El kirchnerismo primero intentó que el desgaste lo pagara el gobernador. El desborde de la protesta lo obligó a cambiar de estrategia y colaborar con la Provincia.
Los motivos de la excepción en el trato hacia Scioli fueron de dos clases. Sobre el tipo más visible, figuran los 16 días de paro docente, que desbordaron a los gremios, al sciolismo y al propio kirchnerismo. Porque a pesar de la altísima exposición que tuvo el conflicto provincial, tampoco el gobierno de Cristina Kirchner tenía acordada la paritaria nacional con los maestros, que ya acumulan dos años seguidos de cierres unilaterales por parte del oficialismo.
Hasta Ctera, una confederación gremial que pertenece a la CTA de Hugo Yasky y simpatiza con el kirchnerismo, escenificó su enojo y paralizó el centro porteño con una marcha al Ministerio de Educación nacional. Con esa paritaria trabada, al Gobierno se le volvía riesgoso el deporte ideológico de cascotear al sciolismo.
La invitación a Pérez compensó la de la noche anterior al secretario general de Suteba, Roberto Baradel, quien nunca dejó de hablar con el jefe de Gabinete, Jorge Capitanich, mientras duró la pulseada docente. Pero mucho peor para el sciolismo, Baradel siempre se mantuvo a un golpe de teléfono con el diputado camporista Andrés Larroque.
De fondo, el 2015 soñado para el cristinismo hard ya no incluye a un Scioli derrotado o completamente impopular antes de las PASO. Es cierto que la Presidenta no puede digitar el futuro del gobernador y mucho menos monopolizar la percepción social sobre Scioli. Pero si le dieran a elegir, en 2015 lo preferirían algo disminuido, incluso desnudo respecto a su alma conservadora, pero en absoluto fuera de carrera.
Porque el Gobierno especula con una primaria abierta que contenga a Scioli y, por el contrario, expulse a Sergio Massa. Ese escenario le daría cuerpo y legitimidad a una interna con los presidenciables más afines al corazoncito kirchnerista, como el ministro Florencio Randazzo, Capitanich o el gobernador Sergio Urribarri.
Como resultado de esa mezcla de pragmatismo y bambalinas, el día 15 de paro docente lo encontró a Scioli muy sonriente, pegado a Cristina en un acto de la Quinta de Olivos. O al menos así se lo vio en la foto alegórica que se encargó de difundir Télam. En la imagen de la agencia oficial, Scioli sonreía mientras la presidenta Kirchner le susurraba algo al oído.









Comentá la nota