El presagio de Pichetto

Por Lucrecia Bullrich

"El problema es que los ex presidentes nunca se retiran". La frase, que calzaría perfecto en el discurso de casi cualquier opositor contemporáneo, salió de la boca de Miguel Pichetto, kirchnerista fiel si los hay. No sólo sorprendió. También se convirtió en una síntesis perfecta del agitado devenir político de la semana política que termina hoy.

Si un ex presidente dejó claro que su protagonismo no está en retirada, aun cuando en cuatro meses cumplirá 80 años, fue Carlos Menem. Ya el martes a última hora se sabía que la única firma que faltaba en la célebre pero todavía secreta acta de la oposición con las 37 adhesiones para quedarse con el control de las comisiones en el Senado era la suya. El seguía en La Rioja.

"Vamos a bajar al recinto en tiempo y forma", aseguraban con cierto aire de orgullo los voceros del kirchnerismo parlamentario durante la febril mañana del miércoles. Pocos creían las promesas de puntualidad. Más de seis años de libertad casi irrestricta y chicanas reglamentarias en el Congreso avalaban la desconfianza.

Sorpresa. Las sorpresas, que el propio Pichetto había anticipado al pasar al principio de la semana, empezaron temprano el miércoles. Todo parecía cerrado. Sin acuerdo y acorralado por la mayoría que decía tener la oposición, el Frente para la Victoria aparentaba estar dispuesto a aceptar que esta vez no había salida, a ceder el control del que había gozado desde 2003. Cuando, poco después de las 15 Pichetto y su tropa bajaron prolijamente al recinto, muchos pensaron, no sin asombro, que por fin el kirchnerismo había elegido hacerse cargo del revés y buscaba convertir la desgracia en un trámite rápido y lo más indoloro posible.

Menem seguía en La Rioja. Pero a nadie le importaba demasiado. Aun con el ex jefe del Estado a cientos de kilómetros de su banca, la coalición opositora tenía un voto más que el oficialismo: era suficiente para alzarse con la mayoría en las comisiones.

Dos horas más tarde, el faltazo del ex presidente se volvió determinante: la oposición se quedó sin quórum propio y, cuando arrancaba la discusión por las comisiones, el oficialismo abandonó el recinto. Menem dejó de ser "un" senador menos para convertirse en "el" senador menos, en la llave para que el kirchnerismo evitara, en principio por una semana, chocar de frente con el fracaso.

El más buscado. Menem no sólo demostró que está a años luz del retiro. Menos de 24 horas después de la frustrada avanzada opositora en el Senado, cuando ya se había convertido en el hombre más buscado del país, dejó claro que su cintura política está intacta. "No he participado en ninguna de las negociaciones por cargos, comisiones y designación de autoridades de la Cámara", sentenció en un comunicado. Escueto y sin dar nombres, se despegó al mismo tiempo de oficialistas y opositores. Toda una muestra de la habilidad que tantas otras veces desplegó en el pasado.

También Eduardo Duhalde volvió a mostrarse en el epicentro de la política activa. No sólo ratificó que es uno de los ex mandatarios que, lejos de dedicarse a escribir sus memorias, pretende volver a sentarse en el Sillón de Rivadavia en 2011. Además, hizo gala de su estirpe peronista. "Confiaron en quien no tenían que confiar. Estamos hablando del mismo gobierno que el año pasado engañó a los partidos minoritarios para que votaran la reforma electoral", les enrostró a los senadores opositores que "le creyeron" a Pichetto. Tal vez porque conoce como pocos a Kirchner y sus métodos, el ardid parlamentario no lo sorprendió ni un poco.

Firme. Que Néstor Kirchner puede pensar en casi cualquier destino menos en el de la jubilación política no es novedad. Su veloz regreso a las pistas el miércoles en La Plata, después de la operación de carótida que lo sorprendió un domingo a la tarde hace menos de un mes, lo confirmó (una vez más). Pocas horas antes del acto había levantado el teléfono desde Olivos para ordenar el certero y letal retiro del Senado. Estaba definitivamente de vuelta. "Estoy acá para dar todas las batallas que vienen", dijo de cara a la tribuna como para que no quedaran dudas.

La que pasó fue una semana de sorpresas y pronósticos incumplidos. Fue también una semana en la que tres ex inquilinos de la Casa Rosada monopolizaron la escena. Ya lo dijo Pichetto: los ex presidentes no se retiran. Habrá que decidir si eso es o no un problema.

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