Relato vs. realidad

Por Alfredo Leuco

La fragilidad K se expuso como nunca antes. Del dicho al hecho. Scioli, De la Sota y el factor Alberto.

Acción: se están abriendo grandes grietas en el relato de Cristina. Reacción: verticalistas como Daniel Scioli y Alberto Fernández, entre otros, encuentran más espacio y se atreven a hacer y decir cosas inéditas que desnudan la fragilidad de los apoyos y las estructuras del oficialismo. Esta dialéctica marxista, que abrevó en Hegel, ya en 1890 proponía la sucesión de la causa y el efecto como el gran curso que va construyendo la historia. Por eso, estos últimos días fueron testigos de cosas impensadas que demuestran cómo el consumo de sus propios inventos puede intoxicar incluso a una Presidenta que tiene muchas posibilidades de ser reelecta, aunque haya dejado de ser algo seguro.

Hay que decirlo de entrada para que ese virus del triunfalismo que enfermó de ceguera al kirchnerismo no produzca el mismo efecto en una oposición que no tiene muchos rulos para hacerse. Pero esto no es nuevo. La novedad es que Scioli no fue amonestado públicamente cuando tomó caminos que antes de la sucesión de derrotas (Capital, Santa Fe, Schoklender, ADN clarinista, Torneo “Grondona cumple, Cristina dignifica”) hubieran horrorizado al cristinismo blindado. Por el contrario, cuando Scioli dijo la obviedad de que José Manuel de la Sota era peronista, todos imitaron el ejemplo de ese varón argentino. Pero lo más terrible es que la propia Cristina cambió de opinión para no perder otra vez y celebrar la posible victoria del ex gobernador de Córdoba. Media hora atrás, la arrogancia de Cristina le había prohibido a De la Sota llevar su boleta porque no aceptó someterse a sus exigencias. Otra vez algo inédito: Cristina es la que acepta las condiciones de alguien que se le planta.

Si es que hay ideología entre tanto pragmatismo feroz, se puede decir que hasta ayer De la Sota era un neomenemista defensor de los agrogarcas mediáticos destituyentes y que, por arte de magia (o de las encuestas), se convirtió en un líder de la revolución nacional, popular y progresista que además les hizo un desplante y dijo que no había hablado con la Presidenta. El discurso político es maleable como el barro de la cerámica. Pero cuando se seca la materia prima y se insiste en modificarlo, se quiebra.

Scioli cometió más de una herejía. Fue una ametralladora de provocaciones y el único que salió a cruzarlo fue Martín Sabbatella. Habló maravillas de su amigo Miguel Del Sel, fue con su esposa y sus sueños de embarazo a lo de la enemiga número uno de los K en la tele, Susana Giménez, y encima eligió un estilo de campaña de la mano de Ernesto Savaglio (el que inventó el bulldog para Ricardo López Murphy) y el cantante Ricardo Montaner, que va más por el lado de los sentimientos y la vida cotidiana (“Yo creo en vos”) que del combate entre liberación o dependencia. Igual que Macri hizo con Jaime Duran Barba.

Esta fractura expuesta entre el relato y la realidad es el corazón del misil epistolar que Alberto Fernández disparó contra Cristina. Le dijo de todo. Pero, básicamente, que no necesita fabular batallas para parecer heroica ni mentir en el mundo dual en el que vive. Se produjo un verdadero zafarrancho de Fernández. Todos prendieron el ventilador. La primera fue Cristina, que acusó a Alberto de ser un traidor convertido en vocero de la voracidad del Grupo Clarín. Alberto le contestó que todas las veces que hubo reuniones cumbre entre Néstor y Héctor Magnetto había dos participantes más: el propio Alberto y Cristina. La memoria suele ser ese salvavidas que elegimos para no hundirnos.

Después de su esposo fallecido y tal vez de Carlos Zannini, Alberto Fernández es el dirigente que más tiempo compartió con Cristina. El que la conoce más profundamente. Mucho antes de que Kirchner llegara al poder, mientras Cristina fue diputada y senadora, cada vez que Miguel Núñez (¿se acuerda?) llamaba a un periodista para que invitara a Cristina a un programa de cable, aparecía acompañada por Alberto Fernández. Por eso la acusación de haber sido legislador en las listas de Domingo Cavallo es tragicómica. Por un lado es absolutamente cierto, incluso compartió ese raro privilegio con Elena Cruz, la actriz defensora del genocida Jorge Rafael Videla. Pero fue a ese lugar porque Néstor y Cavallo se admiraban mutuamente y se apoyaban electoralmente. De hecho, tengo un tape de mi programa Le doy mi palabra que viene a cuento recordar. Le habíamos regalado una rosa roja a Cristina porque era el Día Internacional de la Mujer, el 8 de marzo del año 2000. Se produjo el siguiente diálogo:

Leuco: Usted ha tenido afinidad política e ideológica con Cavallo y con Beliz y trabajó con ambos. ¿A quién votaría en la interna si tuviese que hacerlo en Capital?

Cristina: Es una pregunta que no te voy a responder. Tengo amigos en todos lados, incluso en la lista de Irma Roy que también está por presentarse. Ahora soy militante de otro distrito y creo que todos tienen méritos: Cavallo, Beliz, Irma... No me obligues a definirme. No sería justo.

Hubo otra malversación del relato que pasó casi inadvertida.

En Salta, el miércoles 27, cuando la Presidenta inauguró una cárcel modelo, en su discurso, así como al pasar, para destacar la importancia del hecho, dijo: “Sólo quienes en algún momento hemos estado privados de ese bien (la libertad) sabemos lo que significa”.

Aníbal, en su respuesta a Alberto, dice como al pasar y para mostrar la valentía del matrimonio entre Néstor y Cristina, que “alguna vez los metieron presos juntos”.

En su biografía autorizada escrita por Olga Wornat no figura una sola línea de un tema que marca tanto a cualquier persona. No es una frivolidad haber estado cerca de veinte días detenida muy poco tiempo antes del golpe de Estado más criminal que tuvimos que padecer los argentinos. Eso había dicho Néstor. Pero Eduardo Arnold, que fue su vicegobernador durante ocho años, niega haberlo escuchado alguna vez. En ninguno de los perfiles y semblanzas aparece nada sobre esa situación. El ex diputado peronista y del Frepaso Rafael Flores, que estuvo muy cerca del matrimonio presidencial, aseguró que jamás escuchó una palabra al respecto. Ningún dirigente defensor de los derechos humanos de Santa Cruz tuvo el más mínimo dato. Haber estado preso no hace mejores ni peores a las personas. Pero habla de cierto nivel de resistencia frente al lopezreguismo primero y la dictadura después. Es una información importante en la vida de un dirigente político, y más si se convierte en jefe del Estado. Son temas delicados. No aptos para fabulaciones ni falsas heroínas.

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