“Recen por mí”, pidió Alejandro Granados en una entrevista, parafraseando al Papa, tras conocerse que se haría cargo de la cartera de Seguridad.
Tras los guarismos de las PASO comenzaron los rumores de un posible desdoblamiento del Ministerio de Justicia y Seguridad, amplificado por el pase a retiro del superintendente de Investigaciones en Función Judicial, número dos de la policía bonaerense, Jorge Nasrala, que fue apartado de la fuerza por sus contactos con Sergio Massa.
Las hipótesis, además, hablaban de una posible salida de Casal y la danza de nombres comenzaron a circular según el paso de los días. Las aguas se calmaron con la desmentida del vocero del gobernador, Alejandro Delgado Morales.
Sin embargo, la última palabra llegó en el medio de un acto en Berazategui, en el marco de la entrega de 11 móviles policiales y la firma de un convenio para la adquisición de 40 cámaras de seguridad, donde Daniel Scioli anunció el desdoblamiento, la permanencia de Casal y el arribo del kirchnerista Alejandro Granados.
La novedad vigorizó el escenario político en un momento en que la campaña política se ha traducido en un libro de pases abierto donde, lejos de respetar la decisión de electorado, los dirigentes trasmutan de un espacio político a otro de la noche a la mañana.
La decisión de ubicar al intendente de Ezeiza, hombre fuerte del kirchnerismo, como cabeza del ministerio bonaerense más polémico, despertó el debate y las conclusiones estuvieron a la orden del día. La jugada de Scioli fue acusada de esconder ribetes que respondían a una orden presidencial, desestimada por el gobernador, tras el salto de Leonor Granados, la hermana del mandamás ezeizense, a las filas massistas.
Es que la última jugada familiar puso la mirada en aquel municipio y la lealtad de los Granados quedó en duda. Las conjeturas sostenían que, si la suerte abandonaba definitivamente al FpV en octubre, el desplazamiento al espacio ganador ya estaría iniciado de la mano de su propia hermana.
Si bien el intendente y su mujer, la diputada nacional Dulce Granados, intentaron despegarse de esas versiones y ratificaron su alineamiento al FpV, Scioli, apuró al intendente con este pedido para evitar fraccionamientos internos, conteniéndolo en su espacio y respondiendo además con una cara nueva la demanda social más reiterada por los bonaerenses.
Por otro lado, tras el desdoblamiento, el ex motonauta no habría querido dejar mal parado a Ricardo Casal, eje de críticas de propios y ajenos. Ubicarlo al frente de Ministerio de Justicia es leído como un respaldo a su gestión, pero también como un resto de autonomía al mantener a un hombre de su confianza en el organigrama bonaerense.
La designación de Granados recibió apoyos y cuestionamientos. Lo cierto es que el cacique de Ezeiza tiene una histórica relación con la seguridad, luego de haberse cruzado a tiros, en 1999, con delincuentes que ingresaron a su casa. La recordada frase “ojalá les hubiera pegado, lamentablemente tuve mala puntería”, es la carta de presentación de un dirigente que llamó a armarse para enfrentar “la guerra” e hizo de la política de seguridad un programa de gestión gubernamental en su distrito, ubicándose como el primero en implementar el sistema de cuadrículas, las cámaras de seguridad y patrullaje por zonas durante las 24 horas. Iniciativa imitada en varios distritos.
Por estas horas el pliego que busca formalizar el desdoblamiento ministerial ya ingresó a la Cámara de Diputados y se prevé que el jueves se revierta la decisión impulsada en 2010 por el propio Scioli, quien con esa medida atemperó la salida del cuestionado Carlos Stornelli que, golpeado por el caso de la familia Pomar, retornó a su sillón de fiscal federal.
Este nuevo viraje no sólo busca ponerle fin al fracaso de la unificación, sino retomar las riendas de un problema en el que otros dirigentes, como Sergio Massa, han tomado protagonismo.





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