Daniel Osvaldo Scioli no tiene agenda oficial para el fin de semana.
El gobernador fatiga su iPhone en el seguimiento de la actividad de sus funcionarios. Pero por el momento, su secretario no le acerca un llamado desde la zona de Olivos.
Conversaciones entre las administraciones de La Plata y la Casa Rosada existen pero nadie quiere blanquear su protagonismo: quien actúe sin disimulo, verá tronar el escarmiento de la Presidenta.
Cristina es la que tiene que poner “Send” para el envío de fondos hacia la Provincia y así, poner punto final al conflicto con los docentes.
Mientras tanto, Hernán Lorenzino tiene a mano su Excel con las detallados necesidades bonaerenses y se distrae, con algún partido de fútbol por la zona de Puerto Madero.
En las oficinas principales de La Plata saben que apenas podrán igualar la oferta de la Nación a los maestros “con la nuestra”. Eso repetirán hasta el fastidio los encargados de la negociación con los duros gremios provinciales.
Mientras tanto, las especulaciones sobre las elecciones de este año –y su incidencia directa en las de 2015- harán que Scioli no cambie un milímetro de su libreto habitual.
“No vamos a dejar que nos desperfilen. Si Cristina ayuda a los intendentes nos parece bárbaro; pero con eso, no pagamos salarios”, recita uno de los ministros encargados del diálogo con los sindicatos, imitando la calma perenne del gobernador.
Algún funcionario hasta se atrevió a escribir en Twitter: “Algunos compañeros se molestan con las especulaciones sobre 2015 pero luego es de lo único que hablan en los medios”.
Ese dardo apunta a las palabras de Julio De Vido y Carlos Zannini como a la de los diputados Diana Conti y Carlos Kunkel.
Y saben que desde esa usina, surge lo de una alianza submarina con Francisco de Narváez. Desde las filas del vencedor de las legislativas de 2009 desdeñan la especie y aseguran que “mientras más lo peguen a Daniel con Francisco, más crecemos nosotros. Si no, que miren las encuestas”.
En el búnker del “Colorado” deslizan que cualquier operación contra su jefe, se podría convertir en una causa “Efedrina 2”, un montaje que terminó con la carrera del juez Faggionato Márquez y apuntaló la imagen del peronista disidente.
Scioli no habla públicamente de su relación con la Presidenta, conciente de que cualquier campaña que lo enfrente con ella, lo hace subir –mágica e inexplicablemente- en la consideración popular.
Igualmente, pide que no le descuiden el smartphone y por las dudas, tenga la batería bien cargada.







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