Después de dos años, la necesidad y la urgencia los unieron en materia de seguridad. Néstor Kirchner resolvió involucrarse y Daniel Scioli aceptó revertir la política de complacer a la policía bonaerense a cambio de nada. Hecha trizas la pretensión de alcanzar una regulación policial del delito que garantice la paz social, el ex presidente y el gobernador anuncian ahora un cambio de estrategia con eje en la batalla contra los desarmaderos de autos.
Kirchner repite en privado que la corrupción policial es la cuenta pendiente más importante que tiene la democracia y se jacta de no tener compromisos con la Bonaerense. Su sobrevida, en cambio, no puede prescindir del poder político y territorial de los intendentes del Gran Buenos Aires que entablan relaciones ambivalentes con la fuerza. "Para muchos los desarmaderos y el delivery de repuestos robados también son un problema", afirmó un funcionario bonaerense. En tanto, un especialista que trabajó junto a Felipe Solá le dijo a Crítica de la Argentina que la avanzada del ex gobernador contra los desarmaderos redujo la tasa general de homicidios entre un 25 y un 30 por ciento. Todos reconocen que el esquema que entró en vigencia con la llegada del gobernador y su ministro a la provincia está agotado. "Stornelli es un policía más", graficó un miembro del gabinete sciolista que, sin embargo, nunca se llevó mal con la Bonaerense. En la provincia aseguran que el ministro escucha demasiado al comisario mayor Hugo Matzkin, flamante superintendente de Investigaciones, a quien le atribuyen relaciones con Mario "Chorizo" Rodríguez y Osvaldo Seisdedos.
El caso Pomar y los últimas muertes llevaron a Scioli a reconsiderar su opinión sobre la fuerza. El gobernador presiona sobre Stornelli: "Demos mensaje, demostremos que no tenemos nada que ver", exige. La denuncia contra policías retirados es considerada en La Plata un manotazo de ahogado. Sin embargo, su presentación coincide con la necesidad del ex motonauta y el santacruceño de poner freno a un fenómeno que los consume. Por ahora el ministro no tiene reemplazante y en la provincia sostienen que Kirchner no quiere mover ninguna ficha para debilitarlo. Sabe que, cuando su incursión en la política termine, volverá a su rol de fiscal federal.







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