En el PJ sospechan que Kirchner tocará el calendario electoral.

En el PJ sospechan que Kirchner tocará el calendario electoral.
Algunos creen que no habrá internas abiertas; otros, que se adelantarán las elecciones.
La misma conversación suele repetirse en cada reunión reservada. Cada vez que un grupo de peronistas habla del futuro, bufa preocupado. Desconfía de su suerte atada a Néstor Kirchner, les teme a los planes de Daniel Scioli, se asusta por el destino incierto del oficialismo en el Congreso.

Pasó en una charla reciente entre jefes territoriales del conurbano. Angustiado por la ola de rumores, un intendente ?nervioso por su propio futuro? preguntó si todos estaban al tanto del cronograma electoral que los Kirchner planificaban en Olivos. "¿Y si hubiera cambio de fechas? ¿Y si no hubiera internas?", interrogó. Terminó más preocupado que antes: nadie supo bien qué responderle.

Un clima similar de impaciente inquietud empieza a cernirse sobre todo el PJ. A días de la definición de una cadena de batallas legislativas que resultarán claves para el poder kirchnerista, dirigentes peronistas ?oficialistas y opositores? empezaron a desparramar por estas horas un inusual temor común: que el escenario político cambie tanto en los próximos 60 días que modifique hasta las reglas de juego electorales camino a 2011.

"El Gobierno tiene cada vez menos oxígeno. La debilidad es extrema. Sólo un golpe de efecto muy fuerte cambiaría esto", sugería ayer un preocupado legislador con acceso a Olivos. Sorpresivamente, en la última semana, La Nacion recogió análisis similares de otros dos legisladores oficialistas (uno de ellos, provincial), de un influyente peronista bonaerense, de un ministro, de dos peronistas disidentes y hasta de intendentes oficialistas del conurbano.

Pero con matices, la mayoría confiesa que siente inminente el "golpe de efecto". El tema aparece en cada discusión interna. Con un detalle sugerente: la mayoría da por descontado que no habrá internas para elegir el próximo candidato presidencial del PJ. Los más extremos agitan incluso un fantasma conocido: el adelanto de las elecciones.

¿Qué haría Kirchner si perdiera el dominio de las dos cámaras del Congreso, si la Justicia frenara el Fondo del Bicentenario, si la inflación se disparara, si una batería de leyes opositoras se apoderara de la "caja" oficial y frenara los DNU u obligara a una reforma del Indec?

Buena parte del peronismo espera señales desde Olivos para responder esa pregunta. Algunos necesitan evaluar el exilio. Otros pretenden abonar su ilusión de poder. Más de un kirchnerista se preocupó a niveles insospechados después del accidente cerebrovascular del ex presidente. "¿No estará somatizando la debilidad?", se pregunta hoy uno de sus alfiles bonaerenses.

Aunque nadie niega la voluntad de Kirchner de ser el único candidato peronista en 2011, cada día son más los justicialistas que miran con especial atención la presentación judicial de los partidos chicos en contra de la reforma electoral kirchnerista. Algunos la sienten como la última carta para anular las internas sin dolores de cabeza para el Gobierno. Y una posibilidad expedita para habilitar, otra vez, una pelea casi sin límites. Un "todos contra todos".

En medio de los temores peronistas, la oposición dispersa intenta aprovechar la confusión para calar cuestionamientos. Sin ir muy lejos, ayer el sindicalista duhaldista Gerónimo Venegas, golpeó en esa herida abierta. Dijo: "Creo que no va a haber internas, porque Kirchner no se va a presentar".

En la Casa Rosada nadie quiere hablar de los eventuales cambios en las reglas de juego electorales. Intentan basar todo en señales políticas. Un oficialista del PJ se lo repitió en estos días a un amigo disidente: "Kirchner se va a mostrar como un boxeador sonriente y voraz mientras le están pegando en el hígado". Algo así podría ocurrir esta misma semana. Casi en simultáneo con la imagen de la oposición intentando arrebatarle el poder en el Congreso, el líder peronista ostentará autoridad en La Plata en contra de los "traidores" y las "máquinas de impedir", y sólo un rato antes de que la Presidenta reciba en Olivos a empresarios para pedirles apoyo para el golpeado Fondo del Bicentenario. Todo, combinado curiosamente con la resurrección de Scioli como candidato en 2011. "Es una opción presidencial", dijo ayer Randazzo. Casi como si fuera un ensayo de la última alternativa.

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