Sobre el final, la campaña salió del "freezer"

En apenas dos meses, De la Sota y Juez pasaron de elogios a Cristina a fuertes cuestionamientos. Sus comportamientos son un espejo de la inestable conducta de la sociedad. Roberto Battaglino.
Vértigo puro. La campaña cordobesa empezó hace unos 60 días. Estaban perfilados José Manuel de la Sota, Luis Juez y Oscar Aguad.De la Sota arrancaba en el plenario de Parque Norte votando la candidatura a la reelección de Cristina Fernández de Kirchner. Y dejaba claro, en cada acto, su explícito apoyo a un nuevo mandato de la Presidenta. Juez le encontraba, en cada declaración pública, cosas positivas al gobierno kirchnerista que tanto había denostado, y minimizaba al extremo los cuestionamientos hacia esa gestión. En tanto, Aguad cabalgaba en aquello que le dio capital político: su férrea oposición a los K.

Apenas dos meses después, De la Sota anda gritando a los cuatro vientos que él estaba en la trinchera del campo contra el Gobierno por las retenciones móviles, que no sabe a quién votar en la presidencial, que es más cordobés que peronista; Juez se acordó otra vez de Ricardo Jaime, Cristóbal López, los hermanos Schoklender y de que apoya al socialista Hermes Binner; Aguad sigue con su misma dureza anti-K.

60 días, más algunos hechos conocidos en la relación De la Sota-Cristina, y muchos que seguramente no se conocen, la tensa negociación por necesidades mutuas (él no puede aparecer pegado a ella, ella necesita que le fiscalicen las primarias en Córdoba) y el cambio de humor social después de los resultados santafesino y porteño, entre otras cosas, obligaron a esta voltereta de los candidatos cordobeses, que por ahora están más preocupados por ganar la elección del domingo que por la eventual relación con quien sea el presidente o presidenta, con quien deberán convivir.

Hasta acá, la campaña cordobesa estaba en el freezer . El tema de los alineamientos nacionales, con los descriptos virajes, operó como un microondas.

Hasta acá, había pasado poco. Ningún eje se había instalado fuerte. Algo sobre educación, un poco sobre obra pública, menciones al tema sanitario, promesas de empleos y viviendas, diagnósticos sobre la crisis hídrica, consignas sobre calidad institucional... y no mucho más. Pero nadie precisó la promesa del otro, nadie se ocupó de plantear opciones superadoras.

Se insinuó en las últimas horas alguna embestida opositora con el tema del narcotráfico, a partir del dato difundido por este diario hace dos semanas de que Córdoba es la segunda provincia argentina en cantidad de “cocinas” de cocaína. Pero hasta ahora, el tema no prendió demasiado. Y poco y nada de la Caja de Jubilaciones y del régimen impositivo, entre otras cuestiones.

Confianza y desconfianza

Todos los comandos dicen estar confiados. Pero reconocen un par de datos irrefutables: el inestable comportamiento de los votantes, que ya demostraron en elecciones municipales y provinciales que modifican su preferencia hasta minutos antes de emitir el sufragio; y las dudas sobre el debut de la boleta única.

Los principales consultores coinciden en que la volatilidad es un fenómeno nacional y que les impide trazar escenarios y hacer proyecciones con solvencia. O sea, repiten aquel viejo adagio de que “la mejor encuesta es contar los votos el domingo”.

El otro elemento que llena de incertidumbre a todos es cómo nos comportaremos los cordobeses ante la boleta única. Hay que tener en cuenta que en Santa Fe hubo una especie de ensayo previo en las primarias de mayo, antes de la elección general del 24 de julio. Allí hubo un seis por ciento de votos nulos en el tramo de gobernador y un 10 por ciento en el tramo de legisladores.

Si en Córdoba hubiese alrededor del ocho por ciento de ciudadanos que anulan su sufragio sin quererlo, ¿cuál es la proporción en que afectará el total de cada partido? ¿Hay fuerzas políticas que se pueden perjudicar más? ¿Habrá, como en Santa Fe, un vínculo entre votos anulados y sectores de menos formación e ingresos?

Por eso, el último tramo de campaña es más fuerte en docencia cívica que en presentación de propuestas.

Todo, en medio de las dudas que plantea un complejo proceso, que fue extraño por la frialdad de la campaña y que puede ser singularmente caliente al momento de poner las boletas en las urnas y después contarlas.

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