Por Eduardo AnguitaJuan Perón puso énfasis en aumentar los vínculos entre Argentina, Brasil y Chile, una idea que se repite en la última década.
Dilma Rousseff tenía 17, como cantaba la chilena Violeta Parra, al momento en que un grupo de generales alineados con el Pentágono norteamericano, encabezó un golpe contra João Goulart. Seis años después, como tantos jóvenes, Dilma se sumaba a la acción directa. Fue detenida en 1970, torturada, y salió de la cárcel a fines de 1972, nueve meses antes de que Michelle viera cómo moría su padre y terminaba la democracia en Chile. Más inquietante es el asunto si se suma que Goulart moría el 6 de diciembre de 1976 en Corrientes, Argentina, y nuevos estudios sobre su cuerpo indican que también fue asesinado. Los crímenes del operativo Cóndor, diseñado por las dictaduras del Cono Sur y la Inteligencia de Estados Unidos, cobraron muchas más vidas de las que se supone. El pasado jueves 14 de noviembre, Rousseff respaldó la exhumación y los estudios sobre el cuerpo de Goulart para determinar si, como todo indica, el ex presidente fue asesinado hace 37 años en el marco del Plan Cóndor. Nada más incómodo para la actual presidenta que la certeza de que la impunidad sobre aquellos años contribuye para que la Agencia Nacional de Seguridad de Estados Unidos intruse los correos electrónicos de la jefa de Estado con Graça Foster, la presidenta de Petrobras, y espíe otras áreas sensibles de Brasil.
Cristina Kirchner tenía 23 años cuando se produjo el golpe cívico-militar de marzo de 1976 y ya había tenido militancia en los sectores más combativos del peronismo. Junto a Néstor Kirchner fue impulsora de todas las medidas que permitieran recuperar Memoria, Verdad y Justicia en la Argentina. Ambos encausaron un proceso de redistribución de la riqueza y de la integración latinoamericana junto a otros mandatarios de la región. Estos días, la derecha desea con fervor que Cristina tenga dificultades para retomar sus actividades con plenitud al frente del gobierno.
PASADO Y PRESENTE. En una perspectiva histórica, la existencia de estas tres mujeres en la cúspide del poder político es una muestra de cambios de fondo. Sin embargo, las transformaciones habidas en estos últimos 12 años no son suficientes. Chile sigue atado a una perspectiva librecambista y a una estrecha relación comercial y financiera con los Estados Unidos. Brasil pelea por ocupar un lugar de hegemonía en el mundo de la mano de un grupo de multinacionales brasileñas con ambiciones dominantes sobre la región. Argentina mejora sus estándares pero no puede abrirse paso en su inserción internacional y tiene serias dificultades para diversificar su economía. La integración latinoamericana forma parte del ideario de las fuerzas políticas y sociales que respaldan a Bachelet, Rousseff y Fernández de Kirchner pero los mecanismos de integración regional que permitan potenciar esos ideales son muy débiles.
Aquel proyecto ABC, impulsado por Juan Perón, tuvo su origen en Brasil. Parte de la inteligencia de Perón se debió a que exhumó el llamado Pacto ABC, de mayo de 1915, una idea originada en la diplomacia brasileña. El arquitecto de aquella iniciativa fue José Maria da Silva Paranhos, barón de Río Branco, y estuvo destinada a frenar la diplomacia del dólar y el garrote llevada a cabo por los Estados Unidos. Uno de los puntos más altos de las ambiciones expansionistas norteamericanas se había consumado en 1903, cuando la hasta entonces provincia colombiana de Panamá se convirtió en un Estado autónomo. Pero autónomo de Colombia y desde entonces bajo la égida de Washington. Con la firma de un tratado para la construcción del Canal de Panamá, la marina norteamericana instaló una base poderosísima para controlar el istmo que une el Atlántico con el Pacífico. Esa base naval sirvió para la invasión a Veracruz, México, en 1914, y para muchísimas otras intrusiones militares directas para someter a los pueblos que un siglo atrás transitaban la liberación del Reino de España. El historiador brasileño Luis Alberto Moniz Bandeira destaca: "Esta intervención desencadenó una ola de protestas en varias ciudades de América Latina y casi involucró a los Estados Unidos en una guerra contra todo México, apenas evitada, y en gran medida, gracias a la mediación del Grupo ABC. Algunos meses después, el secretario de Estado norteamericano William Bryan firmó con el representante de Nicaragua Emiliano Chamorro un tratado" (ver De Martí a Fidel, editorial Norma, página 165). El punto más álgido de las luchas contra las tropas invasoras norteamericanas fue la resistencia nicaragüense encabezada por el heroico general Augusto César Sandino, quien murió asesinado en febrero de 1934 por instrucciones recibidas en la embajada norteamericana en Managua y ejecutada por el traidor jefe de la Guardia Nacional Anastasio Somoza.
PERÓN, IBÁÑEZ, VARGAS. El 11 de noviembre de 1953, seis décadas atrás, Perón pronunciaba un discurso en la Escuela Nacional de Guerra cuya versión informal se conoció de inmediato en Uruguay. La versión oficial se hizo pública recién en 1967, cuando en la Argentina había una dictadura, la de Juan Carlos Onganía, que cumplía con todos los protocolos planteados por Washington y cuyo diagnóstico, crudísimo, estaba contemplado en aquellas palabras de Perón. Ya en 1951, este advertía que el modelo de sustitución de importaciones requería de una Unión Aduanera con los vecinos una auténtica economía de escala, condición inexcusable para garantizar la competitividad de nuestra producción.
Fue entonces que propuso la firma de un acuerdo entre las tres naciones. Getulio Vargas estaba jaqueado por la derecha opositora. En agosto de 1954, el presidente brasileño, el padre de los pobres, decidió suicidarse no sin antes dejar una carta póstuma. En uno de los párrafos, dice: "La campaña subterránea de los grupos internacionales se alió con grupos nacionales (contra) revolucionarios contra el régimen de garantía del trabajo. La ley de trabajos extraordinarios fue interrumpida en el Congreso. Contra la Justicia de la revisión del salario mínimo se desencadenaron los odios. Quise crear la libertad nacional en la potencialización de nuestras riquezas a través de Petrobras, mal comienza esta a funcionar cuando la onda de agitación crece. La Eletrobras fue obstaculizada hasta el desespero. No quieren que el pueblo sea independiente." Olvidar esta carta casi seis décadas después, cuando Estados Unidos espía las cartas entre la mandataria brasileña y la presidenta de Petrobras, sería olvidar el sacrificio y la integridad de Getulio Vargas así como las ambiciones de dominación de Estados Unidos.
Cabe recordar que la astucia de Perón lo había llevado a firmar primero un acuerdo con el presidente de Chile, el general Carlos Ibáñez, para darle fuerza a la propuesta de integración de Brasil. Pero cuando la noticia del acuerdo argentino-chileno llegó a Río de Janeiro –entonces capital de Brasil–, la Cancillería puso en marcha su plan para bloquear ese proyecto. La sujeción a los mandatos del norte pudieron más que los modestos esfuerzos de Perón e Ibáñez. Dijo al respecto el historiador e intelectual uruguayo Alberto Methol Ferré: "En la caída y suicidio de Vargas, el mayor énfasis fue la campaña contra la alianza con Argentina. Se quería evitar la alianza Argentina-Brasil."
LOS DESAFÍOS. Las enseñanzas de la historia no pueden olvidarse. No alcanza con las múltiples reuniones de mandatarios de una cantidad de organismos que acercan a los países hermanos. La Unión de Naciones Suramericanas y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños son iniciativas que requieren profundizarse y poner a prueba la necesidad de volver a crear mecanismos aduaneros, arancelarios, financieros, de planes logísticos y de infraestructura, de transportes, de telecomunicaciones, de integración comercial, energética, minera y de creación de empresas plurinacionales con fuerte participación de los Estados miembro.
Estados Unidos, pese a ser la gran potencia hegemónica, dio muestras de fatiga y de fuertes limitaciones para imponer sus proyectos. Un mundo plural es posible. Una globalización que reconozca la diversidad es posible. Una América latina que rescate sus raíces y sus proyectos, con sus avances y sus retrocesos, está en marcha desde hace más de una década.





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