El intendente y el ganador de las Paso abandonaron la exposición que tuvieron los días inmediatos a la elección. Con la cabeza más frías planifican la estrategia de cara al 25 de octubre.
La fiebre electoral comienza, poco a poco, a descender. Al día siguiente de la elección, Gustavo Pulti, atolondrado, salió a desafiar a un debate a Carlos Arroyo, el gran ganador de las Paso. Mano a mano, con equipos técnicos, de primeros candidatos a concejales. Quería revertir la derrota electoral que sufrió el 9 de agosto de inmediato. Imposible. Arroyo, en cambio, hizo una conferencia y brindó algunas entrevistas que ya tenía pautadas. Sin embargo, no pudo escapar de las polémicas. Entonces, optó por resguardarse. En el arroyismo creen que hay un empeño por tergiversar las declaraciones del candidato a intendente y sus proyectos. Por eso, prefieren no exponerlo.
El ganador de la elección reaparecerá la semana próxima en la escena pública de Mar del Plata, luego de unos días de ausencia. ¿Cuál es el plan? “Vamos a hablar de gestión”, confiaron fuentes de su entorno a 0223. Arroyo planteará sus proyectos para Mar del Plata y tendrá acompañamiento de los principales referentes del Pro que bajarán a la ciudad varias veces de aquí al 25 de octubre. Cambiemos no sólo se impuso en las urnas marplatenses en la categoría de intendente: también ganaron María Eugenia Vidal y Mauricio Macri. Los 170 mil votos obtenidos en este distrito son un tesoro que deberán cuidar.
Vidal le dará un fuerte respaldo al concejal marplatense a lo largo de la campaña. Desde el Pro señalaron que el candidato presidencial se abocará a recorrer otras provincias y dejará que su vicejefa de Gobierno se encargue de sumar votos en el territorio bonaerense.
La estrategia es lógica. Se sabe que aquel que ganó trata de que los escenarios se modifiquen lo menos posible para mantener la ventaja. Arroyo llegó a ser el precandidato más votado sin inmiscuirse en polémicas y manteniéndose alejado de las peleas feroces que tuvieron el oficialismo y la Unión Cívica Radical a lo largo de los últimos dos años. Y así quiere seguir. ¿Es posible eso? Difícil.
Los 106 mil votos que consiguió lo ponen en el centro de la escena. Cualquier cosa que diga o haga de aquí hasta el 25 de octubre tendrá más repercusión de la que al propio Arroyo y su entorno le gustaría. En una entrevista con LU6, dijo que si Pulti traslada la Municipalidad al barrio Libertad él la vuelve a traer a Luro e Yrigoyen. En otro momento (no muy distante), hubiese sido la postura de un concejal crítico, con una base de votos importante, pero sin chances reales de llevar sus dichos a la práctica. Y nadie le hubiese contestado. Hoy, su postura no pasa desapercibida: vecinos del oeste salieron a cuestionar sus dichos y remarcaron que el centro cívico en ese lugar potenciará la zona.
El mismo tránsito corre por estas horas un proyecto que presentó sobre “Nueva Escuela”. En rigor, la iniciativa ingresó al Concejo Deliberante hace dos meses, pero recién ahora salió a la luz.
Fue Emiliano Giri, su jefe de campaña, quien salió a aclarar que el líder de la Agrupación Atlántica no planea demoler la estructura que se levanta en Libertad y Tandil. Sino que pretende darle otro fin, por caso el de sede de la Secretaría de Seguridad. Y probablemente sea él o alguien de su equipo quien explique con mayor precisión cuál es el objetivo de la propuesta educativa más allá de lo que puede leerse.
Los medios estamos acostumbrados a los títulos estridentes de Arroyo. A los proyectos con algunos detalles curiosos. Tal vez sea Arroyo el que deba acostumbrarse ahora a que todo lo que diga será observado con lupa. Que sus palabras son las de un dirigente que quedó a un paso de la Intendencia. Y no son pocos los que quieren que no dé ese paso.
Tras los fallidos desafíos, Pulti volvió a abocarse a la gestión y abandonó las declaraciones electorales. En las últimas horas enfrentó la salida de Rodolfo “Manino” Iriart de la Secretaría de Seguridad, tras poco más de cuatro meses en el cargo. El diputado provincial, ultrasciolista, había elevado el perfil del área, con una fuerte presencia mediática. En cada operativo estaba él presente y era la cara visible, aunque el área municipal no tuviese jurisdicción en la materia. Puertas afuera, es probable, esa exposición fue favorable, aunque la manera de manejarse del exsecretario de Seguridad generó algunos cortocircuitos dentro del gabinete.
Pulti eligió a Fernando Telpuk para sucederlo. La decisión muestra que pese al traspié electoral el intendente sigue apostando a un esquema de seguridad democrática, que no siempre es el más valorado por el común de los ciudadanos.
En las últimas horas, Pulti recibió una buena noticia, sobre un tema que en general le trae dolores de cabeza: el índice de desocupación se redujo levemente con relación al mismo trimestre del año pasado y sustancialmente con el segundo trimestre de 2015. Rápidamente, los funcionarios salieron a hablar de la idea de profundizar el perfil industrial de Mar del Plata. Es decir, mantener la misma línea en la que se venía trabajando hasta antes de las elecciones.
Estos dos hechos ratifican que el intendente está resuelto a mantener el rumbo. No cambiará el fondo de su discurso. Aunque, sí analizan la forma en que comunican lo que ellos consideran sus principales logros. La duda es si con el correr de las semanas el Frente Marplatense kirchnerizará su campaña o sacará a relucir el carácter vecinalista de Acción Marplatense. La decisión aún no está clara, aunque seguramente también dependerá de la actitud que tome el candidato presidencial Daniel Scioli. El actual gobernador también necesita que el jefe comunal mejore su performance. Mar del Plata siempre fue un bastión para el sciolismo y se trata de una ciudad clave en la provincia: la segunda con mayor cantidad de electores, luego de La Matanza.
En el entorno del intendente analizaron los resultados por circuito electoral. En la zona del centro y macrocentro saben que tienen poco margen de crecimiento. La apuesta fuerte del pultismo será en los barrios periféricos, donde en su mayoría ganó, pero no por la diferencia que necesitaban para derrotar a Cambiemos.







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