Por Romina Calderaro. Para no sufrir operaciones, se rodea de 'los que manejaron el país'. Entre ellos, Alberto Kohan.
El rabino tiene razón: hace unos días se lanzó como candidato a gobernar la ciudad de Buenos Aires por el partido Movimiento de los Ciudadanos y en su acto de consagración lo acompañaron Mauricio Macri y casi todo su gabinete, el polémico diputado nacional Alfredo Olmedo (denunciado por tener en Salta trabajadores en condición de esclavitud, y tenaz opositor a la ley de matrimonio igualitario) y, como frutilla del postre, Alberto Kohan, ex secretario general de la presidencia de Carlos Menem, quien desde hace años asesora a Bergman en materia política. Con ese entorno, ubicar al rabino en la izquierda es, por lo menos, un enorme desafío intelectual. ¿Con qué discurso, desde qué lugar va a interpelar a los porteños para pedirles el voto?
Sus caballitos de batalla siguen siendo la defensa republicana de la división de poderes -que, según él, es vulnerada sistemáticamente por el gobierno nacional-, la denuncia sobre la corrupción del sistema político, el llamado a movilizarse a una sociedad a la que considera "anestesiada". En principio, las puntuaciones sobre lo que se debe mejorar son atendibles y el intento personal de Bergman de poner el cuerpo y competir electoralmente, respetable.
Los problemas de consistencia entre lo que dice y lo que hace surgen cuando el rabino critica en términos durísimos a la presidenta Cristina Fernández de Kirchner y se abraza con Mauricio Macri. O cuando dice que trabaja junto a Kohan porque "la política nueva empieza por aceptar que tenemos hablar con todos los que estuvieron manejando la Argentina para no ser operados por ellos desde afuera" o cuando asegura que en este gobierno hay más corrupción que en el menemismo.
Una cosa es hablar con alguien, otra muy distinta invitarlo a tu cumpleaños o al lanzamiento de tu candidatura. Bergman dice que es de izquierda, pero hace muchos años que los argentinos aprendimos la dura lección de juzgar a los políticos más por lo que hacen que por lo que declaman.
De todos modos, al rabino le hubiera gustado que en su presentación hubiese habido gente de otros partidos más allá del PRO. De hecho, cursó invitaciones a muchos "progres" que brillaron por su ausencia. Por caso, Graciela Ocaña decidió no ser de la partida. Hay fotos en las que conviene no aparecer.
El tiempo dirá si Bergman logra crecer en política o si su estrella terminará apagándose como la de Juan Carlos Blumberg, a quien el rabino acompañó fuertemente cuando las marchas por la inseguridad en la Argentina convocaban multitudes.






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