En otra muestra de unidad, Piñera logró un acuerdo con la Concertación para aprobar medidas urgentes en los primeros meses de gobierno
La tregua implicará una readecuación de su plan de gobierno, un Congreso menos confrontativo de lo previsto (la futura administración de centroderecha contará con mayoría en la Cámara baja y minoría en el Senado) y la búsqueda de consensos con la mayor agilidad posible. También se apostará por un sello de austeridad total en lo que no tenga relación con el objetivo de levantar Chile en sus cuatro años de gobierno.
Por ello, la ceremonia del cambio de mando del jueves será lo más sencilla posible: consistirá en un almuerzo en el palacio presidencial del cerro Castillo, en Valparaíso, para los ocho presidentes que confirmaron asistencia: la mandataria de la Argentina, Cristina Kirchner; el de Bolivia, Evo Morales; el de Colombia, Alvaro Uribe; el de Ecuador, Rafael Correa; el de Costa Rica, Oscar Arias; el de Panamá, Ricardo Martinelli; el de Perú, Alan García, y el de Uruguay, José Mujica.
Piñera viajará después a Constitución, en la región del Maule, una de las ciudades más golpeadas por el sismo y el maremoto, para luego retornar a Santiago y hacer el tradicional ingreso en el palacio de La Moneda. Fueron cancelados todos los eventos anexos, entre ellos una fiesta ciudadana y el clásico tedeum en la catedral de Santiago, que podría realizarse en la Plaza de Armas.
La reunión entre Piñera y los presidentes de los partidos de la Concertación, realizada anteayer, dio cuenta del ánimo imperante en la clase política chilena, con el anuncio de un acuerdo en pos de la unidad del país. Junto con él estaban los presidentes de la Democracia Cristiana, Juan Carlos Latorre; del Partido Socialista, Fulvio Rossi; del Partido Radical Social Demócrata, José Antonio Gómez, y del Partido por la Democracia, Adriana Muñoz.
"Hoy más que nunca queremos un nuevo trato entre el gobierno, la oposición y la sociedad civil. Y este nuevo trato tiene que estar caracterizado por un espíritu de unidad, de solidaridad y de responsabilidad. Esto no significa confundir los roles. En una democracia se requiere un buen gobierno y se requiere también una buena oposición, y cada uno debe tener su propio papel, pero también tenemos que tener en cuenta que hay algo más fuerte aún que nos une y que es el interés de Chile, la calidad de vida y el bienestar de los chilenos", dijo el presidente electo.
"Es indudable que el escenario político cambió radicalmente. Participaremos en las tareas necesarias para reconstruir el país y nuestro trabajo será analizar y evaluar las propuestas políticas, intentar que sean lo más eficaces posibles. ¿Una oposición más blanda? No sé si será más blanda o más dura, pero está claro que habrá una voluntad mucho mayor por llegar a acuerdos que en otros escenarios", reconoció a La Nacion Rossi.
Entre las medidas inmediatas se acordaron leyes de emergencia de auxilio a los damnificados, otra de reconstrucción, una tercera de donaciones y la revisión profunda de los sistemas de alerta y ayuda que fallaron notoriamente durante el sismo.
El diputado de la Unión Demócrata Independiente (UDI), de extrema derecha, Iván Moreira, adelantó a La Nacion que espera que al gobierno se lo trate con "guante blanco" durante el primer año. "Habrá oposición y será fiscalizadora, pero lo importante es que estemos todos de acuerdo. Somos todos chilenos. Esto es como una guerra en la cual debemos unirnos", afirmó el parlamentario.
Otro gesto que no pasó inadvertido fue el abrazo -televisado para todo el país- entre la presidenta Michelle Bachelet y Piñera, anteanoche, en el cierre de la campaña televisiva que reunió 60 millones de dólares para la construcción de viviendas básicas: una imagen fuerte, potente, que sienta las bases del gobierno de unidad nacional por el cual tanto abogó el empresario.
La nueva administración ya anticipó un cambio en sus promesas de campaña. El futuro ministro del Interior, Rodrigo Hinzpeter, dijo ayer que la reforma de la salud será redefinida y la construcción de viviendas, postergada. "Un gobierno responsable tiene que reenfocar, reevaluar, rediseñar su programa. Pero el terremoto no será una excusa para abandonar los compromisos previos", agregó Hinzpeter, que afirmó, sin embargo, que se cumplirán las promesas de reforma educacional, seguridad ciudadana y la creación de 200.000 empleos anuales.
Los costos, sin embargo, se multiplican día a día. El ministro de Obras Públicas, Sergio Bitar, dijo ayer que la reparación de los daños en infraestructura tendrá un costo de 1000 millones de dólares. Estas cifras no incluyen la reconstrucción de hospitales, escuelas y viviendas. Según Hinzpeter, las estimaciones son de 25.000 a 30.000 millones de dólares, una pérdida de 20 puntos del PBI.







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