2015: la campaña se mete en el barro

2015: la campaña se mete en el barro

Ansiosos, los candidatos presidenciales dejan de lado las buenas costumbres y se sumergen en una batalla poblada de acusaciones cruzadas, operaciones políticas y otras yerbas

La campaña comenzó hace tiempo. Descompasada del cronograma electoral, que aún está de vacaciones. Se inició tibia, moderada, casi amable. Los tres candidatos a la carrera presidencial con mayor handicap en las encuestas intentaban no subir el tono. Sin embargo, la ansiedad política y la necesidad de diferenciarse y de posicionarse elevaron la temperatura en la anticipada pelea electoral entre Daniel Scioli, Sergio Massa y Mauricio Macri.

La evidencia fue el enojo del gobernador bonaerense ante las cámaras de TV. Scioli sabe manejar sus emociones ante el público de una manera que para muchos es admirable. Sin embargo, esa noche, en comunicación telefónica con un programa de canal América, no se contuvo, y acusó directamente al intendente de Pilar, Humberto Zúccaro, de atender la orden de su jefe, Sergio Massa, y poner en marcha una campaña sucia en su contra.

La acusación fue un verdadero cachetazo. La campaña sucia parecía que comenzaba a ingresar en la precampaña 2015. Para muchos analistas, la pelea de los presidenciables no llega todavía a esa categoría, pero asciende en el nivel de litigio y agresiones cruzadas.

Aún están en la memoria las operaciones políticas que se dispararon en 2009, cuando Néstor Kirchner peleaba su poder contra la alianza de Macri, Felipe Solá y Francisco de Narváez. Kirchner perdió y dejó en el camino la acusación contra De Narváez, por su-puesta relación en la causa por el tráfico ilegal de efedrina.

Dos años después, en 2011, la operación apuntó al oficialista Daniel Filmus, por ese entonces candidato a la jefatura de Gobierno porteño. El ex ministro de Educación no ga-nó la Ciudad, pero sí la batalla contra Jaime Durán Barba, asesor de Mauricio Macri.

El publicista fue procesado por operar un supuesto vínculo entre el padre de Filmus y Sergio Schoklender (procesado por malversación de fondos).

El fin de una época, de un clan, y la renovación obligada de la jefatura de la provincia de Buenos Aires son, sin duda, condimentos suficientes para cargar de presión las futuras elecciones. El lanzamiento anticipado de los postulantes, que no temen el desgaste de una campaña extensa, también atiza la cuestión.

En el FpV es evidente que el único candidato visible es Daniel Scioli, y la discusión pasa hoy por definir quién será su compa-ñero de fórmula. En el Frente Renovador y el PRO, Massa y Macri no necesitan re-fundar sus jefaturas.

Estas definiciones, lejos de ordenar la competencia, avivan la disputa. Scioli le pega a Massa, sin rodeos, y Massa hace lo propio. Ambos envían a sus voceros a man-tener el fuego de la discusión. Macri, por el momento, se mantiene más atado a la pelea con el Gobierno nacional.

“Son tres moderados, que no están acostumbrados a la pirotecnia verbal”, indica el escritor y verborrágico hombre de la política Jorge Asís. “Son iguales”, agrega, con ironía. Y esta similitud lleva a tomar posiciones más extremas.

El fantasma del balotaje, que perjudica a Scioli y a Massa, obliga a profundizar las diferencias. “La pelea no es sólo arriba, entre los jefes, las riñas más fuertes se están gestando en los territorios”, dice con atención un operador político del massismo. Allí, el universo es vasto, y muchas veces las operaciones políticas se dan entre fuerzas que participan del mismo armado. “No va a ser fácil lograr que jueguen todos para el mismo lado”, remarca.

En el caso del PRO, la pelea interna se siente fuerte en la Ciudad de Buenos Aires, donde tienen atomizada la estructura. Acostumbrado a campañas en contra por parte del kirchnerismo, el PRO mira con atención la urgencia de ex-tender su fuerza hacia las demás provincias.

Con demasiados tropiezos en el área de comunicación, y la necesidad de atenuar el impacto de los conflictos que día a día se gestan en la Provincia, Scioli no duda en dar la ba-talla. Parece que la confrontación es inevitable. Massa, en tanto, levanta el perfíl y las críticas, consciente de la necesidad de extender su crédito en el país. Ambos saben que la contienda, como si fueran las aguas que suben, puede traer mucho barro.

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