Ayer se mostraron juntas bajo el paraguas político de Cristina. Pero por abajo mantienen la puja por espacios de poder. La Cámpora, la más mimada, es vista con celo por el resto.
Con el triunfo de Héctor Cámpora el 11 de marzo de 1973, la “juventud maravillosa” de Perón vio su sueño hecho realidad. Había llegado al poder de la mano de un presidente justicialista de izquierda. Había luchado durante 18 años contra la proscripción del peronismo. Con Cámpora al gobierno, habían puesto a Perón en el poder.
Pasaron casi cuatro décadas y una terrible dictadura, y los jóvenes vuelven a ser protagonistas de la escena política. Pretenden establecerse como la columna vertebral del proyecto reeleccionista de Cristina Fernández.
Ella los escucha y a veces les hace caso. Transmiten el espíritu progresista de aquella JP en otro contexto político y social.
Aunque –como en otras épocas– entre ellos afloran las internas por cargos y candidaturas. Por eso, aunque ayer se mostraron todos juntos, entre las distintas agrupaciones juveniles K abundan las diferencias subterráneas.
Los niños mimados son los muchachos de La Cámpora, la agrupación creada por el primogénito de los Kirchner. Ahora la conduce Andrés “Cuervo” Larroque, un subsecretario de la jefatura de Gabinete, pero la integran varios funcionarios y un legislador.
Entre ellos están Juan Cabandié, Mariano Recalde, José Ottavis, Wado de Pedro, Iván Heynn y Julián Alvarez. CFK mandó a medir a Cabandié: lo quiere en la lista de diputados nacionales por la Capital Federal. Y escucha, siempre, a Wado de Pedro, hijo de desaparecidos, vicepresidente de Aerolíneas Argentinas. Los chicos de La Cámpora también ponen candidatos a intendentes en la provincia de Buenos Aires.
Pero en la JP Evita, que compartió tribuna con La Cámpora y también la organización, van por lo mismo. “Nosotros también queremos cargos en el Gobierno. Y bancas en el Congreso. Porque representamos a un sector diferente de La Cámpora. Nosotros somos la militancia territorial, ellos representan a la clase media”, lanzó uno de los dirigentes de la Evita.
En la organización del acto, la JP Evita se mostró más activa no sólo para exhibir poder de convocatoria sino porque el novimiento de Pérsico fue fundador de la Corriente Nacional de la Militancia.
También trabajaron los muchachos de la Juventud Sindical, que maneja el hijo del líder de la CGT, Facundo Moyano. Representan a un sector más ortodoxo del peronismo, militan en conjunto con las 62 organizaciones y tienen fuerte arraigo en la Capital Federal, donde apoyan la candidatura del ministro de Economía, Amado Boudou.
Ellos también buscan lugares en las listas, espacios de poder para incorporar referentes que los “representen” en el Ejecutivo y el Congreso. Como en todas las elecciones, esta será una discusión que se cerrará al límite del cierre del plazo para la presentación de listas.
Todos saben que la idea de CFK es prepararlos para la continuidad del proyecto K en 2015. “Cristina quiere que los jóvenes la sucedan cuando termine los próximos cuatro años de Gobierno”, dicen los dirigentes juveniles, dando por descontado un triunfo de la jefa de Estado.
“No tiene, hasta ahora, un sucesor que ella pueda considerar propio. A Scioli no lo siente del riñón y en el gabinete, salvo Abal Medina, no hay una figura visible del proyecto”, aseguran.








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