Para calmarlo, el entorno le asegura que las encuestas no reflejan el "voto invisible" de los sectores marginales no relevados. También, que sumará puntos gracias al "voto vergonzante". Para dar pelea, aumenta recorridos y propaganda.
El comando de campaña de la Quinta de Olivos organiza varias apariciones del santacruceño (ahora bonaerense) en esos distritos, de los más populosos del país. Antes de cerrar su campaña en el Mercado Central, el jueves, en La Matanza –y si la fiebre que lo atacó durante el fin de semana cede– Kirchner visitará hoy las localidades de Avellaneda y San Miguel y seguirá después con San Martín, Malvinas Argentinas y de José C. Paz. Esos son algunos de los territorios blindados en los que el kirchnerismo mantiene aceitada una fuerte estructura electoral, vital para movilizar punteros y fiscales el domingo próximo.
Los números que arriman los encuestadores de la corona coinciden en que la proyección de los indecisos favorece a De Narváez y le dan la espalda al Acuerdo Cívico y Social, de Margarita Stolbizer y Raúl Alfonsín. Por momentos, el escenario que bosquejan los números se acerca peligrosamente al límite rojo que Kirchner fijó en cuatro puntos de diferencia sobre el empresario colombiano. Por lo pronto, el ex presidente parece haber entendido por fin que debe dejar de pegarle a De Narváez y concentrar sus esfuerzos para poner nuevamente en escena a Elisa Carrió y Stolbizer. Ordenó multiplicar los avisos publicitarios de la campaña, sobre todo en tevé, y agregar pautas de todos los organismos públicos que, en muchos casos, se confunde con propaganda proselitista.
Pese a todo, los incondicionales de la residencia de Olivos aún auguran un triunfo. Afirman que existen entre 3 y 4 puntos de votos que el oficialismo tiene garantizados ahí donde los encuestadores no logran ni se proponen penetrar, porque se limitan a entrevistas teléfonicas.
El peronismo alineado con el matrimonio presidencial confía en que los sectores más humildes, que se apiñan en las zonas inhóspitas del conurbano, le darán un respaldo abrumador. En el búnker del Frente para la Victoria Justicialista computan además otra variante de sufragios que en las encuestas no se deja ver: una especie de "voto vergonzante" que no anuncia su voluntad de respaldar al gobierno nacional, pero que finalmente optará por darle nuevamente su apoyo. Los operadores del ex presidente comparan el escenario con el de 1995, cuando eran pocos los que defendían públicamente la decisión de acompañar la reelección de Carlos Menem. "Nadie lo iba a votar pero ganó por 15 puntos", recuerdan.
Lo que es seguro es que el titular del PJ intentará capitalizar las versiones –difundidas por sus propios operadores– que aseguran que buena parte de los dirigentes de Unión PRO ya se preparan para volver a militar junto al gobierno nacional.
De acuerdo con el análisis que hacen los dirigentes que están cerca de Kirchner, el escenario electoral varió en las últimas semanas porque los votos que iban al ex subcomisario Luis Patti irán a parar mayoritariamente a De Narváez (el postulante más afín al ex policía en cuanto a propuestas, según destacan) y porque el ex intendente de Morón y candidato por el Nuevo Encuentro, Martín Sabbatella, se está que dando con un porcentaje de tres o cuatro puntos que, hoy por hoy, son oro en polvo.
Por eso, desde el oficialismo, le piden a medios y periodistas "amigos" que borren de la campaña a Sabbatella en el tramo final. En cuanto a Patti, en el búnker pingüino ahora hay quejas contra los sectores del oficialismo que fogonearon el fallo de la Cámara Nacional Electoral que esta semana inhabilitó al ex policía para presentarse como candidato. "Le hicieron un favor al Colorado" argumentan quienes reprueban esa movida de campaña.
El santacruceño no va a decirlo en público pero lo enfurece la posibilidad de perder las elecciones legislativas frente a De Narváez, un empresario por el que no guarda ningún tipo de respeto. "Si fuera una derecha lúcida, inteligente, audaz, todavía. Pero estos muchachos son gerentes, puro packaging", le dijo ayer a Crítica de la Argentina un funcionario nacional que suele traducir el pensamiento del ex presidente. Por todo eso, ahora Néstor está nervioso.








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