La cámara del sector se muestra conforme con el fin de las declaraciones juradas anticipadas. La medida restringía el ingreso de maquinaria del exterior. Celebran que, además, se vayan a proteger 500 posiciones arancelarias relacionadas con su industria.
Los textiles de Mar del Plata tienen en claro que los extremos no son lo suyo. Liberar las importaciones como en la década del noventa los arruinaría por el ingreso de pulóveres del sudeste asiático a precio vil, pero también los perjudicaría el cierre casi absoluto, como el que había ideado Guillermo Moreno en su gestión en la Secretaría de Comercio, que ni siquiera les permitía importar las máquinas y los repuestos para confeccionar las prendas.
De ahí que el 15 de diciembre, cuando leyeron en los diarios que el nuevo ministro de Producción, Francisco Cabrera, había anunciado el fin de las Declaraciones Juradas Anticipadas de Importación (DJAI), se alegraron.
El marco del anuncio fue la conferencia anual de la UIA (Unión Industrial Argentina). Cabrera prometió lanzar licencias automáticas de importación para 18.000 de las 19.000 posiciones arancelarias que contabiliza el país. Para las otras 1.000 habrá licencias no automáticas con el objetivo de proteger el empleo.
Dentro de esos rubros aparece el sector textil. "La mitad de esas 1.000 se van a reservar para la industria textil. El sector del suéter necesita unas 20, suficientes para que se proteja a este sector sensible y se dé más trabajo. Y la indumentaria requiere otras 200 posiciones más", contó a LA CAPITAL Guillermo Fasano, ex presidente de la Cámara Textil de Mar del Plata. El resto de las posiciones del sector textil "son telas de algunas industrias que están instaladas, como algunas hilanderías", mencionó.
El gobierno de Mauricio Macri reemplazó la semana pasada las DJAI por el Sistema Integral de Monitoreo de Importaciones (SIMI). Para Fasano, la intención de proteger al sector textil con licencias no automáticas de importación echa por tierra "uno de los temores que había con el cambio de gobierno y con el mote de ultraliberal" que le habían puesto.
"Tienen la idea de proteger a los sectores sensibles. Están trabajando el Ministerio de la Producción y la Secretaría de Industria para estudiar las 1.000 posiciones arancelarias", confió Fasano.
Para importar es necesario presentar ante la Aduana toda la información requerida de los bienes a ingresar al país. La mayoría de los productos tienen licencias automáticas, lo que quiere decir que con esa información basta para hacer la operación. Las no automáticas son las que, además de esos datos, precisan una autorización del Poder Ejecutivo.
La industria textil tiene sensaciones ambiguas con el kirchnerismo. Celebró cuando, en junio de 2007, el entonces presidente Néstor Kirchner los convocó a la Casa Rosada para anunciarles la implementación de licencias no automáticas para el sector. "Pero Moreno, cuando vio que había 20 sectores de la economía florecientes por las licencias no automáticas, se las impuso a toda la economía a través de las declaraciones juradas anticipadas. Y fue un caos", lamentó Fasano.
Es que con esa disposición, que empezó a regir en febrero de 2012, los industriales ni siquiera pudieron traer maquinaria del exterior. "Todas las máquinas de tejer son importadas. Lo mismo que los repuestos", marca la presidenta de la Cámara Textil, María Liberati, y recuerda que "algunas máquinas llegaron a estar paradas porque no ingresaban esos repuestos".
"Entonces Moreno dijo: si exportan algo les dejo importar las máquinas. Y hasta acordó que algunas grandes cadenas importaran pulóveres a cambio de exportar leche, con lo cual terminó aceptando la importación de productos con más mano de obra, los que nosotros no queríamos ni queremos que ingresen", detalló Fasano.
Los fatídicos noventa
Los noventa fueron años de caída en picada para el sector textil. El ingreso indiscriminado de productos baratos del exterior hizo desaparecer fábricas enteras. "En el año 93 el país adhirió al acuerdo de Montevideo en la Organización Mundial de Comercio. Ahí se determinó que se iban a levantar todas las barreras arancelarias y paraarancelarias. A partir de allí, el gobierno de (Carlos) Menem, con (Domingo) Cavallo como abanderado, levantó todas las barreras de las importaciones sin guardar cuota de mercado", recordó Fasano.
En esos años, llegaban productos del exterior entre un 20 y un 30% más baratos que los nacionales. "Compensaron el índice de costo de vida de los productos transables con el precio de los servicios privatizados, que fue el negocio de unos pocos. Lo que hizo fue destruir a las empresas porque no podían competir", explicó.
Eso se sumó a decisiones equivocadas de algunos empresarios. "La apertura de la economía y la baja del precio del dólar los hizo pensar que iban a comprar máquinas más baratas y con financiamiento. Y muchos compraron máquinas de tejer sin darse cuenta de que después los productos que iban a fabricar no los iban a poder vender. Eso destruyó la industria, los puestos de trabajo", analizó.
Por esta historia los textiles de Mar del Plata prefieren creerle al ministro de Producción cuando asegura que el nuevo gobierno va a proteger el trabajo argentino y que no volverá la década del noventa. "Creemos que no va a haber una ola importadora", asegura Liberati, y enseguida desliza lo que puede considerarse una declaración de principios de la cámara que preside: "Lo que queremos es proteger la industria nacional. Seguir fabricando, produciendo en las condiciones en que ahora lo estamos haciendo. Aquí no hay mano de obra esclava. Se trabaja como se tiene que trabajar". Lo dice ante el temor siempre presente de una entrada irrestricta de productos del sudeste asiático, que no sólo lo tiene Argentina sino también Europa.
Con la protección de las licencias no automáticas, el sector llegó a albergar en Mar del Plata entre 3.000 y 4.000 empleos directos. Se calculaba que había unos 200 emprendimientos de fabricación de suéteres y entre 300 y 400 máquinas de tejer, y que se confeccionaban unos 4 millones de suéteres por año.
Ahora la Cámara no dispone de datos concretos. "Estos números tienen que haber caído mucho porque algunas empresas grandes se achicaron", asegura Fasano. Los nuevos datos surgirán del Mapa Productivo de Indumentaria y Textil (ver aparte) que se está elaborando en la ciudad.




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