El justicialismo, la UCR y el MPF enfrentan conflictivos procesos internos que, con matices, tienen características comunes. Y que pueden influir en los comicios de junio. A eso se le suma la crisis de representatividad que atraviesa a toda la clase política argentina. Mientras tanto, los partidos las fuerzas más chicas siguen de cerca la evolución de esta coyuntura, atentos a sacar réditos que se traduzcan en votos.
Un panorama impensado para varios dirigentes que hasta hace algunos meses prodigaban optimismo a los cuatro vientos, sin otro argumento convincente que una confianza ciega en las posibilidades propias y una apuesta fuerte a que la gestión de Fabiana Ríos no iba a poder enderezar el rumbo económico, y tampoco dar respuestas a las distintas demandas de la sociedad.
Hoy, con los comicios generales a la vuelta de la esquina, esos mismos referentes siguen haciendo gala públicamente del optimismo de rigor. Pero, paralelamente, son concientes de que las consecuencias de esos procesos internos jalonados por las desavenencias se podrán medir recién cuando se realice el recuento de los votos.
Hasta tanto, el PJ, la UCR y el MPF deberán en primera instancia definir cuáles serán los hombres y mujeres que los representarán en el intento de acceder al gobierno, pero sin que la resolución del proceso interno garantice armonía y respaldo al candidato que triunfe.
La crisis de representatividad por la que atraviesan los partidos políticos en la Argentina no es nueva.
Cada uno por su lado y analizando la situación de sus propias fuerzas, el presidente del MPF, Carlos Sánchez Posleman, y el ex ministro coccarista y precandidato a gobernador por el PJ, Enrique Vallejos, coincidieron cuando afirmaron que en la provincia esa crisis de representatividad es la que provoca que el electorado vote personas y no proyectos partidarios. Y para muchos, el triunfo de Fabiana Ríos en 2011 responde a esa lógica.
Sin bien aseverar que el PJ, el radicalismo y el mopofismo están condenados al fracaso si no revierten la negatividad de sus internas es cuanto menos arriesgado, el análisis de sus realidades permite tener una idea de los obstáculos que deberán sortear si aspiran a desbancar a Ríos.
Peronismo dividido
Hay quienes consideran que el acuerdo de cúpulas que en 2007 dio como resultado la conformación de la fórmula Cóccaro-Bertone -y privó al peronismo de internas-, fue el punto de partida de la crisis actual. Y la convicción sobre la causa fue después reforzada por la dura derrota de la dupla a manos del contendiente menos valorado por aquél entonces: el ARI.
No caben dudas de que aquella alianza que no incluyó a vastos sectores del peronismo y coartó las intenciones de importantes de pelear las candidaturas, fue decisiva en la derrota del peronismo ya que hubo una dispersión del voto propio a partir del descontento.
Desde entonces la dirigencia del PJ en su conjunto no supo cómo revertir el progresivo resquebrajamiento de la cohesión. Y en ese contexto, el golpe de gracia lo dio la interminable discusión sobre la amnistía para militantes y referentes que oportunamente se fueron del partido en repudio a los manejos dirigenciales.
El saldo de este último conflicto fue una profundización de la escisión, al punto que el ex senador Mario Daniele ya anunció que irá por la Gobernación por afuera del partido y el mismo camino seguirá la diputada nacional Rosana Bertone. Ambos estiman que no están dadas las condiciones que garanticen su participación en la interna en las mismas condiciones que el resto de los precandidatos.
En la vereda de enfrente los precandidatos a gobernador Rubén Sciutto y Adrián "Milin" Fernández hicieron fuertes cuestionamientos a estas posturas, considerándolas desde "miedo a someterse a una interna" hasta una "canallada".
Como telón de fondo está la pelea entre "renovadores" e "históricos", una diferenciación difusa teniendo en cuenta trayectorias y antiguas alianzas y posicionamientos, adjudicándose cada parte la representatividad del PJ en detrimento de la supuesta representatividad de los otros, e incluso desconociendo la existencia de una autoridad partidaria elegida por los afiliados.
"El justicialismo, como otros partidos, está totalmente fragmentado y no tiene ninguna chance", sentenció el ex diputado nacional y actual legislador Ricardo Wilder, uno de los que reclamaba amnistía y no se la dieron. Un pronóstico que varios temen que se convierta en realidad.
Por su parte, el diputado Sciutto realizó una particular lectura: "Las divisiones de los otros partidos nos favorecen". Exceso de optimismo o expresión de deseos, los dichos del precandidato a gobernador parecen querer minimizar la división partidaria.
Pero la misma se profundiza y el panorama no es nada halagüeño, a menos que luego de la interna todos los sectores se encolumnen sin condicionamientos tras los electos. Salvo Bertone y Daniele, que si confirman en los hechos sus amenazas, deberán cargar sobre sus espaldas con una parte importante de la responsabilidad de una posible derrota peronista. Pero con el peronismo nunca se sabe.
La sorpresa radical
El conflicto estaba latente y era cuestión de tiempo para que estallara. Las negociaciones que lleva adelante el martinismo para lograr una alianza electoral con el sector del MPF que responde a Jorge Garramuño fueron el caldo de cultivo de un marcado rechazo a esa iniciativa de parte de sectores de la oposición partidaria. Y el martes pasado, día de cierre de las listas de precandidatos para la interna que definirá los candidatos a cargos electivos, las diferencias hicieron eclosión.
Pocos entienden dentro y fuera del radicalismo, sobre todo dentro, cómo el partido pasó de tener un candidato natural a la Gobernación y chances ciertas de triunfo a este presente cargado de una conflictividad propia de otras fuerzas, y no de un espacio en franca recuperación luego de superados los aciagos tiempos de la intervención tras la diáspora colacista.
Fue el año pasado cuando afiliados, dirigentes provinciales y las principales autoridades partidarias a nivel nacional aclamaron a Jorge Martín como "el hombre" para el Ejecutivo provincial, en el marco de la apertura de los foros partidarios que iban a delinear las propuestas programáticas a nivel provincial y municipal para los comicios de 2011.
El radicalismo pasaba quizás por su mejor momento, con Martín como máximo referente, con Federico Sciurano indiscutido para ir por la reelección como intendente de Ushuaia, con cuatro o cinco posibles precandidatos a la Intendencia de Río Grande como Gustavo Melella, Ariel Pagella y el entonces opositor al martinismo Juan "Pipo" Rodríguez, y con la concejala de Ushuaia Adriana Chapperón, de origen extra partidario, como una potencial candidata a legisladora a partir de su experiencia y desempeño parlamentario en el Concejo Deliberante capitalino .
El intendente de Río Grande fue cauto ese día; evitó pronunciarse y dar el sí, quizás pensando ya en un acercamiento a Garramuño. Pero lo cierto es que nada daba a pensar en la posibilidad de que se reflotara la alianza que ya había fracasado estrepitosamente en 2007.
Pero con el correr de los meses se hicieron públicos los primeros contactos entre el martinismo y el garramuñismo.
La historia decantó en el polémico cierre de listas que lo tiene a Martín por fuera de la compulsa interna pero como referente ineludible, con "Pipo" Rodríguez como un impensado aliado del martinismo encabezando la lista para la Legislatura por el sector del intendente, y con el radicalismo ushuaiense trinando contra la dirigencia riograndense y acusándola de manejar el partido como "un club de amigos".
Sciurano prácticamente rompió lanzas con el martinismo y consensuó con Chapperón que la edila no sea precandidata para no hacerle el juego al oficialismo. Además, renovó su total oposición al acuerdo con Garramuño, que es uno de sus más fieles detractores, cuestionando al martinismo por avanzar en las negociaciones sin el aval mayoritario del partido. En el cruce de reproches a Sciurano lo acusaron de querer privilegiar "caprichos personales" a la "voluntad frentista" del partido.
Lo único seguro es que si en la interna vence la fórmula oficialista Pagella-Rossi, el presidente del partido avanzará en el acuerdo con el MPF y se bajará como candidato a gobernador para secundar en la fórmula a Garramuño.
Ante ello, los opositores al acuerdo con el MPF, entre ellos Sciurano, se lamentan de que el partido no tenga -con el paso al costado de Martín y el anticipado "renunciamiento" de Pagella- un candidato propio a gobernador. Y si como afirma el martinismo se deben privilegiar los proyectos por sobre los nombres, no se explican por qué el radicalismo debe ser "furgón de cola" de una fuerza cuyas últimas performances electorales fueron para el olvido.
En todo caso, queda la sensación de que el que saldrá fortalecido de las elecciones, sea cual sea el resultado, es Sciurano.
Si gana en Ushuaia y el radicalismo pierde la Provincia, quedará claro que la estrategia del oficialismo radical habrá sido errada. Y si pierde la Intendencia y la alianza obtiene la Gobernación, podrá argumentar que no contó con el respaldo del partido.
Más allá de las especulaciones, el radicalismo mostró flaquezas inesperadas cuando se le pidió por aclamación a Martín que sea candidato.
Un paso atrás
Sumido en el letargo que provocan los traspiés electorales y sin dar signos de que la recuperación pudiera ser a corto plazo, el MPF recobró fuerzas de la mano de Garramuño y su intención de pelear nuevamente la Gobernación. Pero con los nuevos bríos resurgieron las viejas diferencias y poco a poco comenzaron a aparecer los detractores del acuerdo con el radicalismo, los que consideran que Garramuño y MPF no son sinónimos y también que el ex intendente capitalino no es el candidato natural del partido.
Ante ello, Garramuño había afirmado que su sector buscaría los consensos necesarios para avanzar en el acuerdo con la UCR. Y advirtió que estaba dispuesto a bajar su candidatura o bien a ir por la Intendencia de Ushuaia si no era respaldado por la estructura mopofista.
Y cuando ya había saltado la polémica en el radicalismo y el acuerdo con el martinismo marchaba viento en popa, el presidente del MPF, Carlos Sánchez Poslemam, pateó el tablero y denunció públicamente que como máxima autoridad partidaria nunca fue informado sobre las negociaciones con el oficialismo radical, ni tampoco lo fue ningún órgano de conducción de la fuerza. Luego fue más allá y estimó que la fórmula Garramuño-Pagella era "atractiva" pero iba "rumbo al fracaso" por las formas en que se manejó su conformación.
No tardó Garramuño en fustigar las declaraciones del jefe partidario, quien anunció que daría un paso al costado al considerar que fracasó en su función de conducir los destinos partidarios.
El cimbronazo se hizo sentir en el momento más inoportuno, ya que el MPF no se puede dar el gusto de despilfarrar sus fuerzas en rencillas internas. Bastante terreno ganó al lograr el primer lugar de la fórmula en un potencial acuerdo con el radicalismo, como para perder protagonismo por culpa de las peleas sectoriales.
Pero además, cuatro años después, aún está fresco en la sociedad el recuerdo del affaire Wolaniuk (funcionario municipal garramuñista implicado, juzgado y condenado por un caso de corrupción), la influencia decisivamente negativa del mismo en 2007, y el poco feliz desenlace de la primera alianza.
Como se puede apreciar, los "grandes" de la política provincial enfrentan el desafío de revertir sus crisis y fortalecerse en la faz interna. De otra manera llegarán debilitados al máximo desafío electoral.
Mientras tanto, expectantes, los partidos más chicos siguen con atención la evolucionan de la situación, atentos a aprovechar cada oportunidad que tengan de acercar al ruedo propio voluntades que por ahora les son ajenas.







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