El PRO mueve sus fichas en la provincia

El PRO mueve sus fichas en la provincia

Esta semana marcó el retorno de María Eugenia Vidal al ruedo político en territorio bonaerense y evidenció también que su principal aliado, Horacio Rodríguez Larreta, está dispuesto a dar vuelta la página y no repetir candidatos derrotados, sino que quiere impulsar a nuevas figuras para competir contra el peronismo a partir del 2021, para lo cual ya envío como armador a su vice, Diego Santilli.

La ex gobernadora, salvo por esporádicas apariciones en revistas de chimentos por su romance con el periodista Enrique Sacco, se mantuvo hasta ahora en un absoluto ostracismo, del que salió intentando reflotar su posición conciliadora, pidiéndole a los legisladores e intendentes que le siguen siendo leales que no le pongan palos en la rueda a Axel Kicillof.

La estrategia de Vidal es profundizar sus diferencias con la conducción nacional del PRO, que claramente tendrá una posición más confrontativa con el gobierno nacional, es decir, que buscará repetir la fórmula que aplicó de manera oscilante durante su mandato, mostrando al menos de forma testimonial marcadas diferencias con las medidas y posiciones del entonces presidente Mauricio Macri.

Pero el jefe de Gobierno porteño tiene otros planes y como ya adelantamos en este espacio, planea mediar a Martín Lousteau y mandarlo a recorrer la provincia para erigirlo como un candidato de consenso entre el radicalismo y el PRO, aunque podría toparse con la resistencia de sectores del campo, muy cercanos al macrismo, pero que todavía miran con recelo al verdadero creador de las retenciones móviles que terminaron con el conflicto por la resolución 125.

El plan B de Rodríguez Larreta es cerrar un acuerdo más sólido con Emilio Monzó y darle mayor libertad de acción al ex titular de la Cámara de Diputados para que recupere el terreno perdido y se prepare para dar pelea recién en 2023, utilizando las elecciones de medio término como una herramienta para medir fuerzas con el resto de los integrantes de Juntos por el Cambio.

El otro referente del PRO que no se quiere quedar afuera es Jorge Macri, que también salió a plantar bandera y al igual que Vidal busca dar una muestra de fuerza a través del apoyo eventual de intendentes y sobre todo legisladores, que esta semana salieron con fuerza a respaldarlo en las redes sociales luego de que el gobernador lo acusara de seguir atado al marketing político.

Los laderos de Macri aprovecharon la ocasión para preguntarse si el actual mandatario "tiene miedo" de que "un intendente exitoso", recorra la provincia y se ponga en contacto con los vecinos, porque eso podría poner en evidencia las falencias de la gestión bonaerense.

Lo que está claro es que al menos por el momento no hay un único liderazgo y las principales figuras del PRO miden a sus rivales internos y evalúan las medidas a tomar para dar muestras de fuerza antes de que comience una disputa real por el control territorial, ya que todos buscan esquivar una confrontación abierta.

La incógnita es además qué rol jugará el radicalismo, también inmerso en una interna feroz que tiene por lo menos dos posiciones, una que representa el actual titular del comité provincia, Daniel Salvador, que pretende darle continuidad casi sin cambios a los acuerdos con sus socios políticos y un sector que busca fortalecer a la UCR dentro de la alianza y ganar mayor injerencia en la toma de decisiones.

El principal problema del partido centenario es que al igual que el PRO, no tiene una figura excluyente que logre concentrar la atención de todos los espacios internos y la derrota electoral permitió que todos aquellos con posturas más críticas a los acuerdos dentro de Cambiemos se hicieran más visibles, sobre todo en los casos en los que los intendentes lograron retener sus distritos y evitar la ola azul del Frente de Todos.

Además, en esa disputa el oficialismo mete la cola e intenta mejorar la relación con los alcaldes radicales para fortalecer aún más su posición y quizá quebrar en el futuro lo que queda del bloque de la oposición es el Senado, principal obstáculo del Ejecutivo para avanzar con leyes claves sin tener que poner en juego acuerdos de alto nivel ni entregar parte del poder de la provincia.

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