La provincia de Jujuy seguirá gobernada por el signo peronista cuatro años más. Sea bajo la sombra protectora del viejo y entrañable Partido Justicialista...
El viernes, con firmeza y claridad frente a un auditorio anestesiado y sin la molesta presencia de las agrupaciones sociales (ausentes por la fuerte lluvia más alguna exitosa operación de disuasión), dijo ante los diputados que se dirigía a ellos por última vez como gobernador. Despejada esa duda al PJ le queda descomprimir cuanto antes sus presiones internas, abriendo válvulas y dialogando en serio. Otra certeza: el regreso de Eduardo Fellner aparece inexorable. El hombre de mejor medición en la consideración popular (le saca 20 puntos a Gerardo Morales y diez vueltas a los demás) no tendrá dificultad en volver a calzar la banda de gobernador. Pero, debajo de él, los dos sitios restantes del podio político, la vice gobernación y la primera senaduría nacional, son escalones vacíos donde los aspirantes desatan pasiones, adhesiones o diatribas, que están generando grietas enormes en la estructura del PJ. La solución sólo surgirá de dos vertientes: que la mesa chica -vigente, pero arrinconada-acuerde una salida consensuada para ofrecerla a la tropa, o que se fije fecha de internas rápidamente antes que el ácido corroa las bases más de la cuenta.
Deberá haber elecciones para autoridades partidarias y quizá simultáneamente se acomoden otras cargas. Se supo que Eduardo reunido con CFK habló del desdoblamiento, pero no hubo decisión. Sólo surgió un cambio de contactos en la presidencia: en vez del conocido operador Juan Carlos Mazón ahora el nexo será el secretario Legal y Técnico de la Presidencia, Carlos Zanini. Interesante. Como sea que se avance, una cosa está clara: ninguno de los sectores fuertes del oficialismo gobernante podrá alzarse con todo y pretender que el gobierno que viene sea un lecho de pétalos de rosa.
Las versiones
Pronto deberá despejarse el horizonte y desyuyarse el camino hacia las elecciones porque para agosto, el tiempo de las internas, y octubre la meta final, quedan apenas cinco y siete meses respectivamente. Cuanto antes ocurra esto, más rápido abortarán las usinas de especulaciones y el fárrago de versiones que, más que informar, atraviesan la sociedad con pronósticos inconsistentes, con aseveraciones temerarias que sólo buscan sacar de mentira verdad, o simplemente acertar de casualidad. Pero todo ese bosque de medios-datos interesados está cumpliendo un rol, quizá no deseado: está erosionando innecesariamente a fuertes personalidades políticas, exponiéndolas a aplausos o escarnios y con ello, deteriorando peligrosamente la calidad institucional del material humano disponible en Jujuy como oferta electoral.
Guillermo Jenefes fue blanco de todo tipo de expresiones: “Cristina lo rechaza”, “Cristina lo acepta”, “Eduardo le ofrecerá la vice gobernación”, “Guillermo se va con Rodríguez Sáa”, son algunas de las especies que sacuden al senador. Rubén Rivarola será el vicegobernador: “porque se lo prometieron en el 2009”, “porque mientras él ponía la cara y el cuerpo como nunca lo hizo antes un presidente de bloque, para enfrentar a huelguistas y agrupaciones sociales en sus embestidas contra el Gobierno, los que hoy le salen al cruce hacían la plancha y miraban los conflictos por TV”, “porque lo rodea una fuerte cantidad de intendentes (y votos)”. Rubén Rivarola no será vicegobernador: porque “el entorno de Fellner lo descalifica”, “porque ya no es sólida su alianza política con el actual vice Pedro Segura” (situación que siempre alegró sobremanera a los detractores de ambos), “porque no es hombre del círculo áulico del oficialismo”.
Pedro Segura “será candidato a intendente de San Salvador de Jujuy”, “el fellnerismo no volverá a hacerle un lugar expectante”, “aceptará ser ministro de Producción en la nueva gestión”, “irritó a todos con una campaña sin destino, sin sabor y sin compromiso” (que hasta hoy parece seguir errática en búsqueda de un lugar “ande haiga”, orientada por asesores ajenos a la realidad). No se debe olvidar que la senadora Liliana Fellner también pelea espacios y tal vez exija no seguir siendo segunda otra vez, ni a Marcelo Llanos, a quien una jugada tramposa lo lanzó como candidato a senador, cuando él quiere otra cosa. En alguna de estas frases está escondida la verdad. Pero siempre será una verdad condicionada al famoso arte de lo posible, que es la política. Sólo una reunión del estado mayor peronista reactualizará diálogos y serenará ánimos.
Resignar
Política también es el arte de resignar. Al parecer, los radicales han resignado toda esperanza de pelear por el gobierno de la provincia. Gerardo Morales ya no puede disimular que su carrera continuará en Buenos Aires y sus esfuerzos por dibujarle latidos a una expectativa muerta tornan patético el panorama del centenario partido. El hombre de la derrota, como alguna vez fue Alejandro Nieva -radical de pura cepa y dispuesto a la inmolación-sería esta vez el nobel Mario Fiad. El premio consuelo para ellos -nada despreciable- sería recibir nuevamente la Municipalidad de la Capital. Para ello cuentan con que el peronismo se resigne una vez más a no dar pelea con toda su energía por la siempre difícil San Salvador de Jujuy. Cuando un grupo de notables peronistas comenzó a diseñar un proyecto y un perfil de trabajo para la Capital, los nervios estallaron en la UCR. Ya saben que el PJ -si quiere- puede romper la tradición y quedarse con todo. Que si tienen un proyecto y le añaden el hombre -Pedro Segura por ejemplo- al PJ sólo le falta competir sin ataduras y enormes posibilidades de éxito.
La UCR de Jujuy, será una vez más el reflejo del nivel nacional. Los viejos zorros radicales advierten que el desmadrado panorama de su interna fallida, la figura aún débil de Ricardo Alfonsín, la defección de Sanz y la extraña personalidad de Cobos, están arrastrándolos a un callejón oscuro. Los más jóvenes en cambio, creen que la gestión de Chuli Jorge -sobrecargada de funcionarios, muchos de los cuales parecen trabajar de espaldas a la política- es un bastión inexpugnable y sueñan que replique los éxitos electorales de Hugo Conde o del tilcareño Félix Pérez. Por lo demás, los radicales buscarán poco: retener sus bancas provinciales, repetir la diputacía nacional de Miguel Giubergia, y seguir sosteniendo a Gerardo como dueño de sus destinos y única estrella fulgurante de su firmamento. Aunque eso signifique una involución irremediable si no asoma algún liderazgo que genere un enérgico recambio revitalizante.
El resto
Por lo demás, hoy, en Jujuy, el Peronismo Federal de José Luis Martiarena (y Rodríguez Sáa), o Toto Arnedo (y Eduardo Duhalde), no es más que una expresión de deseos que difícilmente logre sostener una respetable cabecera de playa. Algo parecido ocurre con las huestes de Pino Solanas, izquierda que arrancó arriba y se mancó. También le pasa al PRO, donde Dago Pubzolu, Efraín Rodríguez, Adriana Chinchilla y un puñado de animosos, son un proyecto a futuro que recién estrenó sus zapatos en las arenas públicas. Lyder, la agrupación de Isolda Calsina, aparece en cuanta reunión convoca la periferia política, asisten a todas las invitaciones pero sin definición cierta. El Frente Primero Jujuy, tuvo un pálido reaparecer público. Tienen un huevo en la canasta del kirchnerismo nacional, donde el jefe encontró un refugio, y el otro en la dura oposición al kirchnerismo provincial. Confían que Carolina Moisés, (favorita del alicaído jefe de gabinete Aníbal Fernández) pueda ser la carta que juegue un trabajoso retorno al oficialismo como única alternativa de supervivencia. Con el intendente Daniel Suárez, de La Quiaca, (jaqueado y muchas veces olvidado) a su favor, y los votos cautivos de Julio Moisés -político de la antigua hornada al que nadie jamás debe dar por muerto- en San Pedro, el resto se muestra como una estructura hueca de contenidos, que ya no llenan los mensajes estridentes, ni la alarmante anemia de la vida parlamentaria de su bloque (sólo entibiada de tanto en tanto por el oportunismo inteligente y solitario de Agustín Perassi).
El MPJ, que tuvo una ráfaga de presencia el año pasado cuando Pedro Octavio Figueroa reingresó a la casa guzmanista de Senador Pérez, volvió a su cono de sombras del que sólo saldrá iluminado a medias por los candiles de alguna alianza interesada en sumar sellos a su acta fundacional.
Hoy todo está como estaba. Pero se inició la aceleración de los procesos, y rápidamente llegarán novedades. Y con ellas, las alegrías y las broncas, las sorpresas y las desazones. Con el futuro a la vista, es probable que nadie quiera intentar un sacudón muy fuerte. No vaya a ser que el posterior tsunami se los lleve puestos

















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