De la valija de Antonini Wilson a la "embajada paralela"

Por Hugo Alconada Mon |

El 4 de agosto de 2007, un vuelo identificado como de "Presidencia Argentina" aterrizó en el aeroparque Jorge Newbery. El cóctel fue explosivo: una rubia, una morocha, funcionarios argentinos, un empresario venezolano llamado Guido Alejandro Antonini Wilson y una valija con 800.000 dólares que saltó en los controles que no deberían haberse hecho.

Cinco años después, aquel incidente abrió la senda para ahondar en la petrodiplomacia de Hugo Chávez y en la llamada "embajada paralela" del kirchnerismo en Caracas.

El escándalo, sin embargo, sólo estalló más de 60 horas después de que la Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA) decomisara la valija y se labrara un acta. Se filtró el 6 de agosto, minutos después de concluido un acto que Chávez, el presidente Néstor Kirchner y la entonces senadora Cristina Fernández de Kirchner compartieron en la Casa Rosada.

Antonini presenció ese acto, pero no dejó ningún rastro en los registros de ingresos y salidas de la Casa de Gobierno. Por eso, durante los siguientes dos años y cuatro meses, el kirchnerismo negó que el supuesto "valijero" había ingresado a la Casa Rosada. Hasta que así quedó expuesto en un video de Canal 7 que recuperó la Justicia en noviembre de 2009.

En cuestión de horas, el escándalo se cobró su primera víctima. Cayó Claudio Uberti, titular del Órgano de Control de las Concesiones Viales (Occovi), hombre de extrema confianza de Kirchner, recaudador de sus últimas campañas y jefe de la comitiva que voló en el avión que transportó la valija repleta de dólares.

De regreso en Estados Unidos, donde aún reside y cuya ciudadanía obtuvo gracias a su madre, Antonini esperó una señal de los gobiernos de Kirchner y Chávez durante los primeros días. Pero ante la indefinición y el escándalo creciente, contactó al FBI. Su colaboración, sin embargo, sólo trascendió en diciembre de aquel año, cuando el FBI detuvo a los venezolanos Franklin Durán, Carlos Kauffmann y Moisés Maiónica, y al uruguayo Rodolfo Wanseele Paciello. Los acusó de actuar como agentes encubiertos en Florida para negociar con Antonini que asumiera esos 800.000 dólares como propios a cambio de dos millones.

Durante los meses que siguieron, también comenzaron a surgir indicios de que al menos otra valija con 4,2 millones de dólares se había transportado en aquel vuelo y que había llegado a destino sin que fuera detectada por la PSA, lo que Antonini refrendó durante el juicio abierto en Miami contra sus interlocutores.

Durante aquel juicio, que los gobiernos argentino y venezolano rechazaron como una maniobra política de la Casa Blanca, también surgieron indicios y testimonios sobre el supuesto destino final de aquel dinero: la campaña de Cristina Kirchner. Pero otros testimonios en la Argentina y en Venezuela, sin embargo, apuntaron otra motivación: un clearing aéreo de las coimas bilaterales.

El ex embajador argentino en Caracas Eduardo Sadous ya había alertado sobre ciertas zonas oscuras en la relación bilateral en un cable que envió a la Cancillería en enero de 2005 y que en cuestión de semanas le costó su retorno a Buenos Aires, donde quedó congelado hasta su retiro.

En aquel cable, Sadous alertó sobre la "gravísima situación" de "corrupción" por la sugestiva desaparición de 90 millones de dólares del citado fideicomiso. Y, luego, ante la Justicia y en el Congreso, detalló que su entonces agregado comercial, Alberto Álvarez Tufillo, se comunicó con él. "Dice Uberti que te dejes de joder, que no te metas, porque [las relaciones comerciales con Venezuela] es territorio de ellos", dijo el ex embajador que le transmitió el agregado.

Con el "caso Antonini" en ebullición y con Uberti ya fuera del Gobierno, el secretario privado del ministro Julio De Vido, José María Olazagasti, tomó el rol de embajador "paralelo" o "comercial" ante Venezuela. Y también ante Ecuador, lo que surgió a la luz por otros cables reservados de la Cancillería que reveló LA NACION.

El subsecretario de Integración Económica Americana y Mercosur, Eduardo Sigal, alertó a su flamante canciller, Héctor Timerman, que Olazagasti había excluido a dos empresas argentinas en su gira por Caracas, mientras que privilegiaba a otras firmas locales con las que su ministerio mantenía una mejor sintonía. Sigal emitió el cable más sensible el 25 de junio de 2010. Y aunque no usó la palabra "corrupción", como el embajador, sí calificó la actuación de Olazagasti como "paralela".

La palabra "paralela" no pudo filtrarse en un peor momento. Por entonces, Timerman redobló sus críticas contra la prensa por revelar supuestas gestiones "paralelas" del equipo de De Vido. En particular, con la intermediación de dos firmas, Palmat y Madero Trading, que les cobraban comisiones del 15% a los fabricantes locales de maquinarias agrícolas para así vender en Venezuela. Pero el canciller acusó a los periodistas: "Quieren seguir inventando".

En Caracas, el "maletinazo", como se conoció al "caso Antonini", no provocó la caída de ningún funcionario. Por el contrario, dos de ellos fueron ascendidos: Henry Rangel Silva a jefe de las fuerza armadas, y Tarek El Aissami, a ministro del Interior.

También conservaron sus puestos en la petrolera estatal venezolana (Pdvsa) su máxima autoridad, Rafael Ramírez, y el jefe del área de seguridad, Rafael Reiter, sospechado de ser el "valijero" que llevó la valija o las valijas con dinero hasta el avión. Sólo cayó Diego Uzcátegui, gerente clave dentro de la petrolera y padre de uno de los pasajeros venezolanos, Daniel.

Las investigaciones judiciales abiertas en los tres países mostraron esa misma disparidad de resultados. En Estados Unidos, los cuatro acusados fueron condenados; en la Argentina, Uberti fue sobreseído, mientras que Antonini se resiste a viajar a Buenos Aires; y, en Venezuela, jamás se investigó.

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