimos tiempos: disimulado mediante favores políticos que el gobernador sustituto aprovechó para acumular privilegios y bienestar tanto personal como para su familia. Quizás -entre las condiciones para mantener la paz interna en el Gobierno -el vice intente colocar en algún espacio taquillero a su hijo Darío, pero eso -como todo- está por verse, más cuanto para ello Capitanich debería desdecirse del público compromiso de terminar con las dinastías y las portaciones de apellido, una referencia que se vinculó tanto con Chiyito como con el propio hermano del primer mandatario.

Capitanich llegó anoche; tiene la agenda armada más allá de que no genere la expectativa que supo generar en sus tiempos de apogeo, aún cuando el recambio de ministros y funcionarios que hará está en el comentario público.

Quizás entre los relevos no esté contemplada la salida de Pedro Miró, a quien algunos llaman el Stiusso chaqueño, como portador de viejos secretos de alcoba que le dan estabilidad más allá de que baje el perfil de su función. De hecho Chiyo dijo a propios y extraños que a Pedro no se lo toca.

Lo primero que tendrá por delante será revisar el discurso que dará ante la Legislatura chaqueña este domingo y después vendrá una serie de reuniones reservadas en las que aplicará mano dura a los desleales que fueron funcionales a los ataques lanzados hace pocos meses por Bacileff Ivanoff, en el momento más caliente de la interna con su compañero de fórmula.

Quién se queda y quién se va es la incógnita que carcome a los funcionarios acostumbrados a la comodidad de un cargo donde nadie -desde que Coqui partió a la Casa Rosada- les pedía explicaciones de nada. Se cuenta en los corrillos del poder local que el sueño de los ministros y subsecretarios fue liviano anoche, asaltados por la duda de cuáles nombres entrarán en la lista de los eyectados y cuáles otros permanecerán con una condición esencial: seguir las partituras de gobernador en una estrategia electoral que pareciera apuntar a desplazar a Domingo Peppo de la principal candidatura provincial para posicionar a Eduardo Aguilar, algo que no resultaría del todo fácil en función a la instalación lograda por el intendente de Villa Angela, quien ha reiterado a este medio su irrevocable decisión de pelear la candidatura en las PASO favorecido por las encuestas que lo muestran como el único peronista con posibilidades de pelearle a Aída.

La decisión de Coqui de postularse para la Intendencia resistenciana no será fácil. Deberá convencer a un Martínez que luego de muchos años de carrera política ve que las condiciones están dadas para pelear un lugar que siempre ambicionó. En ese marco Capitanich se resignaría a aportar desde una banca en la Legislatura provincial.

Más allá de los movimientos de piezas en tablero electoral, la misión titánica que le aguarda a Coqui es recomponer los vínculos de confianza que Bacileff se encargó de triturar con sus modos autoritarios. El gobernador «entrante» sabe que Chiyo dedicó los meses de su paso por el poder a rascarse para adentro sin importar el contrato social construido por el Frente Chaco Merece Más para lograr las victorias electorales desde 2007 a esta parte, por lo que deberá barajar y dar de nuevo en la relación con los gremios, los sectores intermedios y hasta las comunidades originarias, heridas por la muerte del pequeño Néstor Femenías que tanto le facturaron a Capitanich en la prensa nacional cuando la responsabilidad del monitoreo sanitario del pequeño recaía directamente sobre las espaldas del gobernador suplente.

En medio del desastre político ocasionado por un mandatario interino de personalidad cuando menos pendular, aparece como frutilla del postre el escándalo generado en torno a la aún incierta privatización de los casinos del interior, un proyecto exclusivamente chiyista que Coqui cuestionó reservadamente desde Buenos Aires debido al tremendo costo político que un negocio de esas características representa para el PJ en el año electoral. Habrá que ver cuándo y de qué manera apaga el incendio para, de una vez por todas, dedicarse a lo que sabe, que es hacer política en terreno para contrarrestar el avance del ayalismo.

Espera, como el común de los chaqueños, que sea la Justicia quien saque las castañas del fuego, aunque el discurso y las banderas las tomó Aída Ayala, quien terminó por capitalizar la torpe movida del oficialismo chaqueño de la mano del segundo en mando.

Dos candidatos y un solo cargo

Los que saben aseguran que esta vez Gustavo no se bajará. Cree que es su oportunidad y en los hechos no tiene margen con su propia gente para una nueva concesión, aunque quien se la pida sea Jorge Capitanich. El largo año de ausencia en el Chaco ha modificado la relación de fuerzas y el escenario. Ya nada es como era entonces, y las encuestas que se publican reflejan que Gustavo ni tiene tanta imagen negativa como muchas veces se dijo paras descalificarlo ni está muy lejos de Coqui, con apenas cinco puntos de diferencia. Lo más probable es que Capitanich termine respetando el posicionamiento del hombre fuerte de Resistencia y vaya a la Legislatura provincial.

La despedida de cristina

Ayer, en Casa Rosada, Cristina Fernández de Kirchner dirigió unas palabras recordando que «no se acostumbra a que el Presidente o la Presidenta hable en la ceremonia de asunción de algún ministro, pero quiero hablarle a dos compañeros que se van, a Juan Manzur y a Jorge Capitanich, porque ambos llegaron al Gabinete en momentos muy difíciles: ser miembro, ministro de un Gobierno que recién empieza o que está en su mejor momento político es mucho más fácil».

La mandataria afirmó que fueron «años realmente duros, no para el Gobierno, sino para la Argentina, porque una cosa es hablar y otra es gobernar», y disparó contra los legisladores de la oposición, a quienes chicaneó con que «ni siquiera pudieron legislar durante esos años» y que «son los mismos que no reconocen nada del Gobierno».

Respecto de Capitanich, recordó que también llegó en «otro momento, tal vez no con las características de 2009, pero durante 2013, cuando tuve el episodio de salud más grave -en referencia a la intervención quirúrgica intracraneal a la que fue sometida por un hematoma en el cerebro-, ahí lo convoqué a Coqui y también vino Axel (Kicillof)».

De Capitanich, la Presidenta destacó que «es tan bueno hablando como trabajando» y que «es una bestia del trabajo: arranca y no para». Asimismo, Cristina afirmó que al formalmente ex jefe de Gabinete le pegaron «palos» porque «lo que no perdonan es la capacidad de trabajo, la lealtad, cómo se juega uno por las ideas y las convicciones, porque uno puede estar en acuerdo o desacuerdo, pero todo aquel que se juega aún con los poderosos, el solo hecho de poner el cuero para defender lo que uno piensa y lo que uno siente, ya se merece el respeto de todos».

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