Temen que nuevos pisos salariales frenen el ritmo de la recuperación

A pesar de que los camioneros de Moyano se plantarían en 25%, la dinámica fijada por el Sindicato de la Alimentación repercutiría en los precios y derivaría en estanflación.
Existe un antes y un después en las negociaciones paritarias para este año luego del acuerdo obtenido la semana pasada por el sindicato de los alimentos, que alcanzó el 35% de aumento para los próximos doce meses. Analistas, sindicatos y empresarios coincidieron en afirmar que la nueva referencia para los acuerdos salariales en lo que queda del año será el 30% para que los sueldos no pierdan capacidad adquisitiva y en advertir que esos aumentos de costos fogonearán la inflación.

El acuerdo en la alimentación y la convicción de que esos niveles de demanda salarial se extenderán a otros sectores obligaron a las consultoras a revaluar sus estimaciones inflacionarias para este año. El consenso es que la puja salarial llegó para quedarse y sólo se puede esperar que retroalimente la suba generalizada de precios, lo que pone en riesgo las esperanzas de volver a un nivel de crecimiento económico sostenido en el tiempo.

Los únicos que esperan acuerdos salariales con porcentajes menores son el ministro de Trabajo, Carlos Tomada, y sus colaboradores. Ese ministerio asegura que el de los alimentarios es un caso aislado, que las negociaciones se esperan en un promedio de aumentos en todos los sectores de apenas un par de puntos por encima del 20 por ciento.

“El acuerdo del sector de la alimentación va a ser referencia a partir de ahora, y las empresas tienen margen para trasladarlo a precios”, dijo Jorge Colina, economista del Instituto para el Desarrollo Social Argentino (Idesa).

“A fines del año pasado, estimábamos una inflación del 20% para este año y aumentos salariales del 25 por ciento. Hoy, estamos corrigiendo esas estimaciones hacia arriba, el 25% de inflación y 30% de incrementos de sueldos”, coincidió Rodrigo Alvarez, economista de la consultora Ecolatina.

Por el momento, la única iniciativa para tratar de encauzar las negociaciones es la mesa creada en conjunto por la UIA y la CGT, que ya tuvo su primera reunión la semana pasada y continuará en las que siguen.

La nueva referencia. El acuerdo en el sector alimentario estuvo condimentado por medidas de fuerza, un importante nivel de conflicto, conciliaciones obligatorias interrumpidas y empresas que intentaron obtener sus propios acuerdos, enrareciendo más el clima. Pero el número final de aumento directamente echó por tierra con todos los planes empresariales para este año, sobre todo por lo sensible que es el resto del mercado laboral a los precios de alimentos.

El presidente de la Federación Industrial de Productos Alimenticios (FIPA) y director del Departamento de Legales de la UIA, Daniel Funes de Rioja, mostró su preocupación. “No es un acuerdo feliz, en el sector ha habido incrementos del 450% en el nivel básico desde 2002 a esta parte. Va a afectar fuerte a las empresas más pequeñas”, argumentó el empresario.

Por su parte, el líder del Sindicato de la Industria de la Alimentación (STIA), Rodolfo Daer, se limitó a defender como legítimo el acuerdo que obtuvo, basándose en los incrementos en los productos del rubro. “No fue un reclamo irresponsable ni desmesurado, tiene que ver con las ganancias del sector”, comentó.

En esa línea también hay consenso entre especialistas, sindicatos y hasta cierto punto empresarios. Con expectativas inflacionarias por encima del 20% para este año, ningún sindicato va a estar dispuesto a acordar por menos de algunos puntos encima de esa cifra.

El que se las verá difíciles será el principal aliado sindical del Gobierno, el titular de la CGT, Hugo Moyano, cuyo sindicato de origen, el de camioneros, aspiraba a un 25% de incremento en las negociaciones que encarará en julio próximo, pero lo conseguido por otros sectores le mete presión.

Por lo pronto, se acercan definiciones en las negociaciones en Comercio, que cerrarían entre el 27 y 29%, según la Cámara Argentina del Comercio, y el de la UOM está casi cerrado en 26,5%, pero falta la homologación de algunas cámaras.

Golpe al crecimiento. Según los especialistas, la continuidad de esta lógica de carrera constante entre los precios y los salarios derivaría en niveles de crecimiento económico menores, combinados con inflación. “Ya estamos creciendo a tasas bajas”, señaló Alvarez de Ecolatina.

“Este año se estima un 4 o 5% de aumento del PBI, pero eso no es más que una recuperación de lo perdido el año pasado por la crisis; el año que viene vamos a estar viendo un crecimiento de 2 o 3%, y 30% de inflación”, explicó.

“Esto termina en un escenario de estancamiento con inflación, en tanto y en cuanto se siga cebando la demanda sin conducir a la oferta y la productividad”, acordó Claudio Lozano, economista de la Central de Trabajadores Argentinos y diputado nacional.

La puja, además de los niveles de crecimiento, tiene otras víctimas. Con sólo entre un 30% y 40% de los trabajadores en relación de dependencia protegidos por convenios colectivos, una porción importante de los asalariados quedarán muy retrasados en la carrera.

Como lo explica Ernesto Kritz, de Sel Consultores, “lo importante en este caso es el impacto sobre los trabajadores no sindicalizados y en negro, no tienen posibilidad de alcanzar la suba de precios”.

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