Del superávit al déficit: la deuda que Caputo esconde bajo la alfombra

Del superávit al déficit: la deuda que Caputo esconde bajo la alfombra

El ajuste fiscal perdió efecto: las cuentas públicas volvieron al déficit y se reabren dudas sobre la sustentabilidad del programa económico. Caputo y la contabilidad creativa para festejar.

Por

Rodrigo Núñez

 

La foto fiscal que festeja el Gobierno volvió a cambiar. Luego de jactarse de haber logrado superávit a fines de diciembre, un relevamiento privado detectó que el resultado financiero del Estado es deficitario, incluso con el fuerte ajuste aplicado. El dato reaviva el debate sobre la sostenibilidad del programa de ajuste sobre las cuentas públicas y expone el peso creciente de los intereses de la deuda en un contexto de ingresos cada vez más frágiles.

Un análisis reciente sobre la ejecución de las cuentas públicas mostró que el superávit fiscal que el Gobierno había logrado exhibir en los primeros meses del programa económico se diluyó hacia fines de 2025. La medición, elaborada por la consultora 1816, señaló que, una vez incorporada la capitalización de intereses de la deuda, el resultado financiero pasó nuevamente a terreno deficitario.

 

 

El informe advirtió que, una vez incorporada la capitalización de intereses de la deuda, el resultado financiero del sector público cerró 2025 con un déficit cercano al 0,2% del PBI, a pesar de que en términos primarios el balance mostró un leve superávit. En números absolutos, el rojo financiero se ubicó en torno a los USD 5.000 millones, revirtiendo el signo positivo que el Gobierno había destacado meses atrás.

El dato marca un punto de inflexión: el ajuste aplicado permitió mejorar el resultado operativo, pero no alcanzó para compensar el peso creciente de los compromisos financieros.

 

 

El ajuste logró superávit primario, pero no equilibrio total

Según la medición de la consultora 1816, el sector público nacional terminó el año con un superávit primario equivalente a aproximadamente 0,3% del PBI, impulsado por una fuerte licuación del gasto y una contracción real de partidas esenciales. Sin embargo, ese resultado quedó neutralizado al considerar el costo financiero.

El informe detalló que los intereses devengados y capitalizados representaron más de 0,5% del producto, un nivel suficiente para llevar el resultado final nuevamente al déficit. De este modo, el superávit fiscal quedó circunscripto a una mirada parcial de las cuentas.

El informe advirtió que el cambio no responde a un aumento del gasto primario -que continúa contenido por el ajuste- sino al impacto financiero de los intereses, que terminan revirtiendo el saldo positivo. De este modo, el superávit observado en la ejecución base pierde fuerza cuando se analiza el cuadro completo de las finanzas públicas.

 

En términos prácticos, el Estado sigue mostrando disciplina en el gasto corriente, aunque esa mejora resulta insuficiente frente al costo financiero acumulado. Si bien el "ordenamiento" de las cuentas fue real en el plano operativo, el resultado final continúa condicionado por factores que exceden el recorte del gasto, como el esquema de tasas, la indexación y la capitalización de intereses.

 

 

Intereses de deuda: el factor clave del desequilibrio

Desde la consultora remarcan que este fenómeno no es nuevo, pero adquiere mayor relevancia en una etapa en la que el Gobierno busca mostrar equilibrio fiscal como ancla del programa económico. El dato sugiere que el desafío ya no pasa sólo por sostener el ajuste, sino por redefinir el perfil financiero del sector público.

El regreso al déficit reabre interrogantes sobre la consistencia de la estrategia fiscal en el mediano plazo. El informe plantea que, aun con superávit primario, la sostenibilidad depende de variables financieras que hoy siguen presionando sobre las cuentas públicas. En ese sentido, el trabajo señala que la discusión fiscal empieza a desplazarse: ya no se trata únicamente de cuánto se ajusta, sino de cómo se administran los pasivos y qué margen existe para reducir el peso de los intereses sin afectar la actividad económica.

El paso del superávit al déficit también tiene implicancias políticas y económicas. Por un lado, limita la capacidad del Gobierno para mostrar resultados fiscales contundentes. Por otro, plantea dudas sobre el margen de maniobra futura si el ajuste pierde efectividad como herramienta principal.

El informe concluyó que, sin cambios en la dinámica financiera, el superávit fiscal podría seguir siendo transitorio. En ese escenario, el desafío para Luis Caputo será evitar que el déficit reaparezca como un problema estructural, incluso en un contexto de fuerte disciplina presupuestaria. La pregunta de fondo es si se trata de un objetivo real en los pasillos de Hacienda.

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