La mayoría de las unidades fueron inauguradas durante la campaña electoral y enfrentan serios faltantes de personal y de insumos; el gobierno de Vidal dice que mantendrá el programa con cambios
Si bien las Unidades de Pronta Atención 24 horas (UPA) están equipadas con tecnología de rayos X, salas de terapia intensiva e intermedia, laboratorio y helipuerto, la mayoría de estas nuevas guardias de mediana complejidad quedaron, luego de las elecciones presidenciales del año pasado, como un cascarón vacío por falta de personal e insumos.
De las 18 UPA que hay en la provincia de Buenos Aires, nueve fueron inauguradas durante 2015 por el entonces gobernador Daniel Scioli, quien se valió de este caballito de batalla para tratar de conquistar al electorado bonaerense, ahogado por un sistema de salud al borde del colapso .
"Cuando asumió la gobernadora María Eugenia Vidal, con las nuevas autoridades hicimos un relevamiento de todas las UPA; la situación con la que nos encontramos fue terrorífica. De la totalidad, sólo un tercio funcionaba medianamente bien, otro tercio estaba entre el 40 y el 60% de su capacidad y el resto directamente no funcionaba o se encontraba al límite", explicó a LA NACION Alberto Lazo, director provincial de Hospitales de la provincia de Buenos Aires, que aseguró que, de todos modos, no se cerrará ninguna.
"Las UPA son bárbaras, porque cuando funcionan resuelven entre el 80 y el 90% de los casos que reciben, descomprimiendo la guardia de los hospitales cercanos."
El problema, según explica Lazo, es que se abrieron demasiadas unidades con gran calidad tecnológica, pero sin médicos que pudieran cubrir las guardias o sin disponer de los fondos suficientes para pagarles. Además, aquellas personas que habían sido incorporadas en el último tiempo lo hacían de manera "irregular", con un contrato que venció el 31 de diciembre último. En las situaciones más extremas, incluso, el personal nunca había sido designado formalmente .
Ése es el caso de la UPA de Quilmes, inaugurada el 4 de octubre de 2015, que durante el fin de semana pasado exhibía un cartel en la puerta que explicaba que sólo se atendían emergencias (código rojo) por "falta de personal médico".
"Quedamos ocho personas sin designar y que no cobramos desde octubre, incluido yo", dijo el médico emergentólogo y director de la UPA de Quilmes, Leonardo Cemborain. "Lamentablemente, mucha gente renunció, cansada de esperar un sueldo."
Cemborain también cuenta que, debido a la falta de insumos, tuvo que recurrir al trueque con el hospital más cercano, el Isidoro Idiarte.
Respecto de los faltantes, Lazo aseguró que la situación se está regularizando lentamente, luego de negociar con los proveedores, a los que la provincia les debía alrededor de mil millones de pesos.
En la UPA ubicada en Martín Coronado, partido de Tres de Febrero, la situación es similar.
Inaugurada en septiembre pasado, nunca tuvo nombramientos formales, por lo que en diciembre sólo quedó una dotación básica de enfermería y, eventualmente, algún médico. Así, la guardia sólo funciona medio día.
Diego Valenzuela, intendente de ese municipio, aclaró que la prioridad de Vidal son los hospitales cercanos, Bocalandro y Carrillo, pero que se trabaja conjuntamente para "refuncionalizar" la UPA y que pueda integrarse al sistema de salud. Según confirmaron en el Ministerio de Salud bonaerense, recientemente se asignaron nuevos médicos para regularizar la situación.
Más allá de las carencias de muchos de estos centros, los más antiguos, lejos del apuro de la campaña, continúan con un buen funcionamiento, a pesar de que sufren algunas dificultades propias de las complicaciones financieras de la provincia. Entre ellas se cuentan el desmejoramiento edilicio y los faltantes de personal.
Luego de una reunión con la ministra de Salud, Zulma Ortiz, y con el coordinador del programa UPA, Martín Vázquez, Héctor Marchetto, director de la UPA de Lomas de Zamora (inaugurada en 2010), contó a LA NACION: "Los objetivos a tratar con las autoridades, y a los que se comprometieron, son completar los planteles de personal, asegurar los insumos elementales, mantener al día los salarios y reparar cuestiones edilicias".
En síntesis, la meta del nuevo gobierno es integrar las UPA al sistema de salud para que, con los hospitales provinciales, puedan apoyarse mutuamente. Sin embargo, reconocen desde el ministerio, las dificultades financieras son una "herencia" difícil de sortear.




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