Por: Fernando Gonzalez.La palabra de moda es ballottage. Pero no el ballottage porteño que se llevará a cabo el domingo próximo. Ese ya está definido y Mauricio Macri debería liderarlo con comodidad si no comete errores groseros.
Por eso, la palabra ballottage comenzó a ser pronunciada por los temerosos labios opositores a los que la parafernalia comunicacional kirchnerista los había convencido de que nada podía evitar el paso triunfal de Cristina en la primera instancia de octubre sin necesidad de segunda vuelta. El renacer opositor de los días posteriores al triunfo de Macri en Capital fueron neutralizados desde la Casa Rosada con el argumento de una supuesta preferencia social por los oficialismos de turno que incluiría inexorablemente a la Presidenta. El último viernes hubo una encuesta informal entre los asistentes al restaurante central de la Exposición Rural, en el que eran mayoría los políticos y empresarios opositores, y previsiblemente la alternativa del ballottage presidencial se impuso a la de una eventual definición en primera vuelta. Pero el mazazo santafesino que se consumó anoche terminó de despertar a los estrategas kirchneristas más acostumbrados a plantear sus ideas desde el pesimismo, una marca registrada de los dirigentes entrenados en la burocracia partidaria.
Si no ganamos en primera vuelta, perdemos en la segunda, fue la frase que un alto funcionario K pronunció esta semana ante interlocutores que seguían mareados por el humo triunfalista de los últimos meses, ése blindaje que consolidó la imagen de Cristina tras sobreponerse a la muerte de Néstor Kirchner y que la acompañó hasta el cierre de listas en el que se mostró demasiado soberbia y prescindiendo de los aliados históricos de todo dirigente justicialista: los gremios y los peronistas con poder territorial.
Las rutas que unían Buenos Aires con Santa Fe ayer se poblaron de dirigentes opositores que buscaban recuperar en un atardecer el tiempo perdido de los últimos meses. Hermes Binner comenzaba a preocuparse por la buena elección de Miguel del Sel y la amenaza sobre las chances de su candidato, el socialista Antonio Bonfatti. Ricardo Alfonsín contaba las intendencias que la UCR se adjudicaba para mostrar que la estructura radical puede ser una herramienta clave camino al 23 de octubre.
Y también jugaba sus cartas Eduardo Duhalde, buscando colgarse de la sorprendente perfomance del Midachi Del Sel y encontrar una plataforma más sólida que aquel acuerdo con Alberto Rodríguez Saá que estalló por los aires cuando casi pierde en una interna porteña que bordeó el delirio político.
Hasta Mauricio Macri pisó el suelo santafesino y anoche le pedía a sus colaboradores que transmitieran que él era una especie de nuevo líder de la oposición. Tal vez lo sería si se hubiera animado a ser candidato a presidente. Pero no se animó y ahora el destino nacional de la oposición está en otras manos. El que pueda asomar la nariz en las internas primarias del 14 de agosto es el que tendrá la chance de derrotar al kirchnerismo si se confirma para ellos la ilsución del ballottage.








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