En Bruselas, los líderes debatieron el proyecto para los próximos cinco años y el nombre del nuevo presidente
Lo que debía ser apenas una cena informal se transformó en un verdadero brainstorm , donde jefes de Estado y de gobierno intentaron hasta altas horas de la madrugada ponerse de acuerdo en la orientación política para los próximos cinco años, así como sobre la identidad del nuevo presidente de la Comisión Europea (CE), que estará encargado de aplicarla al frente del ejecutivo regional.
El ex primer ministro conservador luxemburgués Jean-Claude Juncker es quien está en mejor posición después de la victoria de las formaciones de centroderecha, agrupadas en el Partido Popular Europeo (PPE) en el Parlamento. A pesar, incluso, de la hostilidad del primer ministro británico, David Cameron, que quiere vetarlo por juzgarlo demasiado "federalista".
Aunque el PPE haya retrocedido sensiblemente en relación con el hemiciclo saliente , obtuvo 213 bancas contra 191 de los socialdemócratas (PSE).
Juncker ya fue apoyado por todos los presidentes de grupos políticos del Parlamento, que le confiaron mandato para que negocie la formación de una mayoría. Incluso su principal rival, el socialista alemán Martin Schultz, anunció que apoyaría su nombramiento.
Quienes apoyan la candidatura de Juncker consideran que, por respeto a la voluntad de los electores, es necesario bloquear todo intento de promover una candidatura exterior, sin mandato parlamentario. A esa categoría pertenecen la conservadora francesa Christine Lagarde, actual directora general del Fondo Monetario Internacional (FMI), y el social-demócrata francés Pascal Lamy, ex director de la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Pero el proceso no será nada fácil porque Juncker enfrenta la obstinada oposición de Cameron, que también rechazó a los otros candidatos: no quiso al socialdemócrata alemán Martin Schultz ni al ex primer ministro liberal de Bélgica, Guy Verhofstadt. Para él, ninguno será capaz de promover los cambios necesarios.
Cameron, debilitado políticamente por el triunfo de los eurófobos del UKIP en su país, también apeló a "concentrarse en el crecimiento y el empleo", pero juzga que el "aparato" europeo es demasiado pesado.
"Debemos reconocer que Bruselas se ha transformado en una máquina pesada que interfiere exageradamente y es demasiado autoritaria. Necesitamos más margen para los Estados-nación y a Europa sólo cuando sea necesario. Y naturalmente necesitamos gente que comprenda esa filosofía para dirigir esta organización", declaró Cameron, que podría haber convencido a otros países, entre ellos Suecia.
Después de la derrota histórica sufrida por el Partido Socialista francés en las elecciones del domingo, donde la extrema derecha del Frente Nacional (FN) llegó primera con casi el 25% de los votos, pocos son hoy quienes defienden la idea de una UE con mayores poderes. La tendencia es más bien a la concentración de medios a favor del crecimiento, el empleo o la energía. "Más crecimiento, más empleos, una reorientación de la construcción europea. Ése fue el mensaje", repitió el presidente François Hollande al llegar a Bruselas.
"No se trata simplemente de saber quién será el nuevo presidente de la Comisión -agregó-. Cuando Francia vota como lo hizo el domingo, sí, es un problema. Pero no sólo para Francia. Es un problema europeo. Y Europa debe escucharlo."
En ese terreno, todos parecen estar de acuerdo. El problema es qué medios utilizar para obtener esos objetivos. Si bien Angela Merkel corrió en ayuda de Hollande al ratificar las mismas prioridades (crecimiento y empleo), nada permite pensar que esté de acuerdo con una "reorientación" de la construcción europea, como reclama su par francés.
Para Berlín, la constatación es simple: en una situación económica difícil, el gobierno italiano de Mateo Renzi obtuvo una victoria espectacular el domingo. Merkel, en consecuencia, no parece dispuesta a dejar que Hollande ponga la derrota de su partido en la cuenta de la UE.
"Alemania seguirá insistiendo en la ortodoxia presupuestaria y las reformas estructurales, y Francia en el crecimiento. Eso se llama «lógica de confrontación»", dice Claire Demesmay, del instituto DGAP.
La capacidad del gobierno francés para sanear la situación económica del país suscita una real inquietud en Alemania. Berlín considera que la UE ya hizo suficientes concesiones y espera resultados. Merkel y su equipo ya se negaron a apoyar la reflexión solicitada por París sobre el ritmo de reducción del déficit público, así como todo debate sobre el nivel del euro..




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