Salarios que pierden contra la inflación, alquileres que absorben más de la mitad del ingreso y deuda para llegar a fin de mes. Este 1° de mayo abre un interrogante urgente: cuánto más puede sostenerse un modelo que exige cada vez más a quienes menos tienen.
Por
Eugenia Rodríguez
En este 1° de mayo, la agenda del mundo laboral en Argentina aparece atravesada por un dato cada vez más difícil de eludir: el deterioro sostenido de las condiciones de vida de quienes viven de su trabajo. Tras la mayor fragmentación del mercado laboral y pérdida de ingresos, el problema ya no es solo conseguir empleo, sino que ese empleo alcance. De hecho, para una porción creciente de trabajadores, el salario dejó de cubrir el costo de vida básico y la respuesta se volvió conocida: trabajar más horas para apenas lograr sostenerse. En este escenario, lo que está en juego es un modelo económico que desplaza cada vez más los costos al interior de los hogares laburantes.
La experiencia cotidiana de las y los trabajadores puede leerse a partir de cuatro variables clave: cuánto se gana, cuánto más hay que trabajar para compensar lo que falta, cuánto del ingreso se destina al alquiler y cuánto se recurre al endeudamiento. Esa combinación dibuja una radiografía precisa del presente: ingresos que corren de atrás, gastos fijos que avanzan y una brecha que se cubre con deuda y más horas de trabajo. Todo ello mientras la reforma laboral del oficialismo promete más flexibilización que favorece el despido arbitrario, reemplaza el esquema tradicional de indemnizaciones y reduce sanciones frente a la no registración, al tiempo que debilita las herramientas de reclamo de los trabajadores.
Cuánto se gana
En este 1º de mayo, tercero bajo la gestión de Javier Milei, tener trabajo ya no garantiza condiciones mínimas de vida y, por el contrario, la mayoría de las y los trabajadores se ve en la necesidad de multiplicar ingresos, estirar jornadas y hasta resignar consumos esenciales. El modelo económico impulsado por el gobierno de La Libertad Avanza (LLA) no solo redefine variables macroeconómicas, sino que también reorganiza quienes absorben los costos de la crisis.
Por un lado, en materia de ingresos, la licuación salarial es alarmante. En febrero, los salarios reales (considerando el efecto de la inflación) siguieron deteriorándose frente a 2023, con caídas de 37,9% en el sector público nacional, 15,2% en el provincial y 5,5% en el privado registrado. Según un informe de la consultora C-P, las paritarias están muy por debajo de la inflación, con negociaciones en torno al 2%, mientras que el nivel general de precios se mantiene cercano al 3% mensual. A su vez, se imponen las sumas fijas: hace un año el 50% de los acuerdos contenía algún tipo de suma fija, ahora lo hace el 80%, lo cual deriva en “una heterogeneidad salarial entre sectores muy grande y condiciones salariales más precarias (por ejemplo, gremios acumulan sumas fijas que llegan a representar más del 40% del salario conformado)”, analizó la mencionada consultora.
Por su parte, el Salario Mínimo, Vital y Móvil (SMVyM) se ubica en 357.800 pesos (alcanza apenas la mitad del costo de la canasta básica de alimentos para una persona, que define la línea de indigencia). De hecho, hoy un trabajador necesita más de $2.800.000 para vivir dignamente, muy alejado del ingreso mínimo que debería ser el piso que garantice el acceso a bienes y servicios esenciales. A contramano, se ubicó en el valor más bajo de serie: está 20% por debajo del valor que tuvo durante la década de los ‘90 y es un 60% inferior al que regía antes del gobierno de Mauricio Macri. En paralelo, solo en el primer trimestre del año, la inflación acumuló cerca de un 9,4%, con fuerte presión de alimentos y tarifas, dos rubros que impactan directamente en el costo de vida de los trabajadores.
La degradación del ingreso se aceleró con el tiempo. Si hace diez años alcanzaban entre tres y cuatro salarios mínimos para sostener las necesidades básicas de un hogar, hoy hacen falta ocho. De acuerdo con datos de Argendata (Fundar) en base a CEPAL, Argentina acumuló una caída del 18,8% en el salario medio real desde 2018, el peor desempeño de América Latina.
¿Cómo se traduce en la vida laburante? En números concretos, un trabajador del sector privado acumula en promedio en lo que va de la administración de La Libertad Avanza (LLA) una pérdida de 2,1 millones de pesos. En el caso del sector estatal, la cifra escala a 10,7 millones de pesos de bolsillo, según estimaciones del Mirador de la Actividad del Trabajo y la Economía (MATE).
La situación no es mejor para los trabajadores pasivos. Las jubilaciones perdieron el 24% del poder de compra desde que gobierna Milei (los que cobran la mínima perdieron 29%) esto implicó una pérdida acumulada cercana a los 5,4 millones de pesos por cada jubilado, según MATE. Ello explica otro dato que preocupa: la actividad laboral de mayores de 66 años creció 11% interanual, consecuencia de la pérdida del poder adquisitivo de las frente a una canasta básica del adulto mayor que superó los $1,8 millones y más que cuadruplicó el haber mínimo que reciben más de 5,0 millones de jubilados (apenas $ 450.000) y casi un millón de personas con discapacidad ($328.000). Esos valores incluyen el bono de $70.000 congelado desde 2024 y que, actualizado, debería ser de casi el triple ($190.000), según estimó la Defensoría de la Tercera Edad.
Otro aspecto, que completa el cuadro de situación, tiene que ver con el cada vez mayor peso de los gastos fijos. Mientras los salarios alcanzan para menos, crecen los gatos fijos y se reduce el ingreso disponible (cuánto queda de un salario luego de restar tarifas de servicios y transporte).
Según publicó el Instituto Argentina Grande (IAG) los gastos fijos consumen 15 puntos más del salario que apenas dos años atrás, producto de un fuerte aumento de las tarifas de servicios públicos y del valor de los pasajes de transporte. A modo de ejemplo, el boleto mínimo en AMBA llegó a $700, un 131% más que el promedio de 2023 en términos reales. A su vez, “Electricidad, gas y otros combustibles” tocó el nivel de precios más altos desde el cambio de gestión. “Más allá de la evolución real de los salarios, la sensación de que nada ‘alcanza’ es porque después de pagar las boletas al principio del mes, queda poco en el bolsillo”, sintetizaron desde el centro de estudios.
Cuánto más se trabaja
En el día a día, las y los trabajadores sufren además el golpe de dos de las caras más duras de la crisis: aumento de los despidos injustificados y el “boom” de la doble jornada, mientras el empleo registrado ya acumuló una caída de 1,6% en los últimos ocho meses.
Los últimos datos del mercado laboral dieron cuenta de que la presión sobre el mercado de trabajo subió un nuevo escalón: 3 de cada 10 trabajadores están buscando empleo y/o desean trabajar más horas. “Si se hace foco en aquellos trabajadores que buscan activamente una ocupación (desocupados y ocupados demandantes), la presión efectiva llega al 24%”, puntualizó un informe del Instituto de Pensamiento y Políticas Públicas (IPYPP). De ese modo, sumaron cerca de 600 mil personas más a buscar trabajo.
Como resultado, un fenómeno notable y persistente en los últimos años es el incremento del pluriempleo, que se profundizó bajo el gobierno de Milei: la proporción de personas ocupadas con más de un empleo subió desde 8,4% en 2015 a 11,9% en 2025, reflejando la necesidad de complementar ingresos en los hogares. “Suele asociarse este crecimiento con la posibilidad que brindan las nuevas plataformas digitales de complementar sus ingresos, sin embargo, el aumento del pluriempleo se relaciona, en términos más generales, con contextos en los que los ingresos reales de los hogares descienden y, en consecuencia, se buscan otras fuentes laborales, vinculadas o no con plataformas digitales”, precisó un documento del Centro de Investigación y Formación (CIFRA-CTA).
Por su lado el economista Federico Pastrana, director de C-P consultora, puso el foco recientemente en las características del cuentapropinismo, que gana terreno frente a una caída en el empleo registrado privado. Para el especialista, “no solo suelen funcionar como refugio (transitorio) frente a la perdida de trabajo, sino como ‘ingreso adicional’ y esto se ve en las estadísticas ya que si comparamos las fuentes de datos (EPH y Cuenta Generación del Ingreso, INDEC), la cantidad de personas que trabajan por cuentapropia son menos que los puestos de trabajo. Esto está asociado a que hay más puestos que personas o personas que tienen varios puestos”, explicó.
La expansión del empleo por cuentapropia está lejos de ser un proceso vinculado a la expansión del sector formal y a las mejores oportunidades que brinda el mercado de trabajo ya que “es coherente con un deterioro del mercado laboral y una economía con tendencia al estancamiento”, agregó.
En cuanto a los despidos, el porcentaje de despidos sin causa llegó, en febrero pasado, a representar el 10% del total de las desvinculaciones, un número elevado, aunque inferior al pico de 19% registrado en diciembre (IIEP-UBA CONICET).
Todo ello ocurre en un escenario donde se destruyeron más de 240.000 puestos de trabajo -la tasa de desempleo alcanzó el 7,5% al cierre del 2025- y unas 24.000 empresas bajaron sus persianas en los últimos dos años. En el sector estatal, la pérdida fue de 66.000 empleos nacionales mientras, como contracara, aumentó la cantidad de monotributistas (+195.000 nuevos) y la tasa de informalidad se disparó -pasó del 42,6% al 43,3%-. A la par, el Gobierno introdujo, con apoyo de aliados en el Congreso, la reforma laboral que, lejos de atender dichos problemas, favorece el despido arbitrario, reemplaza indemnizaciones por un fondo que paga el propio trabajador, y hasta elimina sanciones por no registración mientras bloquea cualquier intento de reclamo sindical.
“El panorama del mercado de trabajo no ofrece señales de cambio de tendencia para los primeros meses de 2026. En materia de ingresos, el año arrancó con las paritarias nuevamente por detrás de la inflación, la aceleración inflacionaria de fines de 2025 dejó rezagados muchos convenios, y eso se traslada al inicio del año”, planteó un informe del Centro de Capacitación y Estudios sobre Trabajo y Desarrollo (CETYD-UNSAM). En esa línea, “el desacople entre actividad y empleo no responde a factores circunstanciales sino a la estructura del modelo en curso: un esquema productivo que se apoya en sectores con baja capacidad de generar empleo y que, a la par, desestructura el tejido industrial. Mientras ese patrón sectorial no se modifique, un crecimiento de la actividad como el proyectado para 2026 difícilmente se traduzca en una mejora sostenida del mercado de trabajo”, alertaron.
Cuánto destina al alquiler
Los alquileres se consolidan como uno de los principales factores de presión sobre los ingresos de los hogares, en un contexto donde el salario perdió capacidad de compra.
En Argentina, más del 20% de los hogares vive en una vivienda alquilada, una cifra que creció un 70,4% desde 2010, muy por encima del aumento total de los hogares y que expone con claridad el proceso de inquilinización. Sin embargo, ese crecimiento se da en un contexto de fuerte deterioro en la accesibilidad: desde fines de 2023, los precios de los alquileres aumentan por encima de la inflación y, sobre todo, de los salarios, al punto de que alquilar demanda una porción creciente del ingreso -que ya supera el 50%- y se vuelve inaccesible incluso para sectores con empleo formal.
A pesar del incremento de la oferta de propiedades en alquiler tras la derogación de la Ley Nacional de Alquileres (N°27.551), tras los primeros dos años de gestión de Javier Milei, el aumento del alquiler resultó superior al 500% en todas las regiones del país (la inflación rondó el 290,0%). A contramano, el índice de salarios total del INDEC -por ejemplo- creció en ese mismo periodo un 263,0%. Si se compara con el salario mínimo, el deterioro es aún mayor: se necesitan 3,1 salarios para cubrir el pago mensual, un el doble que hace solo dos años (1,5 salarios mínimos en 2023), de acuerdo con un relevamiento federal del Centro de Estudios Derecho al Futuro (CEDAF).
En las regiones GBA, Pampeana, Noreste y Patagonia, el alquiler de la vivienda fue el componente de mayor aumento después de los gastos de Electricidad, gas y otros combustibles, y en Noreste después de Transporte público y Tarifas. En promedio, la variación del alquiler fue 3 veces superior a la de los precios generales.
La situación se repitió en lo que va del 2026. Según el último dato disponible, “otra vez el alquiler de vivienda aumentó casi el doble que la inflación en el último año”, indicaron desde el espacio Inquilinos Agrupados. El IPC-INDEC de marzo marcó una suba interanual del 32,6% mientras que el alquiler escaló 52,3%.
Cuánto se depende de la deuda (y la mora)
La caída del ingreso disponible también ayuda a comprender qué sucede con la morosidad: los salarios que cada vez alcanzan para menos, los gastos fijos aumentas, y las familias se endeudan más para subsistir en lo cotidiano.
Los hogares argentinos acumulan hoy más de $39 billones en deuda: $32,1 billones en deuda bancaria y $6,9 billones en deuda no bancaria. En el primer caso el promedio es de $5.702.809 por hogar endeudado. En 2025, ese promedio era de $4.660.549, y en 2023 de apenas $377.664. “En tres años, la deuda bancaria típica de un hogar pasó de representar poco más de un salario y medio a superar los tres salarios y medio”, indicó un informe de la consultora Focus Market.
No obstante, el dato que alarma es el crecimiento de la morosidad. En detalle, hay 4,8 millones personas con moras superiores a los 3 meses. A su vez, son las personas más jóvenes quienes muestran una peor situación crediticia: la morosidad entre 15 y 24 años ronda el 33%: es decir, 1 de cada 3 pesos que le adeudan al sistema están en situación de morosidad. Los datos fueron procesados por el IAG, desde donde remarcaron que es igualmente interesante ver cómo varía la composición ya que “cae la cantidad de deudores que solo deben a entidades financieras y sube fuertemente la cantidad de deudores que tienen deuda con entidades financieras y no financieras (y solamente con no financieras también). Es allí donde más aumentan los deudores morosos”, precisaron.
Por su parte, el informe de Focus Market destacó que “el cuadro sugiere que una parte de los hogares que accedió al crédito formal en los últimos años enfrenta dificultades crecientes para sostener sus pagos, en un contexto donde los salarios reales aún no terminan de recuperarse y el costo de vida sigue presionando los presupuestos familiares”.
En cuanto a la deuda no bancaria dicho informe agregó que agrupa desde el préstamo de un familiar hasta la cuota del colegio impaga, pasando por impuestos atrasados, expensas sin abonar o financiamiento en el almacén del barrio. Así, el no pago de expensas subió del 1,4% al 4,9%, el de cuotas educativas del 0,7% al 3,1%, y el de servicios del 2,3% al 5,4%.
En este desplazamiento -del salario al endeudamiento, del empleo a la supervivencia- se redefine qué significa hoy trabajar en la Argentina. Ya no se trata solo de acceder a un puesto, sino de sostener una vida en condiciones cada vez más frágiles, donde el ingreso no ordena y el esfuerzo no alcanza. En vísperas de un nuevo Día del Trabajador, la radiografía es contundente: millones de personas trabajan, pero cada vez más lejos de vivir en condiciones dignas. Y esa distancia no es casual, sino el resultado de un modelo que volvió a poner el costo del ajuste del lado de quienes viven de su trabajo.


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