Vislumbran un techo más bajo para las futuras subas salariales

Vislumbran un techo más bajo para las futuras subas salariales
Los empresarios aseguran que es otra señal de moderación de Cristina. Los economistas observan que así se reconoció una inflación de 25%. Viene la pelea por las asignaciones.
La negociación por el salario mínimo del viernes dejó felices a los empresarios, que presenciaron el fracaso del líder de la GCT, Hugo Moyano, en su afán por conseguir llevar el piso a $ 2.400 y ahora se frotan las manos dando por sentado que las paritarias no se reabrirán este año y esperando que en 2012 prime otra vez la “prudencia”. En cambio, el moyanismo se tuvo que conformar con evitar que la suba fuera escalonada y una promesa verbal del ministro Carlos Tomada de convocarlos a negociar una suba en el tope salarial para cobrar asignaciones familiares en diez días. Incluso, los referentes del empresariado esperan que la Anses afronte gran parte (sino todo) del costo de esta segunda iniciativa.

El vicepresidente de la UIA, Daniel Funes de Rioja, consideró ayer que “primó el camino de lo posible” y el presidente de la Confederación Argentina de la Mediana Empresa (CAME), Osvaldo Cornide, opinó que la solución fue “buena”. Ambos dirigentes admitieron que la suba del salario mínimo no afectará a las empresas con trabajadores bajo convenios colectivos. “Las escalas básicas de los convenios de todos los sectores están muy por encima del mínimo”, admitió el dirigente de la mediana empresa.

El economista laboralista Ernesto Kritz opinó que, si bien la suba del salario mínimo a $ 2.300 de este viernes impactará muy poco en el mercado laboral ya que las categorías más bajas de todos los convenios salariales son superiores a $ 2.500, significa “una señal impulsada por el Gobierno” de que las negociaciones futuras serán “a la baja” y alcanzarán porcentajes más cercanos a los propuestos por el empresariado.

Promedios. “Hay señales de moderación por parte del Gobierno y esto puede ser interpretado como cierta preocupación oficial por la inflación”, dijo el director de SEL Consultores. Una suba del salario mínimo del 25% implica un aumento inferior al promedio de los incrementos obtenidos en las negociaciones colectivas, que, según estimó Kritz, rondaron 28 a 29 por ciento.

Para Agustín Salvia, del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, del acuerdo del viernes podría inferirse que a partir de ahora no se produzcan subas salariales que excedan las de los precios. Con la suba negociada, “las tres partes –empresarios, sindicatos y Gobierno– reconocieron que la inflación de los últimos doce meses rondó el 25%”, dijo.

El principal obstáculo para alcanzar un acuerdo el viernes fue que Moyano aceptaba una cifra menor a $ 2.400. El líder de la CGT mantuvo la tensión durante varias horas, frenando la firma del acta de acuerdo. Un dirigente de su facción contó a PERFIL que “la negociación fue muy dura y hubo roces porque un sector nuestro, con ‘el Negro’ a la cabeza, no quería firmar el acuerdo. Decían que 2.300 era insuficiente”.

Pisos. “Finalmente –contó–, nos fuimos con la promesa de que en diez días nos volvemos a reunir en una mesa de trabajo en el Ministerio para tratar asignaciones familiares. Moyano está pidiendo que el salario familiar alcance a los trabajadores de hasta $ 6.400 de salario mensual. También pedíamos que el piso del mínimo no imponible suba a esa cifra, pero el impuesto a las ganancias no se pudo tratar.”

Según fuentes de la CGT, en un principio, los empresarios “no querían que (la suba) pasara los $ 2.120”, lo que implica poco más de 15% de aumento. “Nos costó mucho sacarles 200 mangos. Pero en la CGT algunos tenían ganas de romper las pelotas, como ‘el Negro’. Hubo mucha discusión entre nosotros. Terminamos arreglando porque prometieron negociar asignaciones familiares y la posibilidad de convocar el próximo Consejo del Salario en marzo, en vez de julio”, agregó el moyanista consultado.

Pero los sindicalistas saben que es una promesa de patas cortas. Para llamar al Consejo del Salario en marzo, el Gobierno debería modificar la ley que regula el Consejo y muchos creen que nunca pasará.

El ministro Tomada, por su parte, se comprometió a “estudiar” la posibilidad para “calmar a los que rompían las pelotas”, contó ayer a este medio un alto dirigente de la CGT.

“Esta negociación nos fija una pauta para los salarios de 2012 porque nos permite medir fuerzas y pulso, pero no reabre ninguna paritaria”, analizó ayer un gremialista

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