En la Argentina hay un axioma de política económica casi indiscutible. Se pueden ganar elecciones con desempleo creciente, déficit fiscal y hasta nulo crecimiento. El ejemplo más elocuente es Carlos Menem en 1995.
Pero no hay chance alguna con un dólar en franco ascenso. El propio Néstor Kirchner solía recordar esta máxima a sus íntimos. Por eso no extraña que Cristina retome el férreo monitoreo al dólar hasta las elecciones. Sobran reservas para controlarlo y la balanza comercial, si bien menos holgada que en 2010, también generará divisas este año. Pero la Presidenta deberá discurrir entre el dólar electoral cuasifijo y las presiones para un ajuste nominal que morigere la pérdida de competitividad derivada de la inflación. Cualquier retoque, por pequeño que sea, se hará lo más lejos posible de las elecciones. Tal vez por eso en una semana el dólar subió 3 centavos, a $ 4,04, y el informal ya se negocia a $ 4,16.


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