Por Alcadio OñaUno primero y el otro después, en 2007 y 2008 fueron los entonces ministros de Economía Miguel Peirano y Martín Lousteau. Con cierta recurrencia, Julio De Vido y el secretario de Energía, Daniel Cameron. Probablemente hayan existido otros casos, pero los cuatro plantearon el mismo diagnóstico: había que meter mano en los subsidios, porque allí estaba cocinándose un cóctel explosivo .
Uno a uno, chocaron contra la intransigencia de Néstor y Cristina Kirchner. Desde algunas de aquellas advertencias han pasado cuatro años.
En el trayecto, a fines de 2008 el núcleo del poder convalidó aumentos en las tarifas de la luz de entre el 146 el 300%. Se lo hizo mirando sólo la dimensión de los consumos, sin reparar al menos en un dato: existen familias numerosas, que no tienen acceso al gas por redes y en invierno deben usar mucha electricidad para calefaccionarse.
Tan grande fue la simplificación, que llovieron reclamos y demandas ante la Justicia. En seguidilla, varios fallos pusieron fin al experimento .
Después de algunas medidas mejor articuladas, aunque de impacto limitado, ahora se decidió entrarle de lleno a un problema que los gobiernos K crearon y dejaron crecer sin límite.
Con el agua al cuello y a las apuradas .
El nuevo modelo podrá reparar injusticias, aunque tardíamente, y también dar lugar a manejos arbitrarios, pero en el medio asoma la necesidad de achicar la enorme montaña de recursos fiscales que consume el actual sistema. Se trata, al fin, recomponer la famosa caja.
Según un trabajo de la consultora LCG, que dirige Lousteau, este año el paquete de subsidios orillará $ 78.000 millones, de los cuales alrededor del 86% se va en energía y transporte. Eso equivale a más de 18.000 millones de dólares y a los fondos que el Banco Central le transferirá al Tesoro Nacional, en reservas para pagarles a los acreedores externos, en utilidades y adelantos transitorios.
Si el tren siguiera al ritmo que corre, en 2012 serían $ 135.000 millones. O US$ 31.400 millones, al actual tipo de cambio.
Evidentemente, no hay plata que alcance. Y surge, así, una buena explicación para las decisiones.
Por eso, todo deber ser rápido : si es posible, tener el marcha el plan completo antes de mediados de 2012. Y por lo mismo, habría sido desechada la idea de un desmantelamiento gradual de los subsidios, durante un período relativamente prolongado.
Otro punto central de la estrategia es que la gente digiera la medicina antes de las elecciones legislativas de octubre de 2013 . Volviendo la película un poco hacía atrás, podría aplicarse el apotegma de Carlos Menem: “Si les contaba lo que iba a hacer, no me votaban”.
El relato oficial ya empieza a sonar escasamente convincente para los usuarios de luz, gas y agua. Sólo fue un golpe de efecto transitorio decir que Barrio Parque, Puerto Madero, los countries y los clubes de campo perderán los subsidios. Quedó claro que la guadaña no se detendrá allí .
También patina un argumento que Amado Boudou empleó el martes pasado, si se lo lee como es debido. Para justificar la decisión de arrancar por la Capital, dijo que en la Ciudad Autónoma el PBI por habitante es de 35.000 dólares contra 9.000 del interior.
Cualquier economista sabe que ese es un método parcial y poco realista, porque no todos los porteños ganan por mes US$ 2.916 o $ 12.500 . Es como hablar del PBI por habitante de Kuwait, con los jeques adentro.
Fue una patinada doble. El ministro debería explicarle a los pobladores del interior por qué, siendo menos pudientes, durante todos estos años tuvieron que pagar más caros el gas, la luz y el transporte que los de la Capital. Y también que los del conurbano.
Seguramente, sólo las capas de muy bajos ingresos quedarán afuera del ajuste. El resto –clase media baja, media y alta– pronto conocerá la fórmula bajo la cual pierden los subsidios, o sea, les encarecerán los servicios.
Sería cuanto menos controvertido que el Gobierno aplicara cargos específicos para el consumo domiciliario de gas, como al parecer haría. Numerosas sentencias judiciales los han trabado para otros casos, con el argumento de que en realidad son un impuesto y, por lo tanto, deben contar con el paraguas de una ley.
No es casual que desde despachos oficiales les hayan ordenado “trabajar en el asunto” a legisladores oficialistas y, a la vez, explorar si puede ser usada la Ley de Emergencia Económica.
En cambio, expertos del sector consideran que existe margen legal para operar sobre la electricidad. Y el recurso a mano consistiría en recortar los subsidios domiciliarios que se aplican entre junio y setiembre u otra alternativa semejante, sin necesidad de crear cargos específicos.
En medio de los relatos del martes, De Vido coló que las medidas eran, también, “una señal para los mercados”. Que un kirchnerista mente así a los mercados ya es un gesto osado . Y más cuando, en simultáneo, Guillermo Moreno despliega al interior del poder la teoría de que detrás de la corrida hacia el dólar hay banqueros y empresarios.
Aquellos planteos de Peirano, Lousteau, De Vido y Cameron y las decisiones de ahora revelan que, a la corta o a la larga, saltan los problemas que fueron barridos debajo de la alfombra. Otro tanto pasa con la movida cambiaria. Si en todo eso no hubo un serio déficit de gestión, la realidad muestra algo que se le parece bastante .







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