El ordenamiento de las nóminas del oficialismo, que va con Fernando Espinoza a la cabeza, fue agitado y con negociaciones que se extendieron más allá del plazo. Además habrá internas con Mario Ishii
Otra vez vencedores y vencidos, otra vez dirigentes que resurgen y, a partir de un nuevo cargo, empiezan a soñar con algo más en la próxima contienda electoral. Porque el PJ, en su esencia, nunca detiene el armado, y sus dirigentes no se caracterizan por recular. Claro que siempre quedan heridos, y a ésos debe contenerlos el espacio. Es una negociación que todavía no cerró y necesita una pronta resolución. Ahora alguien tiene los brazos abiertos para cobijar a quienes se sienten desnudos.
La novedad en esta oportunidad es la posibilidad de contienda en las urnas entre las nóminas encabezadas por Fernando Espinoza y Mario Ishii.
Dos tipos de rosca se vivieron sobre el cierre de la presentación de listas. Una, alimentada por Ishii y sus denuncias de trabas por parte de la Junta Electoral partidaria para impedirle participar. La otra, en el seno de un oficialismo que hacia fuera se comporta como esa señora enojada que disimula mientras está la visita, pero estalla cuando se cierra la puerta y adentro sólo queda la familia.
En el primer caso Ishii montó su show desde temprano. Denunció la falta de entrega de los padrones, y que por ello se le
complicaba el acercamiento de los avales. Insistió en presentarse sí o sí, pese a que con el correr de la tarde los esperados apoyos brillaron por su ausencia. El massismo, por caso, se apuró a enviar un comunicado de prensa para expresar su prescindencia de apoyo sobre cualquier candidato.
El oficialismo esgrimió flojeza en los papeles llevados por el ex intendente de José C. Paz y senador provincial electo por el FpV, con la intención de evitar el mano a mano el 15 de diciembre. Todavía queda el período de impugnaciones que Ishii deberá sortear. Si no lo dejaran jugar en la interna peronista, el mismo partido le dio a Ishii la excusa perfecta por si, más temprano que tarde, decide irse del redil K. Algunos dicen que es cuestión de horas.
Por otro lado, la rosca interna del oficialismo, febril hasta el último minuto del martes 12, cuando el reglamento marcaba el final del tiempo para presentar las candidaturas. De todos modos, siempre en estos casos aparecen minutos agregados a los reglamentarios.
En esa discusión, donde se decidieron los 32 representantes por las 8 secciones electorales, y los 15 que suman las ramas femenina, gremial y de la juventud, hubo arduas negociaciones, brazos en alto, caras largas, reproches y hasta alguna que otra sorpresa.
Los intendentes del poderoso Conurbano, y algunos dirigentes nacionales con fuerte incidencia en el interior bonaerense, como Julián Domínguez y Florencio Randazzo, se ven forzados a aceptar un consenso por el cual no todos están demasiado contentos. La elección de Fernando Espinoza ubica al jefe comunal de La Matanza en un escalón interesante como para dar el salto hacia la Gobernación.
Todos aquellos con aspiraciones preferían en ese lugar a alguien que no pudiera sacarles ventaja. Por eso se pidió a gritos por Daniel Scioli en un cónclave realizado en La Plata apenas una semana atrás.
Allí llegaron varios intendentes con la premisa de empujar al Gobernador a la silla que dejó vacante la enfermedad de Alberto Balestrini. No hubo definiciones allí, y pocos días después los mismos alcaldes hablaron de consenso para entronar a Espinoza. Scioli y el matancero saben que muchas de esas declaraciones de renovado amor no son sinceras.
Ante la pregunta de por qué no fue Daniel Scioli el presidente del partido, cuando a priori habría casi unanimidad para elegirlo, los hombres del Gobernador explican que “nunca estuvo en sus planes”, nombran a Espinoza “como el candidato de Daniel” desde hace varios meses, y argumentan la necesidad de prescindir del compromiso provincial para alguien a quien consideran de neta proyección nacional.
Algunas voces, con cierta mala intención, ponen en duda el carretel de apoyos que tendría el mandatario bonaerense. De todos modos, la teoría más ensayada puertas adentro del peronismo es la de una posible responsabilidad mayor para Scioli en el partido. Actualmente es el vicepresidente a cargo, pero en sus deseos presidenciales también se mezcla la fantasía de contar con una tremendo aval de antemano: ser el presidente del PJ nacional, que también debe renovar autoridades.
Se aguarda con ansiedad la vuelta de Cristina Fernández. Hay muchos temas por resolver, y no necesariamente tienen que ver con la administración del país.





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