Proselitismo light en la campaña del "todo pasa"

Con caminos diferentes para un mismo objetivo, Scioli y Macri delinean sus estrategias rumbo a las primarias. Ambos debieron enviar emisarios para calmar las inquietudes del empresariado. El nuevo perfil de Sergio Massa

Por: Fabián Doman

El cierre de listas fue hace tan solo una semana. Pero parece que fue hace un año. Ese es el ritmo y la intensidad de una campaña electoral que devora situaciones cada 24 horas. Todo pasa. Nada permanece. Un proselitismo light y diet, que permite que Vicky Xipolitakis se convierta en protagonista. 

Sin embargo las realidades, velocidades y contenidos de la campañas de cada candidato no son iguales. 

Independientemente del resultado final, desde la consagración de Carlos Zannini como candidato a vice de Daniel Scioli, tanto Cristina Kirchner, como el Frente para la Victoria (FpV) y el peronismo se mueven como si ya hubiesen ganado una elección que todavía no sucedió. Sobre la materia hay bibliotecas enteras escritas: abundan los casos de ganadores que nunca lo terminaron siendo –Luder– pero también de ganadores que lo terminaron siendo. 

En términos de la realidad política eso le otorga a las acciones de Scioli un significante diferente a las de Mauricio Macri. Mientras en el PRO todo apunta a la propia campaña electoral, los temas sobre los que discurren la vida de Scioli (y de Zannini) tienen que ver con la gobernabilidad. 

Consecuencia de que se trata de la fórmula del partido de gobierno pero también de que el mundo político, económico y financiero dio por sentado que el acuerdo entre Cristina y Scioli –que derivó en una única fórmula para el peronismo/FpV/kirchnerismo– constituyo un hecho en sí mismo, fundante de una nueva coalición política entre los dos firmantes y cuyo futuro resulta un océano de incertidumbres y dudas.

La sorpresa que causó es resultante de que nadie imaginaba que Scioli aceptaría a un vice tan K. Nadie creyó tampoco que Cristina apostaría a un hombre de su confianza para que el gobernador bonaerense gane, dejando de lado la hipótesis medular del kirchnerismo de que se construye poder en la pelea política y no en el acuerdo. De ahí la reacción nerviosa de los mercados y la preocupación de empresarios y banqueros. Cómo será la relación Cristina-Scioli, no en los próximos meses o partir de diciembre en caso de un triunfo, sino desde la semana que viene, es un interrogante que también impacta en el propio peronismo.

 Esta condición de ganador es lo que, justo es decir, Scioli siempre busco. Es una posición en la que el peronismo se siente cómodo. También, a esta altura hay que recordar que el ungido candidato siempre persiguió el acuerdo con Cristina para convertirse en el único postulante, pese a todas las recomendaciones de correrse del kirchnerismo que recibió en los últimos cuatro años. Las sugerencias iban desde dejar el espacio hasta promover una interna en la que Scioli resultaría triunfante frente a un delfín K. O sea, ganarle a Randazzo y que Cristina pague el costo de haber apostado a un candidato perdedor, lo que le dejaría al gobernador las manos libres para hacer lo que quisiera. 

La teoría del sciolismo paladar negro es que Cristina se adelantó a la jugada al ver ese cuadro, bajó a Randazzo, y puso a Zannini, estratega y creador de la postulación del ministro, en la formula con el ex motonauta para esconder detrás del acuerdo una derrota política. Como parte del convenio, el candidato acepta que las listas de legisladores sean manejadas y ocupadas por kirchneristas, a cambio de poder nombrar al gabinete a su antojo y gusto. Como se ve todas las decisiones de Cristina, Scioli y el peronismo tienen que ver con la gobernabilidad. Con el manejo del poder. Y no están influenciadas por la campaña electoral. Lo que el tiempo dirá si fueron un acierto. O un error. 

Porque las elecciones todavía no sucedieron. Y estamos en campaña. Y ahí aparecen las idas y vueltas en la flamante coalición gobernante. 

Por de pronto Scioli –para cerrar heridas en algunos sectores ultras del kirchnerismo y que por ahora se mantienen en reserva– decidió comenzar la primera semana de campaña con un discurso más K del habitual que hasta el mismo Scioli venía usando. La visita a 6-7-8 y la mención al futuro para definir a la Campora fueron parte de una estrategia que aparece más coyuntural que definitiva.

En la campaña oficial saben de esto y dicen que están buscando como enviar señales de un proselitismo más centrista, sin perder la identidad peronista ni la pertenencia K. "Es un coctel que hay que trabajar. Es verdad que hay que dar certezas al mundo económico que está preocupado, pero, por otro lado, también hay que contemplar que Scioli es el candidato del FpV y que Cristina tiene una imagen positiva del 50%. No podemos ni debemos corrernos de nuestro discurso de siempre. Y menos de Cristina. Lo que la campaña en realidad necesita es que Scioli sea el Scioli tradicional, el que lo puso donde esta", explican. Y agregan: "Cuidado, también que las lecturas sobre el discurso pueden ser para un sector muy chico. Esta semana las encuestas nos muestran que Daniel sigue subiendo, como consecuencia de haberse convertido en el único candidato del peronismo y que Macri se estancó y lo más importante para nosotros es que comenzamos a despegarnos en la provincia por muchos puntos". 

En el PRO mientras tanto apuntan a que el candidato oficialista mantenga el discurso de los últimos días y que la tensión en la convivencia entre el kirchnerismo y el sciolismo muestre la imagen de un peronismo que dirime sus fuertes internas poniendo en peligro la gobernabilidad. Su apuesta aún es a la segunda vuelta. El camino es largo y reconocen que buena parte de su suerte electoral dependerá también de los errores del campamento enemigo. El endurecimiento, también del discurso de Macri, con críticas al modelo "peronista" (sic), algo impensado hace meses en un candidato que aparecía como más centrista, apunta a polarizar no ya dos modelos políticos, sino directamente culturales y de país. 

También el macrismo enfrenta una especie de crisis con el mundo empresario. Han tenido que aclarar –en privado claro está–, que quieren ganar y que no es verdad que Jaime Duran Barba le haya confesado a Francisco de Narváez que era imposible derrotar a Cristina y el kirchnerismo. Que Santa Fe se perdió por 1700 votos, que en Mendoza se ganó, que Horacio Rodríguez Larreta "viene bien" en la Capital –dicen que ganará en segunda vuelta– y todavía es mayoritaria la cantidad de argentinos que quieren un cambio. 

Un párrafo final para Sergio Massa. Con un perfil público mucho más medido –esta semana apareció menos de lo habitual en televisión, por caso– y dedicado de lleno a la campaña, aparecieron voces de alertas en el kirchnerismo/sciolismo acerca de la performance del Frente Renovador en la provincia de Buenos Aires. "Lo poco o mucho que Massa saque en la provincia a esta altura son básicamente votos peronistas", fue la advertencia que dos encuestadores llevaron al campamento oficial.

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