La coronación final del cordobesismo

La coronación final del cordobesismo

El gobernador construyó una victoria aplastante frente a Cambiemos, que llegó a la elección dividido. La influencia de la capital, la provincialización del triunfo y la unidad forzada con los K. 

Por GABRIELA PEPE.

La reelección estaba asegurada pero los números fueron más demoledores de lo previsto. Con el  56%% de los votos al cierre de esta nota, Juan Schiaretti obtenía una victoria aplastante frente a los radicales Ramón Mestre Mario Negri y sellaba el poderío del peronismo en Córdoba. El triunfo encontró un gran aliado en la división de Cambiemos y en los malos manejos de la Casa Rosada en una interna que nunca pudo controlar, pero el gobernador se allanó el camino con la construcción de una fuerza poderosa, la provincialización de la elección, la apuesta a la gestión en la capital provincial y el aporte de los votos del kirchnerismo malquerido.

Schiaretti tuvo un gran aliado en la crisis de Cambiemos, pero se allanó el camino con la construcción de una fuerza poderosa.

La confirmación del quiebre de Cambiemos y la interna áspera entre Mestre y Negri, a principios de marzo, le confirmaron a Schiaretti que tenía vía libre para la reelección, aunque el gobernador ya descansaba desde hacía meses sobre números alentadores, construidos a fuerza de forjar una identidad propia para el peronismo cordobés, de buena relación con la Casa Rosada y distancia con el kirchnerismo.  

La victoria de Schiaretti encontró, además, una razón fundamental en la presencia del gobierno en la capital, que concentra el 40% del padrón. La proliferación de obras en la ciudad con el sello provincial contrastó con la gestión deslucida de Mestre y llevó la imagen positiva del gobernador al 70%.

Con ese número demoledor de imagen positiva, convertido en el “único elector”, como lo definieron en su comando de campaña, Schiaretti arrastró a la victoria a los referentes de Hacemos por Córdoba en todas las categorías. La más resonante fue la de Martín Llaryora, que logró un resultado histórico para el peronismo, que ahora gobernará la provincia y la segunda ciudad del país.

Como intendente de la ciudad, Llaryora quedará, junto al vicegobernador Manuel Calvo, ya posicionado en la carrera por la renovación del peronismo cordobés, que alternó durante décadas las gobernaciones de José Manuel de la Sota con las del propio Schiaretti y ahora abre la temporada de la disputas por los nuevos liderazgos. La victoria de Natalia de la Sota, hija del ex gobernador, portadora de un apellido cordobés ilustre y elogiada en su rol político, también alienta el recambio generacional.   

Los números de la victoria le dan al gobernador un aumento exponencial de su poder en el territorio: tendrá bajo su control dos tercios de la Legislatura, un número histórico.

Schiaretti supo, además, ampliar las fronteras del peronismo. En el entorno del gobernador cuentan que fue la misma noche de la derrota frente a Cambiemos en las legislativas de 2017, cuando el cordobés decretó el fin de Unión por Córdoba para empezar a pensar en el armado de una nueva fuerza, que concretó en marzo de este año con el lanzamiento de Hacemos por Córdoba, un frente que le renovó la cara al oficialismo e incorporó al arco progresista, el socialismo y el Gen. En boca de un dirigente opositor, el nacimiento del “cordobesismo” con el que, cree intenta impulsar Schiaretti, a la manera del Movimiento Popular Neuquino o del Frente Cívico de Santiago del Estero, hegemónicos en el poder.

Los números de la victoria le dan al gobernador un aumento exponencial de su poder en el territorio. La Legislatura local se compone de 70 miembros, de los cuales 26 son departamentales - y se eligen a razón de uno por departamento -, mientras que los otros 44 se eligen de manera proporcional. Con los números obtenidos este domingo y el triunfo en 25 departamentos Schiaretti tendrá bajo su control dos tercios de la Legislatura, un número histórico.  

Dentro del peronismo también se borraron las diferencias. Aunque no hay existido acuerdo macro explícito, el kirchnerismo apoyó sin miramientos a Schiaretti después de que la ex presidenta decidiera bajar la lista de Unidad Ciudadana, que iba a encabeza Pablo Carro, que en 2017 obtuvo casi diez puntos como candidato a diputado. En tierra hostil, el cristinismo, como tal, prácticamente emprendió la retirada. Los referentes K locales, el ex secretario de Derechos Humanos Martín Fresneda y la diputada nacional Gabriela Estévez, se pronunciaron públicamente a favor del gobernador. En una provincia con un electorado de sesgo fuertemente anti kirchnerista, las alianzas con la dirigencia K se cerraron por lo bajo en los distritos, sin demasiadas estridencias. En Leones, por ejemplo, Hacemos por Córdoba llevó como candidato a intendente a Fabián Francioni, ex diputado nacional que reivindica su pertenencia kirchnerista y profesa admiración por Cristina Fernández de Kirchner.

El total de los votos que obtuvo Schiaretti en esta elección mostró la suma casi aritmética de los votos del PJ cordobés con el kirchnerismo. En 2015, el gobernador ganó la elección con casi 40% de los votos y el entonces candidato del Frente para la Victoria, Eduardo Accastello, obtuvo el 17,17%. Accastello fue ahora candidato a legislador provincial por el departamento de San Martín en la lista Hacemos por Córdoba.  

El total de los votos que obtuvo Schiaretti en esta elección mostró la suma casi aritmética de los votos del PJ cordobés con el kirchnerismo.

Aunque como invitado no reconocido, el kirchnerismo festejó el triunfo de Schiaretti como propio, sobre todo por el golpe que significa para Mauricio Macri en el segundo distrito electoral del país, el que le dio al Presidente la llave para el triunfo en 2015. En Córdoba, la meca macrista que le dio casi el 72% de los votos en el ballotage, Macri conserva todavía una imagen positiva que ronda el 40%. El Presidente comparte con Schiaretti una buena parte del electorado, incapaz de volcarse a Cristina.  

Sin embargo, el golpe para la Casa Rosada es letal, tanto por la distancia abismal que les sacó Schiaretti a sus candidatos en la provincia y en todas las localidades como por el valor simbólico que tiene Córdoba para Cambiemos, que encontró en el triunfo de Marcos Juárez la cuna de la alianza, hace cinco años. En esa ciudad, Schiaretti obtuvo el 65,39% de los votos, lejísimos del 16,06% de Negri y del 8,37% de Mestre.

Montado sobre esa derrota histórica de Cambiemos, el Consejo Nacional del PJ, enrolado en el ala K, salió rápidamente a felicitar al gobernador reelecto, en un comunicado que llevó la firma de José Luis Gioja y Gildo Insfrán, y destacó que “el peronismo en unidad de acción constituye una fuerza electoral invencible, algo que quedará demostrado en octubre”, en un intento por convencer al PJ cordobés de la necesidad de acercar a las partes para derrotar a Macri en la presidencial.

Pero Schiaretti mantiene sus planes y están lejos del kirchnerismo. Victoria en mano, el cordobés intentará constituir su rol como árbitro y ordenador del peronismo federal, que aún no define cómo resolverá los nombres de sus candidatos. Según dijo a Letra P un integrante de su mesa chica, el gobernador dejará pasar unos días para disfrutar de su triunfo en Córdoba y luego se pondrá a disposición del espacio para acelerar las definiciones.

Schiaretti sostiene que Alternativa Federal debe dirimir las candidaturas en una primaria y que el peronismo debe ser la columna vertebral de una fuerza que incluya también al progresismo y hará pesar esa mirada, con los votos del segundo distrito electoral del país en el bolsillo. Durante la campaña, el cordobés alambró la provincia y evitó la injerencia de los dirigentes nacionales, a quienes directamente les pidió que se abstuvieran de viajar a su territorio, también para la noche del festejo. Roberto Lavagna, Juan Manuel Urtubey y Sergio Massa se comunicaron este domingo por teléfono con Schiaretti para felicitarlo por el triunfo y ahora esperan que levante la veda cordobesa para empezar a trabajar de cara a la elección presidencial, cuando faltan apenas 40 días para el cierre de listas.

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